José María Urquinaona
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José María de Urquinaona y Bidot (Cádiz, 4 de septiembre de 1813[nota 1]-Barcelona, 31 de marzo de 1883) fue un eclesiástico católico español, obispo de Canarias entre 1868 y 1878 y obispo de Barcelona desde 1878 hasta su muerte. Participó como padre conciliar en el Concilio Vaticano I y fue senador por el arzobispado de Tarragona durante la Restauración.[5][6]
| José María de Urquinaona y Bidot | ||
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Retrato publicado en La Ilustració Catalana en abril de 1883 | ||
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Obispo de Barcelona | ||
| 15 de julio de 1878-31 de marzo de 1883 | ||
| Predecesor | Joaquín Lluch y Garriga | |
| Sucesor | Jaime Catalá y Albosa | |
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Obispo de Canarias | ||
| 22 de junio de 1868-15 de julio de 1878 | ||
| Predecesor | Joaquín Lluch y Garriga | |
| Sucesor | José Proceso Pozuelo y Herrero | |
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| Otros títulos | Administrador apostólico de San Cristóbal de La Laguna (1869-1877) | |
| Información religiosa | ||
| Ordenación sacerdotal |
23 de septiembre de 1837 por Domingo de Silos Moreno | |
| Ordenación episcopal |
7 de marzo de 1869 por Félix María Arrieta y Llano | |
| Información personal | ||
| Nombre | José María de Urquinaona y Bidot | |
| Nacimiento |
4 de septiembre de 1813 Cádiz, España | |
| Fallecimiento |
31 de marzo de 1883 Barcelona, España | |
| Alma mater |
Seminario de Cádiz Seminario Central de Granada | |
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| Firma |
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Su episcopado barcelonés coincidió con el desarrollo de varias iniciativas religiosas, educativas y sociales: el nuevo Seminario Conciliar de Barcelona, la Academia Filosófico-Científica de Santo Tomás de Aquino y el Patronato del Obrero. Intervino en las celebraciones del milenario de Montserrat y en el proceso que condujo al patronazgo de su Virgen sobre Cataluña; colocó asimismo la primera piedra del templo de la Sagrada Familia.[7][8][9] Alcanzó notoriedad pública en 1882 por su discurso parlamentario contra el tratado comercial con Francia, y durante el último año de su episcopado protagonizó un conflicto jurisdiccional y político-religioso con el sector integrista del catolicismo catalán.[10][11][12]
Formación y ministerio sacerdotal
Nació en la calle Santiago de Cádiz, en el seno de una familia burguesa.[13][4] Fue hijo de Manuel María de Urquinaona, abogado y síndico del Ayuntamiento gaditano, y de Juana Bidot.[13][14] Su hermana María del Amparo Urquinaona contrajo matrimonio con Joaquín Bosichy.[15][16]
Ingresó en el seminario de Cádiz, donde estudió latín, humanidades, filosofía, teología y derecho canónico. Fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1837 por el obispo Domingo de Silos Moreno.[3][4][1] Ejerció como capellán en Jerez de la Frontera y en el convento de las capuchinas de El Puerto de Santa María, y en 1844 pasó a la Iglesia Mayor Prioral de esa ciudad.[4]
En 1852 acompañó a Juan José Arbolí y Acaso a la diócesis de Guadix como secretario episcopal y obtuvo una canonjía en su catedral. Completó el doctorado en Teología en Granada y, después de regresar a Cádiz, fue nombrado canónigo y arcipreste de la catedral en 1857. También enseñó en el seminario gaditano y desempeñó funciones de gobierno eclesiástico.[4][1] En vísperas de su elección episcopal era arcipreste y vicario general de Cádiz. El expediente del nombramiento documenta su resistencia inicial a aceptar la sede y las gestiones efectuadas para que consintiera.[17]
Obispo de Canarias
Nombramiento y gobierno diocesano
La Corona lo presentó para la sede de Canarias mediante un decreto del 6 de marzo de 1868 y Pío IX lo preconizó en el consistorio del 22 de junio.[18][19] Recibió la consagración episcopal en la Catedral de Cádiz el 7 de marzo de 1869 de manos del capuchino Félix María Arrieta y Llano, asistido por Juan Alfonso de Albuquerque y Berión y John Baptist Scandella.[2][1] Tras incorporarse a Canarias ejerció efectivamente, entre 1869 y la restauración de la diócesis en 1877, como administrador apostólico de San Cristóbal de La Laguna.[4][20]
