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Irredentismo boliviano

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Mapa con las supuestas pérdidas territoriales de Bolivia incluyendo las del litoral, que son las más polémicas hoy en día.

El irredentismo boliviano (o el concepto de pérdidas territoriales bolivianas) refiere a la idea en varios círculos sociales y políticos de Bolivia de que Bolivia ha perdido la soberanía sobre territorios que fueron parte del tanto de la Provincia de Charcas (territorio ultramarino integrante del Imperio español sobre el cual se formó territorialmente Bolivia) como de la Real Audiencia de Charcas. Dichas perdidas se habrían dado con Brasil, Paraguay, Argentina, Chile y Perú siendo que muchas de estas pérdidas se superponen con pretensiones similares de estos países. Esta es una visión ampliamente respaldada por los diferentes gobiernos bolivianos aunque no exclusiva del Estado al poseer cierta base popular [1]. Según esta retórica Bolivia habría pasado de tener 2 363 769 millones km² a tan sólo 1 098 581 km²,[2] aún cuando estos territorios parecen haber sobrepasado las posibilidades reales del Estado boliviano de ocuparlos.

En Sudamérica, a partir de la década de los años 70 y 80, varios investigadores sociales argentinos empezaron a cuestionar la historia oficial sobre las pérdidas territoriales en su propio país cuestionando lo que se conoce ahora como el Irredentismo argentino. Historiadores como Luis Alberto Romero empezaron a referirse a este discurso como un "mito territorial".[3] Este concepto tendría gran repercusión y pronto otros académicos se sumarían a la idea como  Carlos Escudé que estudia el problema del irredentismo según la perspectiva de las identidades nacionales [4]

Ya en Bolivia, es difícil de saber cuando llegó este tipo de revisionismo de la historia territorial boliviana. Una figura influyente sería el politólogo Jorge Abastoflor Rey. Según la perspectiva de Abastoflor, muchas de las pérdidas territoriales bolivianas son engañosas o nunca ocurrieron como las ideas de que Bolivia, en su nacimiento, llegaba a unos 600 km al norte de Cobija, o que las fronteras con el Paraguay llegaban directamente hasta Asunción.[5] Sin embargo, Abastoflor no brinda una explicación concisa de por qué se fomenta este tipo de visiones en la sociedad boliviana, simplemente refiriéndose a estos hechos como un problema que impide la formación de una "identidad nacional fuerte".

Por su lado, el historiador Gabriel M. Soto Villegas tiene una visión diametralmente opuesta. Inspirado por las ideas de Escudé, para él, los irredentismos Sudamericanos siguen la tendencia argentina de constituirse en "mitos territoriales" más que en una realidad objetiva pues muchas de tales pérdidas tienen poco asidero o se superponen con otros "mitos territoriales" de países vecinos. La idea general es que todos estos irredentismos se dieron tanto en Bolivia como en Sudamérica como parte de la formación de las identidades nacionales a través del victimismo. Esta narrativa no solamente es promovida por el Estado, sino también por las clases populares.[6] En todo caso, para Soto Villegas, puede haber irredentismos que son más fuertes que otros [7].

Fundación de la República de Bolivia

Según la historiografía oficial, Bolivia nació sobre la base geográfica de la Provincia de Charcas y sobre el fundamento jurídico de las disposiciones reales y coloniales hasta el año 1810. Según su propia definición del uti possidetis iuris Bolivia habría nacido con 2 363 769 km²,[8] extensión que incluso abarcaba territorios en los que el mismo Imperio español había puesto un pie. Esta interpretación no siempre concuerda con el resto de las Repúblicas sudamericanas tenían su propia interpretación del uti possidetis iuris lo que, en la mayoría de los casos, terminaba en conflictos diplomáticos o en guerra abierta por el control de esos territorios.

Contiendas territoriales

Con Argentina

Mapa de las "pérdidas" territoriales argentinas. Nótese como se superpone con las pretendidas pérdidas bolivianas incluyendo a parte del chaco y la puna de atacama.

El irredentismo boliviano hacia Argentina se centra en la pérdida de vastos territorios a través de tratados internacionales considerados injustos, principalmente las regiones del Chaco argentino y la Puna de Atacama. A pesar de que Bolivia consiguió consolidar la anexión de la estratégica región de Tarija tras la guerra de 1837-1839 (un hecho a menudo omitido en la narrativa escolar boliviana), la pérdida de la Puna de Atacama sigue siendo la bandera que se enarbola y se enseña como una grave cesión territorial.

Este sentimiento de pérdida boliviana se encuentra con una fuerte contranarrativa argentina. Algunos sectores de la historiografía argentina sostienen que su país también sufrió "fracturas" territoriales. La versión más directa y radical de esta postura es la que clama que Tarija fue usurpada por Bolivia,[9] argumentando que la zona, aunque pobremente delimitada entonces, envió representantes al Congreso Constituyente de Buenos Aires. Una visión más extrema considera que, como heredera del Virreinato de La Plata, toda Bolivia debería haber formado parte del territorio argentino.[10][11] Este conflicto de narrativas es una disputa por la legitimidad histórica de las posesiones territoriales.

Con Brasil

El irredentismo boliviano con respecto a Brasil se centra principalmente en la percepción de pérdida territorial en dos regiones fronterizas que históricamente estuvieron en disputa. La narrativa oficial boliviana postula la cesión del vasto territorio del Acre (355 242 km²) y, en menor medida, la pérdida de la región del Mato Grosso en el este.

