Jornada Mundial de la Juventud 1989
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La IV Jornada Mundial de la Juventud tuvo lugar del 15 al 20 de agosto de 1989 en Santiago de Compostela (España), con la presencia del papa Juan Pablo II los días 19 y 20 de agosto para los actos centrales. El lema fue «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Fue la segunda JMJ celebrada fuera de Italia y la primera realizada en verano, rompiendo con la tradición de las dos ediciones internacionales anteriores vinculadas al Domingo de Ramos.[1] Fue asimismo la primera vez que la Jornada se celebraba dentro de la Unión Europea.[2]
| Jornada Mundial de la Juventud 1989 | |||||
|---|---|---|---|---|---|
| Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6) | |||||
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Juan Pablo II a su llegada a España | |||||
| Localización | |||||
| País | España | ||||
| Localidad | Santiago de Compostela | ||||
| Lugar |
Santiago de Compostela, | ||||
| Coordenadas | 42°53′20″N 8°29′35″O | ||||
| Datos generales | |||||
| Tipo | edición de evento religioso recurrente | ||||
| Asistencia | ~400 000–600 000 | ||||
| Participantes | 500 000 | ||||
| Histórico | |||||
| Fecha | 1989 | ||||
| Cronología | |||||
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El acontecimiento reunió en la ciudad del Apóstol a más de cuatrocientos mil jóvenes procedentes de todo el mundo, desbordando todas las previsiones de los organizadores.[3] La elección de Santiago de Compostela como sede otorgó a la Jornada una dimensión peregrina sin precedentes: miles de jóvenes recorrieron a pie las rutas del Camino de Santiago antes de llegar a la ciudad, y el propio papa realizó en procesión los últimos centenares de metros hasta la Catedral, ataviado con esclavina y bordón de peregrino. Su imagen dio la vuelta al mundo.[3]
La JMJ de 1989 es considerada por estudiosos e instituciones jacobeas como uno de los hitos decisivos en la recuperación moderna del Camino de Santiago, y sentó las bases normativas e infraestructurales del sistema de peregrinación contemporáneo.[4] Tres meses antes de la caída del muro de Berlín, el encuentro fue percibido como una señal de esperanza para la juventud europea en el umbral del fin de la Guerra Fría.[5]
Antecedentes
Las Jornadas Mundiales de la Juventud
La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) fue instituida por Juan Pablo II en 1984, cuando convocó en la Plaza de San Pedro de Roma un «Jubileo Internacional de la Juventud» que congregó a cientos de miles de jóvenes. Ante el éxito de aquella convocatoria, el papa decidió establecer encuentros regulares a escala mundial. La primera JMJ internacional tuvo lugar en Buenos Aires en 1987, celebrada en el contexto del Domingo de Ramos.[2]
La elección de Santiago de Compostela para la IV edición representó un giro significativo: por primera vez la Jornada se desarrollaba en verano y no en torno al Domingo de Ramos, lo que permitía movilizar a millones de jóvenes por el Camino en los días previos al encuentro con el papa. El arzobispo de Santiago, Antonio María Rouco Varela, fue el anfitrión eclesiástico principal; el coordinador general de la organización fue Salvador Domato Búa, que repetiría en ese papel en la visita de Benedicto XVI a Santiago en 2010, y el coordinador de los Voluntarios de Animación y Servicio (VAS) fue Víctor Cortizo.[6]
Santiago de Compostela como sede
La elección de Santiago de Compostela no fue casual. Juan Pablo II había visitado la ciudad por primera vez el 9 de noviembre de 1982, durante su primer viaje apostólico a España, siendo el primer papa en ejercicio que peregrinaba a Compostela.[7] En aquel viaje, el papa pronunció desde la Catedral su célebre «discurso europeo», lanzando desde Santiago su llamamiento a Europa: «Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces».[8]
Para la JMJ de 1989, el simbolismo de Compostela como meta de peregrinación medieval y como símbolo de la identidad cristiana europea resultaba doblemente pertinente: el Camino de Santiago era, en palabras del papa, «una densa red de itinerarios para los peregrinos» que «fue durante siglos un camino de conversión y de extraordinario testimonio de la fe».[9]
Contexto histórico: el Camino de Santiago en 1989
A finales de los años 1980, el Camino de Santiago vivía el inicio de su recuperación moderna después de décadas de declive. El párroco de O Cebreiro, Elías Valiña Sampedro, había iniciado en 1984 el marcaje sistemático con flechas amarillas y publicado guías para recorrerlo a pie. La declaración del Camino Francés como primer Itinerario Cultural Europeo por el Consejo de Europa en 1987, y el reconocimiento de Santiago como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, habían internacionalizado la ruta, pero las cifras de peregrinos seguían siendo modestas: apenas unos pocos miles al año.[10]
La JMJ de 1989 actuaría como catalizador decisivo de este renacimiento. El aflujo masivo de participantes llevó al Cabildo de la Catedral a establecer ese mismo año el requisito mínimo de 100 km a pie (o 200 km en bicicleta) para obtener el diploma oficial de peregrino.[4] Esta norma, adoptada en respuesta directa a la JMJ, sigue vigente en el siglo XXI y define la peregrinación jacobea contemporánea.
