José de Santa Cruz y Villavicencio
maestre de campo y autoridad colonial
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José de Santa Cruz y Villavicencio (Huamanga, 1755 aprox. - La Paz, 1814) fue un maestre de campo y autoridad colonial entre los siglos XVIII y XIX en el Virreinato del Perú. Fue parte del ejército realista en América durante las Guerras de independencia hispanoamericanas.
| José de Santa Cruz y Villavicencio | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento |
1755 Ayacucho (Perú) | |
| Nacionalidad | Peruana | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Cacique y oficial militar | |
Biografía
Juan José de Santa Cruz y Villavicencio nació en Huamanga en 1755 aproximadamente. Fue hijo de José Andrés de Santa Cruz y Castro y de Ildefonsa de Villavicencio Ibáñez,[1] su abuelo paterno fue el hidalgo Francisco de Santa Cruz y López Salcedo que migró de Cáceres a Lima en 1716 como secretario del nuevo virrey Carmíneo Nicolás Caracciolo. Por el lado materno su abuelo Gerónimo Francisco José de Villavicencio era oriundo de Cádiz, ocupó el cargo de corregidor de la provincia de Huamanga y estaba emparentado con el primer conde de Cañete del Pinar.[2]
Se conoce que Santa Cruz cursó sus estudios en el Colegio de San Bernardo y posteriormente siguió la carrera militar. Para 1779 se encontraba en la región de Apolobamba o Caupolicán, allí reunió un regimiento que luchó contra las rebeliones indígenas entre 1780 y 1782.
En 1786 se crea la nueva Subdelegación de Caupolicán, Santa Cruz fungía como administrador de las rentas de tabaco y fue nombrado subdelegado de la nueva provincia. Permaneció en el cargo durante varios años y una de sus tareas principales fue reducir a los indígenas toromonas,[3] esto le permitió conocer muy bien la región y llegó a cartografiarla. En 1792, con apoyo del subdelegado de Larecaja Diego Quint y Fernández Dávila, Santa Cruz consolidó el control de la provincia sobre Pelechuco y Reyes.[4]
El 17 de mayo de 1795 el intendente Fernando de la Sota solicitó el reemplazo de Santa Cruz y el virrey Pedro Melo de Portugal designó como nuevo subdelegado a José Domingo de Escobar el 25 de junio de 1795. Santa Cruz consideró una injusticia haber perdido su cargo de una manera tan abrupta y solicitó que se revise su caso ante el Consejo de Indias, este consejo revisó el caso y falló a su favor en 1798 por lo que Santa Cruz fue repuesto en el cargo el 31 de julio de 1799,[5] además se le dio el rango de maestre de campo.[6] Junto a Joaquín Revuelta, subdelegado de Yungas, fueron los únicos subdelegados que conocieron las provincias que gobernaron a tal profundidad que lograron hacer una relación geográfica detallada de estas regiones,[7] aunque el nuevo intendente Antonio Burgunyó trato de desmerecer ese trabajo.
Durante las rebeliones independentistas que sacudieron la región desde 1809, Santa Cruz se manifestó como partidario del orden colonial y defensor de la corona. En 1810 Santa Cruz hizo frente a la rebelión de los indígenas Lecos que comandaba Santos Pariamo en Atén, el levantamiento fue sofocado ese mismo año en el combate de Curiza donde murió el líder indígena.[8] En 1811 envió 50 soldados, alimentos y pertrechos al ejército de José Manuel de Goyeneche, el encargado de hacer llegar esta encomienda fue el hijo de Santa Cruz, José Andrés, que se convirtió a partir de ese momento en capitán.