La disputa por el Acre fue especialmente significativa, ya que la extensa zona se encontraba en gran medida en un territorio no completamente delimitado ni colonizado, con reclamaciones históricas superpuestas entre Bolivia, Brasil, y Perú. Aunque Bolivia perdió la mayor parte del Acre a favor de Brasil, es un hecho históricamente relevante que las fronteras se definieron a través de cesiones mutuas en áreas consideradas ambiguas (de hecho, se consideraba que el territorio del Acre comenzaba en el río Beni en la actual Bolivia, de modo que el actual departamento boliviano de Beni era, de hecho, parte del Acre en disputa.[12] En todo caso, la relación territorial boliviano-brasileña no fue enteramente una historia de pérdida: la historiografía raramente menciona que Brasil cedió a Bolivia un territorio conocido como el "triángulo de Abuna",[13] ubicado precisamente en las zonas del Acre ya mencionadas. Este hecho subraya que la definición de las fronteras con Brasil se dio a través de la resolución de territorios en disputa y no únicamente mediante la anexión de zonas claramente bolivianas. La transferencia, sin embargo, no estuvo libre de polémica del lado brasileño. En la edición de 1904 del periódico Correio da Manhã hay un extenso artículo de Ruy Barbosa sobre la adquisición de Acre y la cesión del triángulo a Bolivia que dice:

(...) a proposta de 22 de julho [de 1904], na qual, juntamente com a indenização pecuniária e a ferroria, lhes oferecíamos o Triângulo do Abunã com o Madeira e um encravamento de dois hectares à margem direita desse rio (...)[14]

Es decir, las mediciones realizadas siguiendo la Línea Cunha Gomes revelan que el área es el doble del tamaño de los 2.295 km² que se afirman, o sea que Bolivia en realidad, se aprovecho de un error de los brasileños y en realidad recibió, luego del tratado de Petrópolis, 5.780 km² de dicho territorio acreano.[15]

Con Chile

El irredentismo boliviano se centra históricamente en la recuperación del acceso soberano al Océano Pacífico, perdido ante Chile tras la Guerra del Pacífico (1879-1884), una demanda que sigue siendo un pilar de la política exterior boliviana. Frente a este reclamo, en Chile existe una contranarrativa defensiva, sostenida por ciertos sectores que defienden la integridad territorial y a veces llegan a plantear formas propias de irredentismo, postulando que Chile era históricamente más extenso y que podría haber reclamado la Patagonia occidental e incluso una punta de territorio al sur de Potosí, Bolivia.[16] Un elemento clave de esta contranarrativa es la negación por parte de algunos grupos de que Bolivia, en sus orígenes coloniales como la Audiencia de Charcas, tuviera un acceso al mar de iure consolidado y soberano, argumentando ambigüedad o pertenencia a la Capitanía General de Chile[17]. Visión que de hecho fue desmentida por el historiador José Miguel Barros.[18] En todo caso, este choque de visiones convierte la disputa marítima en una profunda guerra de legitimidad histórica sobre los límites coloniales.

Con Paraguay

El Paraguay también tenía pretensiones territoriales que llegaban hasta el río Parapití, en la actual Bolivia

El persistente irredentismo en Sudamérica se manifiesta de forma aguda en el diferendo territorial del Chaco, un conflicto central en la narrativa histórica de Bolivia y Paraguay. Por un lado, el sentimiento boliviano clamaba la pérdida de vastos territorios del Chaco Boreal ante Paraguay y Argentina (alrededor de 235.000 km².)[19]

Por otro lado, la visión paraguaya es igualmente irredentista; a pesar de ser la nación victoriosa[20] en la Guerra del Chaco (1932-1935), sostenía que su territorio debería haberse extendido mucho más al norte,[21] hasta el río Parapití[22] en la actual Bolivia (es decir, ambas reclamaciones se superponen). Es fundamental para entender el análisis del irredentismo boliviano que, si bien la nación sufrió un revés militar masivo, el conflicto terminó con una delimitación donde Bolivia consiguió asegurar y extender su soberanía sobre una porción estratégica del territorio en disputa. Este acuerdo final, que resolvió la disputa en su favor en esa zona, permitió a Bolivia consolidar su presencia territorial y asegurar accesos vitales en la región chaqueña, un factor crucial al evaluar las consecuencias de la guerra.

Con Perú

Las zonas del Acre y Purús, lugarares en contienda entre ambos países.
Las pretensiones territoriales peruanas coincidían, en muchos casos, con las pretensiones territoriales de Bolivia. Nótese como el Perú reivindicaba como suyas partes del actual norte boliviano.

Bolivia, Según la historiografía oficial, habría perdido ante el Perú y el Brasil, las regiones colindantes del Purús y el Acre En cambio, según un mapa de Pons Muzzo[23], las pretensiones bolivianas llegaban hasta el río Urubamba, del actual departamento de Cuzco en el Perú. Por su lado, y según la propia interpretación peruana del uti possidetis iuris, el Perú reclamaba un área que comprendida entre el río Suches en el actual departamento boliviano de La Paz y se extendían por la amazonía hasta llegar a la unión del río Madeira y al río Beni. En otras palabras, ambos países se acusan mutuamente de haberse extendido en territorios que proclamaban eran suyos: Bolivia de haber perdido el Purús ante el Perú y parte del Acre ante el Brasil y el Perú de haber perdido el Acre ante Bolivia y el Brasil. El resultado de estas visiones superpuestas y contrastantes sería que mientras que Bolivia clama que perdió aproximadamente 250 000 km² ante el Perú,[24] al mismo tiempo, y de manera contradictoria, el Perú considera que perdió una extensión de 91 726 km²[25] con el Tratado Polo-Bustamante entre el Péru y Bolivia. El Perú clama que perdió entre todos su vecinos aproximadamente 846 488 km² de territorio.[22][11]

Véase también

Referencias

Bibliografía

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