Organización y semana previa
La JMJ de 1989 se extendió del 15 al 20 de agosto. Los días 15 al 18 constituyeron la «semana previa» de preparación, con actividades distribuidas entre Santiago de Compostela y A Coruña. A lo largo de esas jornadas se celebraron nueve mesas redondas, catequesis impartidas por cardenales y obispos de toda la Iglesia, encuentros de reflexión, vigilias de oración, celebración festiva del sacramento de la reconciliación y eucaristías de espíritu juvenil, además de actuaciones musicales y testimonios.[11]
El 16 de agosto, Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, impartió una catequesis titulada «Jesús es el Camino», invitando a los jóvenes a poner en marcha «la fuerza transformadora del amor como hizo el mismo Jesús».[12]
Durante los días previos y en el propio acto del 19 de agosto se organizaron tres grandes catequesis siguiendo el lema tripartito de la Jornada, a cargo de: Chiara Lubich («Cristo es el Camino»), el cardenal Carlo Maria Martini, arzobispo de Milán («Cristo es la Verdad»), y don Massimo Camisasca y don Antonio Lanfranchi («Cristo es la Vida»).[13]
Los miles de voluntarios del VAS coordinados por Víctor Cortizo prestaron servicio de acogida, orientación y logística a lo largo de toda la semana. Alojar a más de 400.000 personas durante una semana en una ciudad de dimensiones medias como Santiago supuso, en palabras del organizador general Salvador Domato, «todo un reto» que «afortunadamente [...] resultó un éxito».[14]
Agenda de la JMJ
| Fecha | Lugar | Acto principal |
|---|---|---|
| 15–18 agosto | Santiago de Compostela y A Coruña | Semana previa: nueve mesas redondas, catequesis, vigilias, Eucaristías y actuaciones musicales |
| 16 agosto | Santiago de Compostela | Catequesis de Chiara Lubich: «Jesús es el Camino» |
| 19 agosto (mañana) | Aeropuerto de Lavacolla | Llegada de Juan Pablo II. Ceremonia de bienvenida con los Reyes de España |
| 19 agosto (mañana) | Desde la Iglesia de San Francisco hasta la Catedral | Peregrinación a pie del papa con esclavina y bordón. Rito del peregrino en la Catedral |
| 19 agosto (tarde) | San Martín Pinario | Encuentro del papa con jóvenes enfermos y discapacitados |
| 19 agosto (noche) | Monte do Gozo | Vigilia de oración presidida por Juan Pablo II. Catequesis tripartita (Lubich, Martini, Camisasca-Lanfranchi) |
| 20 agosto (mañana) | Monte do Gozo | Santa Misa de clausura. Ángelus. Discurso final del papa |
| 20–21 agosto | Oviedo y Covadonga | Visita privada del papa a la catedral de Oviedo (Santo Sudario) y al santuario de Covadonga |
Itinerario de Juan Pablo II
Sábado 19 de agosto: llegada y peregrinación
Llegada al aeropuerto de Lavacolla
Juan Pablo II aterrizó en el aeropuerto de Santiago de Compostela el sábado 19 de agosto de 1989 procedente de Roma. Se trató de su tercera visita pastoral a España. Fue recibido por los Reyes de España, Juan Carlos I y Sofía, miembros del Gobierno de la Nación, las autoridades autonómicas de Galicia y Asturias, y por el arzobispo Antonio María Rouco Varela. En su discurso de bienvenida, el papa expresó su alegría por venir «para encontrarme con jóvenes católicos de todo el mundo» y agradeció a «los que habéis venido de los más lejanos lugares, de todos los continentes, dándoos cita fraternal junto al venerado sepulcro del Apóstol».[15]
Peregrinación a pie hasta la Catedral
Desde la iglesia de San Francisco, Juan Pablo II realizó el tramo final del Camino a pie, vestido con esclavina y portando un bordón de peregrino, acompañado por los seminaristas y jóvenes que, con la capa de peregrino sobre los hombros, le habían acompañado hasta la catedral. La imagen del papa peregrino, apoyado en su bastón y avanzando por las calles de la ciudad del Apóstol, dio la vuelta al mundo a través de todas las agencias de prensa internacionales.[11]