En 1814 Santa Cruz permaneció en la ciudad de La Paz, a finales de agosto se tuvieron noticias de la Rebelión del Cusco y el 22 de septiembre esta rebelión llegó a las puertas de la ciudad. Santa Cruz se puso bajo las órdenes del gobernador Gregorio de Hoyos para defender la ciudad, pero el 24 de septiembre las defensas de la ciudad fueron rebasadas con ayuda de los mismos ciudadanos que se encontraban dentro de las murallas. Santa Cruz fue hecho prisionero en la casa de gobierno, esto debido a su rango de coronel de milicias, y permaneció allí hasta el día 28 de septiembre. En esa jornada la pólvora del cuartel se incendió y provocó que el edificio explote, los rebeldes acusaron a los realistas de este hecho y atacaron a los prisioneros, Santa Cruz logró escapar por una ventana pero fue alcanzado por los cuzqueños que lo asesinaron a palazos en la esquina de la plaza principal. Su cuerpo fue llevado al cementerio de Poto Poto, a las afueras de la ciudad.[9]
Matrimonio y descendencia
José de Santa Cruz se casó el 31 de julio de 1783 con la indígena Juana Basilia Calahumana Salazar, nacida en 1762 como hija del cacique de Huarina Matías Calahumana Yanaique y de Juana Justa Salazar y Vargas. Este matrimonio no fue atractivo socialmente, el hecho de que un criollo de ascendencia noble se casara con una indígena no era del todo aceptado por la sociedad de la época, aunque Calahumana perteneciese a la nobleza indígena. Desde el punto de vista económico sí resultó una gran alianza para Santa Cruz, Basilia Calahumana heredó a la muerte de su padre, en 1774, el cacicazgo de huarina y una fortuna de 65.442 pesos entre dinero, joyas, muebles, lienzos, libros y una casona en el centro de la ciudad de La Paz. También heredó las haciendas de Carvisa, Sipe Sipe y Sangachi en Huarina, Hallancollo en Achocalla y la chacarilla Coajani en Chulumani, todas valuadas en 32.539 pesos, mientras que Santa Cruz declaraba antes de casarse 5400 pesos entre dinero y joyas.[10]
La acomodada situación de Calahumana le permitía, a pesar de ser indígena, la tenencia de varios esclavos.[11] El matrimonio se ubicó cómodamente en la casona del centro de la ciudad y tuvieron allí 3 hijos:
- María Josefa, nacida en 1785. Se casó el 16 de junio de 1809 con el tucumano Ignacio de la Peña y Campero, la pareja tuvo 5 hijos. Murió en 1845.
- José Andrés, nacido en 1792. Se casó con la peruana María Francisca de Paula Cernadas y de la Cámara, tuvieron 10 hijos. Fue presidente de Bolivia entre 1829 y 1839, murió en 1865 en Saint-Nazaire.
- Pedro Juan José, nacido en 1795. Murió en la infancia.
Basilia Calahumana vio muy afectada su fortuna en 1814, mientras se refugiaba en el convento de La Merced los rebeldes cuzqueños saquearon su casa por orden de Ildefonso de las Muñecas. Se llenaron 6 baúles con dinero, joyas y demás objetos de valor que fueron enviados a Desaguadero.
La viuda de Santa Cruz trató de tomar control de la fortuna que su esposo hizo con el comercio de la cascarilla mientras era subdelegado, pero éste hacía envíos regulares a España y no le fue posible adquirir ese dinero. Entonces comenzó a pedir préstamos sobre sus haciendas, lo que la llevó a sostener varios juicios al no poder cumplir con sus compromisos. Son conocidos los juicios por defender la hacienda Chuquiaguillo, que fue comprada por su esposo con el dinero de ella, y que fue reclamada por varios acreedores desde 1811, el juicio llegó a resolverse recién en 1822 cuando se decidió la división de la propiedad.[12] Otro juicio se presentó sobre la hacienda Carvisa por el reclamo de la monja Sor Josefa del Santísimo Sacramento Díaz del Castillo quien prestó 1.000 pesos a Calahumana,[13] en 1816 se vio obligada a cumplir con esta deuda ante la amenaza de incautación por parte del gobernador Mariano Ricafort.
Basilia Calahumana logró vivir lo suficiente para ver a su hijo como presidente en 1829, murió pocos años después el 16 de febrero de 1832.