Juan Andrés Oria de Rueda
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| Juan Andrés Oria de Rueda | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento |
07 de febrero de 1960 (65 años) Burgos, España | |
| Nacionalidad | Española | |
| Religión | Iglesia Católica | |
| Educación | ||
| Educación | Doctor en Ingeniería de montes | |
| Educado en | Universidad Politécnica de Madrid | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Ingeniero de montes, micólogo y catedrático de universidad | |
| Empleador | Universidad de Valladolid | |
| Movimiento |
Carlismo Tradicionalismo político Monarquía tradicional | |
| Partido político | Comunión Tradicionalista | |
Juan Andrés Oria de Rueda Salgueiro (Burgos, 7 de febrero de 1960) es un ingeniero de montes, micólogo y catedrático de universidad español. En la actualidad es catedrático de micología en la Universidad de Valladolid y académico de la Institución Tello Téllez de Meneses. De pensamiento tradicionalista, en política milita en el carlismo.[1]
Nació en Burgos en 1960. Obtuvo el doctorado en ingeniería de montes en la Universidad Politécnica de Madrid. En 1990 inició su vida docente en la Universidad de Valladolid.[2] Desde 2007 es catedrático de micología en la Universidad de Valladolid.[3]
En 2015 recibió el Premio Castilla y León de Protección de Medio Ambiente.[4] Muy vinculado a Palencia, en 2015 fue nombrado académico de la Institución Tello Téllez de Meneses.[5]
Aportaciones
En 2024 publicó el libro Naturaleza Tradicional. Historia, principios y aplicaciones para la conservación -con prólogo de Miguel Ayuso Torres-,[6] en el que sostiene la tesis de que el mejor modo de conservar el hábitat natural de cada región es aplicar los métodos de conservación tradicionales, es decir, aquellos que se han empleado en esas mismas regiones durante siglos y que son fruto de una sabiduría secular. Por eso es importante la acción del hombre en el medio natural: para realizar una adecuada y racional conservación del mismo.
Rechaza la idea de que el hombre no debe actuar sobre el medio natural para dejarlo crecer libremente, por suponer en la práctica el debilitamiento de la misma naturaleza y por abrir la puerta a la sucesión de desastres naturales tales como los megaincendios, que eran muy poco comunes en las sociedades tradicionales por haber desarrollado cortafuegos naturales.[7]
Señala como causa última del descuido y destrucción del campo la mentalidad liberal, que sólo veía en la naturaleza una realidad que había que rentabilizar, y que rechazaba el principio de tradición, es decir, de la transmisión de padres a hijos y esa sabiduría secular para la gestión racional del medio natural y su adecuada conservación.[8]