En el discurso pronunciado en el umbral de la Catedral durante el rito del peregrino, Juan Pablo II se dirigió a los presentes tanto en castellano como en gallego: «Quiso Dios que como Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, natural de la Galicia oriental, llegase, de nuevo, como peregrino y me encontrase en este lugar santo, en la Galicia occidental, del Finisterre hispánico, con jóvenes peregrinos de todo el mundo para alabanza de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida».[16]
Encuentro con jóvenes enfermos en San Martín Pinario
Por la tarde del 19 de agosto, antes de la vigilia, Juan Pablo II mantuvo un encuentro emotivo con jóvenes enfermos y discapacitados en el monasterio de San Martín Pinario, adyacente a la Catedral. En sus palabras, invitó a aquellos jóvenes a ser «testigos del hecho de que Jesús Cristo quiso abrazar la cruz por nuestra salvación», reconociendo en su sufrimiento un testimonio especial de la fe.[17]
Vigilia en el Monte do Gozo
La noche del 19 de agosto, Juan Pablo II presidió la vigilia de oración en el Monte do Gozo, la colina situada a unos cinco kilómetros del centro de Santiago desde la que los peregrinos medievales divisaban por primera vez las torres de la Catedral. El papa eligió expresamente ese lugar por su carga simbólica dentro de la tradición jacobea: el «monte de la alegría» como umbral del encuentro con el Apóstol.[5]
En su discurso, el papa invitó a los jóvenes a no temer la llamada de Cristo:
«El os envía en su lugar para ser mensajeros de la verdad, para ser sus testigos en el mundo [...] Ha llegado la hora de emprender una nueva evangelización».
Repitió el imperativo que se convertiría en una de las frases más citadas de la Jornada:[18]
«¡No tengáis miedo de ser santos!».
En la vigilia del Monte do Gozo participaron más de 600.000 jóvenes.[5][19]
Domingo 20 de agosto: misa de clausura
La mañana del 20 de agosto Juan Pablo II presidió la misa de clausura de la IV JMJ en el Monte do Gozo, donde la explanada estaba cubierta por un «gran manto humano», según todas las crónicas de la época. En la homilía, recordó a los jóvenes su vocación de «servicio»: «¿Por qué estáis aquí vosotros jóvenes de los años noventa? ¿No sentís acaso también dentro de vosotros el "espíritu de este mundo"?». Invitó a la juventud a seguir el ejemplo del apóstol Santiago, que «debía ser el primero, pero siguiendo a Cristo se convirtió en servidor». Al finalizar la misa rezó el Ángelus.[20]
Del 20 al 21 de agosto: Oviedo y Covadonga
Concluida la JMJ, Juan Pablo II continuó su visita a España. El 20 de agosto se trasladó a Oviedo, donde visitó la Catedral y veneró el Santo Sudario. Más tarde viajó de manera privada a Covadonga, donde rezó ante la imagen de la Virgen de Covadonga («la Santina») y paseó por los Lagos de Covadonga antes de volver al Vaticano.[17]
Asistencia
La Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago y ACI Prensa cifran en más de 400.000 los jóvenes participantes en el conjunto del evento.[11][13] Vatican News eleva a más de 600.000 los participantes en la vigilia del Monte do Gozo.[5] El Correo Gallego, por su parte, habla de «medio millón de jóvenes».[21]
La procedencia de los participantes fue universal. En su discurso de bienvenida, el papa agradeció la presencia de jóvenes de «las ciudades de España, las diversas naciones latinoamericanas y tantos países del mundo»; en la vigilia nocturna saludó en castellano, gallego, italiano, alemán, polaco, flamenco, holandés y croata, entre otras lenguas, reflejando la diversidad de los peregrinos congregados.[18]