El comienzo de su pontificado coincidió con el Sexenio Democrático y con una intensa disputa sobre la posición pública de la Iglesia. El 12 de octubre de 1869 intervino en una asamblea celebrada en el Circo Gallera de Las Palmas para censurar varias medidas revolucionarias, entre ellas la expulsión de los jesuitas y la ocupación o secularización de inmuebles eclesiásticos. El episodio originó réplicas de republicanos y librepensadores locales.[21]
Como administrador apostólico realizó en 1871 una visita pastoral a Tenerife. Salió de Gran Canaria el 29 de abril, comenzó el recorrido en San Cristóbal de La Laguna al día siguiente y visitó parroquias durante aproximadamente mes y medio. Entre el 14 y el 18 de junio permaneció en El Tanque, donde inspeccionó el templo y los libros parroquiales, administró confirmaciones y predicó.[20]
En Fuerteventura realizó dos visitas pastorales, del 25 de febrero al 20 de marzo de 1871 y del 23 de enero al 19 de febrero de 1876. En ambas recorrió las ocho parroquias insulares; en el primer viaje inspeccionó además varias ermitas y dictó en Tetir disposiciones sobre el cementerio y el osario. El análisis geográfico de las actas destaca su interés por sacar cementerios y osarios del interior de los templos.[22]
En el contexto de la crisis de la grana o cochinilla y de una sequía prolongada, Lanzarote y Fuerteventura padecieron una crisis de subsistencias. Urquinaona dispensó ayudas por al menos 7000 reales de vellón. Manuel de Paz Sánchez recuperó el dato de una valoración de 1879 escrita por un dirigente masónico de Las Palmas que, pese a su abierta hostilidad hacia el obispo, reconoció su desprendimiento en aquellos socorros.[23]
El nacimiento del asociacionismo obrero cristiano en Las Palmas tuvo como antecedente inmediato una disputa entre un párroco y la aconfesional Asociación de Trabajadores por la participación corporativa de esta en el entierro católico de uno de sus afiliados. En una pastoral del 1 de enero de 1873 Urquinaona rechazó que una sociedad ajena al control eclesiástico interviniera como tal en el rito; el día 7 ordenó publicar un extracto del reglamento del recién creado Círculo Católico de Obreros de Alcoy y alentó la constitución de una entidad semejante.[24] Dieciséis promotores solicitaron su aprobación el 30 de enero; el obispo les concedió licencia el 25 de febrero, la Sociedad Católica de Obreros quedó instalada el 2 de marzo en el palacio episcopal y celebró su primera junta dos días después.[24] La sociedad adoptó una orientación confesional y mutualista. La denominación Círculo Católico de Obreros se documenta entre 1888 y 1890, después del episcopado de Urquinaona. Al cesar en 1877 como administrador apostólico de San Cristóbal de La Laguna, el obispo mencionó la existencia de asociaciones obreras católicas en distintos puntos de las islas.[25] En ese mismo contexto surgieron también la Asociación Católica de Las Palmas y la Juventud Católica, organizaciones de orientación confesional enfrentadas al asociacionismo republicano y laico.[21]
En marzo de 1876, ante el riesgo de desaparición de la sociedad por el impago de cuotas, Urquinaona pidió a las clases acomodadas que ingresaran como socios honorarios y aportaran cuatro reales al mes. Según Barreto Romano, la incorporación de protectores permitió la continuidad de la entidad, pero acentuó su carácter armónico y no reivindicativo. El mismo autor considera aquel episcopado el punto de partida del asociacionismo obrero cristiano canario y señala que, tras la breve experiencia de Alcoy, entre 1873 y 1877 el modelo subsistió únicamente en Canarias, aunque con grandes dificultades.[24]
Después de que un incendio destruyera la antigua iglesia de la Concepción de Agaete durante la noche del 28 de junio de 1874, Urquinaona bendijo y colocó solemnemente el 18 de octubre la primera piedra del nuevo templo, bajo el lugar previsto para el altar mayor. La reconstrucción se prolongó durante los años siguientes.[26]
Concilio Vaticano I
Urquinaona asistió a las cuatro sesiones públicas del Concilio Vaticano I, abierto en Roma en diciembre de 1869. El 28 de enero de 1870 intervino en la discusión del esquema sobre la vida y honestidad del clero (De vita et honestate clericorum) y el 21 de febrero participó en el debate sobre la redacción de un catecismo breve.[5][27][7]