Impacto en el Camino de Santiago
La JMJ de 1989 está considerada uno de los catalizadores más importantes de la recuperación moderna del Camino de Santiago. El coordinador general de la Jornada, Salvador Domato, señaló expresamente que el encuentro «marcó un antes y un después» en la proyección espiritual del Camino: «Nadie hizo más que Juan Pablo II por la difusión de lo que es esta ruta de peregrinación».[13]
El estudio académico «El Camino de Santiago: turistas y peregrinos hacia Compostela», publicado en Redalyc, destaca que entre los factores que determinaron la internacionalización del Camino en los años 1980 y 1990 se encuentran «las visitas del papa Juan Pablo II», en especial la de 1989 por su «exclusividad y temática», que «concedió a la ciudad compostelana y a su santuario una gran promoción mediática en todo el mundo, que superó a la ya exitosa y simbólica de 1982».[10]
Una consecuencia normativa directa de la JMJ fue la adopción del requisito mínimo de 100 km a pie (o 200 km en bicicleta) para obtener la Compostela, el diploma oficial de peregrino. El Cabildo de la Catedral estableció esta norma en 1989 para proteger la autenticidad de la peregrinación ante la llegada masiva de participantes en la JMJ que cubrían distancias puramente simbólicas para solicitar el diploma.[4] Esta norma sigue regulando la concesión de la Compostela en el siglo XXI.[22]
En respuesta al éxito del encuentro, el papa propuso en 1990, al recibir a una peregrinación de jóvenes de Compostela con motivo de la V JMJ, la creación en el Monte do Gozo de «un centro de oración y de encuentros apostólicos para los jóvenes», iniciativa apoyada por el arzobispo Rouco Varela. Este espíritu cristalizó en las instalaciones del Monte do Gozo que se construyeron para la ciudad en los años siguientes.[23]
Caída del Muro de Berlín
La JMJ de Santiago se celebró apenas tres meses antes de la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de ese mismo año. El encuentro se produjo en plena guerra fría, cuando el bloque oriental comenzaba a mostrar sus primeras grietas y la perestroika de Gorbachov agitaba los cimientos del sistema soviético. Para los observadores de la época, la imagen de centenares de miles de jóvenes europeos (incluidos muchos del Este que asistieron pese a las dificultades) peregrinando juntos a Compostela fue un símbolo para los hechos que sucederían más tarde en Europa con la caída del muro.[5]
En su mensaje a los obispos de las provincias eclesiásticas de Toledo, Santiago y Madrid en la visita ad limina de diciembre de 1991, Juan Pablo II evocaría la JMJ de Santiago como un momento singular que había demostrado «la vitalidad de una Iglesia joven» en el contexto de los grandes cambios históricos del año 1989.[24]
El Monte do Gozo: legado monumental
Tras la Jornada, el Monte do Gozo se convirtió en uno de los espacios emblemáticos de la peregrinación jacobea contemporánea. En aquel lugar se erigió un monumento en memoria de la visita papal de 1989, que se unió al que ya recordaba que Francisco de Asís había peregrinado a Santiago en el siglo XIII. Las instalaciones construidas para la JMJ sirvieron en adelante como albergue y punto de acogida para los peregrinos del Camino Francés, que desde el Monte do Gozo divisan por primera vez las torres de la Catedral al final de su viaje.[25]
El báculo, la casulla y el sillón utilizados por el papa Juan Pablo II durante la Jornada fueron conservados y expuestos en el Archivo Histórico Diocesano de Santiago. En el 25.º aniversario de la JMJ (2014), la Archidiócesis de Santiago de Compostela organizó una exposición fotográfica en la Hospedería de San Martín Pinario que reunió documentos, fotografías y objetos de aquellos días.[6]