Las actas lo incluyen, además, entre los firmantes de una petición favorable a definir la infalibilidad pontificia, de otra presentada el 22 de abril para que la cuestión se tratara sin demora y de una tercera destinada a cerrar la discusión general sobre el esquema de la Iglesia.[5]
Controversias intelectuales
Durante su episcopado, el obispado mantuvo varios enfrentamientos con la intelectualidad liberal de Las Palmas. Los examinadores sinodales condenaron el 20 de enero de 1874 las Biografías de canarios célebres, de Agustín Millares Torres, y Urquinaona publicó la correspondiente pastoral el 27 de abril. Dos años después, otro grupo de teólogos examinó el primer tomo de los Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las Islas Canarias, del médico y antropólogo Gregorio Chil y Naranjo; una pastoral fechada el 21 de junio de 1876 prohibió su lectura por considerar que algunas de sus tesis eran incompatibles con la doctrina católica.[21]
La controversia sobre Chil dio lugar a la afirmación, repetida durante décadas, de que el obispo había excomulgado al autor. Un estudio de Justo Pedro Hernández González basado en los archivos diocesanos y vaticanos no encontró constancia de una excomunión personal y distinguió entre la condena del libro y una sanción canónica contra su autor.[28]
Obispo de Barcelona
Urquinaona fue trasladado canónicamente a la sede de Barcelona en el consistorio del 15 de julio de 1878 y tomó posesión el 14 de octubre.[29][1] El 10 de febrero de 1879 recibió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.[30] Su pontificado, de menos de cinco años, estuvo marcado por la construcción de instituciones diocesanas, el desarrollo del catolicismo social, la proyección pública del culto de Montserrat y la división política de los católicos.
Seminario, ciencia y enseñanza

El proyecto del nuevo Seminario Conciliar de Barcelona, obra del arquitecto Elías Rogent, había sido encargado en 1878 por el vicario capitular Joan de Palau i Soler, antes de la llegada de Urquinaona. El nuevo obispo asumió la ejecución del proyecto y presidió la colocación de la primera piedra en el Ensanche el 4 de mayo de 1879. Confió la rectoría a José Morgades y Gili, futuro obispo de Vich y de Barcelona. El edificio empezó a utilizarse en 1882, aunque permaneció inconcluso y las obras continuaron hasta entrado el siglo XX.[31][7][32]
El Museo Geológico del Seminario, fundado por el geólogo y sacerdote Jaime Almera Comas en 1874, era anterior a la llegada de Urquinaona. Una circular del rector Salvador Casañas, fechada el 28 de febrero de 1879, pidió al clero que reuniese materiales para ampliar el entonces denominado «Museo de Historia Natural y Geológico». La colección fue trasladada e instalada en el nuevo inmueble en 1882.[33][32]
El prospecto de la Academia Filosófico-Científica de Santo Tomás de Aquino apareció en 1879 y la institución fue instalada solemnemente el 11 de abril de 1880 en el palacio episcopal. Concebida como una sucursal de la academia tomista de Bolonia y vinculada al impulso intelectual de la encíclica Aeterni Patris, se organizó en cuatro secciones: Filosofía, Medicina, Derecho y Ciencias físico-naturales. Urquinaona respaldó la academia en un momento de creciente debate público sobre las relaciones entre ciencia y religión. La entidad publicó la revista El Sentido Católico de las Ciencias Médicas y formó parte de un programa católico más amplio de divulgación científica y conciliación de la física y la química modernas con la filosofía tomista.[32][34][35]
Sus visitas pastorales comprendieron también establecimientos docentes. Entre el 17 y el 19 de noviembre de 1878 visitó Olesa de Montserrat; en el colegio de las Hijas de María Escolapias celebró misa, examinó la labor educativa y recorrió las escuelas de instrucción primaria. En 1880 informó favorablemente sobre la instalación de la misma congregación en Villanueva y Geltrú y dio la aprobación diocesana el 22 de marzo; la comunidad llegó a la localidad el 20 de abril y abrió un colegio de primera enseñanza.[36]
Acción social católica
Urquinaona impulsó en 1879 la asociación Amigos de los Obreros, transformada después en el Patronato del Obrero. La organización combinaba beneficencia, formación religiosa y profesional, enseñanza, recreo y algunas prestaciones económicas. En el Patronato coexistían miembros protectores y trabajadores; los socios protectores, llamados «inscritos», se distribuían en grupos o «coros» de diecinueve integrantes, con un director obrero y un delegado de la junta directiva.[25] La entidad organizó dispensarios, bolsas de trabajo y escuelas.[37]
Otra iniciativa del mismo año fue el Hospital de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús. La fundación fue promovida por Emília Bonis y una junta femenina; Urquinaona aprobó los primeros estatutos. Estos admitían a enfermos pobres sin distinción de sexo, edad o religión, aunque declaraban católica la religión oficial del hospital. El centro abrió el 16 de junio de 1879 y la ceremonia fue presidida por Morgades en representación del prelado.[38]
También mantuvo una relación estrecha con el asilo para sacerdotes ancianos de la diócesis: lo visitó por primera vez el 13 de noviembre de 1878, menos de un mes después de tomar posesión, y regresó allí con frecuencia. Al morir legó a la institución su mobiliario personal y las mulas de su coche episcopal.[39]
La historiografía sitúa esta iniciativa entre los primeros ensayos del catolicismo social barcelonés, pero también ha señalado sus límites. Andrés-Gallego caracteriza al Patronato como una organización predominantemente benéfica y observa que apenas formuló reformas de las condiciones laborales, más allá de la defensa del descanso dominical.[25] Aubach interpreta el modelo como asistencial y paternalista y considera que obtuvo un éxito reducido.[37] La institución, no obstante, sobrevivió a su promotor: una estadística oficial de 1904 registró 1675 socios ordinarios y 435 protectores, enseñanza gratuita, conferencias, premios y auxilios extraordinarios.[40]
El empleo y el sustento de los trabajadores aparecieron también como argumentos en su discurso senatorial de 1882, en el que vinculó ambos asuntos con la defensa de la industria.[11]
Montserrat

Las celebraciones del milenario de Montserrat, iniciadas en abril de 1880, convirtieron el santuario en un importante espacio de movilización religiosa y cultural. León XIII dirigió entonces una carta elogiosa a Urquinaona. En mayo de ese año los obispos catalanes solicitaron conjuntamente a Roma el patronazgo de la Virgen de Montserrat sobre Cataluña y su coronación canónica; Urquinaona promovió la petición y participó en la peregrinación a Roma. La Veu de Montserrat y la Revista Popular apoyaron la campaña, y la corona y el cetro se financiaron mediante suscripción popular.[8][41]
La aprobación no fue inmediata. Hibbs-Lissorgues sitúa la tramitación en un contexto de reservas romanas ante las divisiones internas del catolicismo español, mientras que Víctor Reina destaca las implicaciones concordatarias y políticas del título solicitado. La Congregación de Ritos autorizó el patronazgo en 1881 y la imagen fue coronada el 11 de septiembre de ese año por el legado pontificio, el cardenal Francisco de Paula Benavides.[7][42] La crónica contemporánea precisa que Urquinaona celebró una misa y predicó durante la solemnidad, mientras que Benavides bendijo la corona y efectuó la coronación.[42] La actuación del obispo de Barcelona fue destacada, pero formó parte de una iniciativa colectiva del episcopado catalán y de los responsables del santuario.[8][43][7]
Las celebraciones contribuyeron a transformar Montserrat en un símbolo religioso de alcance catalán. Josep Maria Garcia-Fuentes las considera un punto de inflexión en la construcción del Montserrat moderno, al tiempo que documenta la crítica de sectores del catalanismo no confesional —entre ellos Valentín Almirall— a la apropiación católica de un símbolo que aspiraba a representar al conjunto de Cataluña.[44]
Senador y defensa del proteccionismo

En 1879 fue elegido simultáneamente senador por los arzobispados de Tarragona y Zaragoza; optó por la representación de Tarragona, pero no llegó a jurar el cargo durante aquella legislatura. Volvió a ser elegido para las legislaturas de 1881-1882 y 1882-1883 y prestó juramento el 22 de noviembre de 1881.[6]
El 5 de mayo de 1882 intervino en el Senado contra el proyecto de tratado comercial con Francia. Se presentó como obispo y predicador, no como especialista en economía, y dijo que pretendía tratar la dimensión moral y social del asunto. Vinculó la continuidad de las fábricas con los salarios, la subsistencia de los hogares obreros y el orden público, y sostuvo que la reducción arancelaria amenazaba a distintos sectores industriales españoles. En su rectificación aclaró que no había formulado una impugnación técnica completa del tratado y pidió al Gobierno modificaciones, compensaciones o una solución conciliadora. El senador José Gallostra rechazó sus tesis económicas y defendió la competencia como remedio para la industria.[11] El 8 de mayo, el presidente del Consejo de Ministros, Práxedes Mateo Sagasta, respondió que una de las bases del tratado —la quinta— no se modificaría durante sus diez años de vigencia, posición que el Gobierno alteró posteriormente.[45][10]
El discurso tuvo repercusión en Cataluña. Las comisiones barcelonesas lo despidieron en la estación y, durante el viaje de ida a Madrid, el tren fue saludado por corporaciones de Sabadell, Tarrasa y Manresa. La gran recepción se produjo a su regreso en Barcelona, donde representantes de entidades económicas y obreras y una multitud lo acompañaron hasta el palacio episcopal. El episodio quedó asociado a la defensa del proteccionismo industrial catalán.[10][46][7]
Primera piedra de la Sagrada Familia

El 19 de marzo de 1882 Urquinaona presidió la ceremonia de colocación de la primera piedra del templo expiatorio de la Sagrada Familia. El acta original, autorizada por el notario Francesc Planas Castelló a requerimiento de Josep Maria Bocabella, sitúa el acto en una manzana de San Martín de Provensals delimitada por las calles Mallorca, Provenza, Cerdeña y Marina. Junto al obispo asistieron autoridades civiles y militares, el director de la Escuela de Arquitectura, Elías Rogent, y el arquitecto de la obra, Francisco de Paula del Villar y Lozano.[47]
Urquinaona bendijo el terreno y, dentro de la piedra, se depositó una botella sellada con monedas, medallas y un pergamino cuya inscripción leyó el notario. El documento fue firmado por los asistentes y se conserva en el Archivo Histórico de Protocolos de Barcelona. Antoni Gaudí asumió la dirección de las obras al año siguiente.[47][9]
Conflicto con el integrismo católico
El episcopado de Urquinaona coincidió con la división de los católicos españoles entre partidarios de participar en el sistema político de la Restauración y sectores carlistas e integristas que consideraban inaceptable esa colaboración. En Cataluña, el conflicto tuvo como actores destacados a Félix Sardá y Salvany, director de la Revista Popular, y a Luis María de Llauder y Dalmases, director de El Correo Catalán. Urquinaona defendió que ninguna organización o periódico podía arrogarse la representación exclusiva del catolicismo y que las iniciativas públicas del clero y los fieles quedaban sometidas a la autoridad del obispo.[12][48]
La tensión se hizo pública con una pastoral del 7 de marzo de 1882, en la que calificó la división de «cisma», la relacionó con ambiciones políticas y con la intemperancia de la prensa confesional, y prohibió que se publicara sobre la disputa sin aprobación episcopal.[49] El conflicto se agravó después de la encíclica Cum multa de León XIII, que instaba a los católicos españoles a conservar la unidad bajo sus obispos. Urquinaona promovió adhesiones del clero a esa interpretación y, la noche del 25 de diciembre de 1882, designó a José Torras y Bages censor de El Correo Catalán.[50]
El 26 de enero de 1883 entregó a la Juventud Católica de Barcelona un manuscrito que debía publicarse con motivo de un triduo. La junta lo rechazó al día siguiente porque entendió que convertía el acto religioso en una adhesión política. El 28 de enero Urquinaona firmó un «decreto de disolución», denominado posteriormente «suspensión» en la correspondencia, y la entidad apeló al nuncio el día 31.[12]
El nuevo nuncio, Mariano Rampolla del Tindaro, consideró excesiva la medida e intervino para que se revocara. Urquinaona la levantó sin condiciones antes del 2 de marzo. En su respuesta confidencial del 4 de marzo de 1883 a una encuesta de Rampolla, el obispo presentó las campañas de El Correo Catalán, la Revista Popular y otras publicaciones y asociaciones como una erosión de la jurisdicción episcopal; sostuvo asimismo que, pese a simpatizar con la Unión Católica, no la había organizado en la diócesis para evitar nuevos conflictos y pidió que Roma aclarase que los partidos políticos no podían monopolizar la identidad católica.[48][12] Urquinaona murió pocas semanas después.
Muerte y sepultura

Una crónica contemporánea indicó que una consulta médica le diagnosticó «pulmonía doble»; Urquinaona murió en Barcelona el 31 de marzo de 1883. La misma necrología católica, publicada pocas semanas después, reprodujo una última bendición pastoral fechada el 30 de marzo, indicó que el cuerpo permaneció expuesto durante tres días y describió la participación de autoridades, corporaciones económicas, asociaciones obreras, comunidades religiosas y seminaristas en las exequias. Según esa crónica, el obispo Morgades ofició la ceremonia y Buenaventura Ribas pronunció la oración fúnebre.[1][46]
De acuerdo con sus últimas voluntades, fue enterrado en la basílica de la Merced. Tras su muerte se formó una comisión y se financió por suscripción un monumento funerario diseñado por el arquitecto Joan Martorell i Montells. Agapito Vallmitjana modeló la figura del obispo, ejecutada en el taller de Pablo Carbonell, mientras que Ferrer Hermanos realizó la ornamentación. El conjunto fue inaugurado el 27 de abril de 1885 en presencia de los obispos de Lérida y la Seo de Urgel.[51][52]
La obra, de mármol, es un altorrelieve que muestra al prelado arrodillado sobre un cojín, en oración y orientado hacia el altar y el camarín de la Virgen. Viste hábito coral —sotana, sobrepelliz, roquete y capa magna— y la figura queda adosada a un panel semicircular decorado como un cortinaje.[51]
Memoria y legado

La actual plaza de Urquinaona, formada tras el derribo de los baluartes de San Pedro y Junqueras, había sido conocida como plaza Nueva de Junqueras. El 26 de mayo de 1883, menos de dos meses después de la muerte del obispo, El Imparcial Reusense informó de que el Ayuntamiento de Barcelona había acordado darle su nombre en la sesión celebrada la tarde del martes anterior.[53][54]
La memoria monumental de su actuación en Montserrat se fijó también en la fachada de la basílica. Hacia 1897, Venancio Vallmitjana ejecutó un tímpano de mármol que conmemora la proclamación de 1881: representa a León XIII sentado y a Urquinaona arrodillado ante él, con la imagen de la Virgen y la montaña al fondo.[55]
Su trayectoria reúne aspectos que la historiografía ha tratado de forma diferenciada: la reacción eclesiástica frente al liberalismo y el pensamiento científico en Canarias; el desarrollo y apoyo a instituciones católicas de enseñanza, divulgación y asistencia social; el uso de la representación senatorial para defender intereses económicos; y la disputa sobre los límites entre autoridad episcopal y movilización política católica.[21][34][11][10][48]
Obras seleccionadas
Entre sus pastorales, sermones e intervenciones impresas figuran:[56]
- Exposición dirigida a S. M. el Rey por el Ilmo. Sr. Obispo de Canarias. Las Palmas de Gran Canaria: [s. n.], 1875. 23 p.
- Carta pastoral que el Ilmo. y Rmo. Sr. José María de Urquinaona y Bidot, Obispo de Canarias y Administrador apostólico de Tenerife, dirige al clero y fieles de ambas diócesis, con motivo de la obra, que ha empezado á publicarse en esta ciudad, con el título de «Estudios Históricos, Climatológicos y Patológicos de las Islas Canarias»; prohibiendo su lectura. Las Palmas: Imprenta de Victor y Navarro, 1876. 23 p.
- Carta pastoral que el Ilmo. Sr. Dr. D. José María de Urquinaona y Bidot, obispo de Barcelona, dirige al clero y a los fieles de su diócesis al tomar posesión de la silla episcopal. Barcelona: Imprenta y Librería Religiosa y Científica, Herederos de Pablo Riera, 1878.[57]
- Sermon que predicó en la Santa Iglesia Catedral de Canarias el Ilmo. Señor José María de Urquinaona, obispo de la Diócesis, en la solemne fiesta que se celebró el domingo primero de Cuaresma, dia 10 de marzo de 1878, en acción de gracias por la eleccion del Sumo Pontífice León XIII. Barcelona: Imprenta de la viuda é hijos de J. Subirana, 1880. 20 p.
- Carta pastoral que el Excmo. e Ilmo. Sr. Dr. D. José María de Urquinaona y Bidot, obispo de Barcelona, dirige al venerable clero y a los fieles de su diócesis con motivo del asesinato intentado contra S. M. el rey D. Alfonso XII. 1880.[58]
- Discurso pronunciado por el Excmo. Sr. Obispo de Barcelona en la discusión del Senado sobre el tratado de comercio con Francia el día 5 de Mayo de 1882. Barcelona: Imprenta del Heredero de Pablo Riera, 1882. 22 p.[59]
Sucesión
| Predecesor: Joaquín Lluch y Garriga |
Obispo de Canarias 1868-1878 |
Sucesor: José Proceso Pozuelo y Herrero |
| Predecesor: Joaquín Lluch y Garriga |
1878-1883 |
Sucesor: Jaime Catalá y Albosa |
