Juan Bethencourt Alfonso nació el 5 de febrero de 1847, en San Miguel de Abona, Tenerife (Islas Canarias). Estudió medicina en Madrid (España). Tras licenciarse se estableció en Santa Cruz de Tenerife donde desempeñó la carrera de profesor y médico. Además de estas profesiones, desarrolló una carrera periodística y se incorporó al Partido Liberal, iniciándose también como político. Más tarde, realizó estudios sobre la población guanche de Tenerife. Así como de su supervivencia después de la conquista castellana. También estudió la tradición oral de esa isla, ya que contenía costumbres heredadas de los guanches (la lucha canaria, etc), al igual que ocurre en otras islas.[1]
Fundó y fue director del Gabinete Científico de Santa Cruz de Tenerife y junto con otros miembros destacados del mismo como Rosendo García-Ramos y Bretillard y Carlos Pizarroso y Belmonte realizó muy importantes aportaciones al estudio del mundo indígena canario.[2] Más tarde este gabinete formó una sección del Museo Arqueológico Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Además, realizó una serie de encuestas en canarias sobre las tradiciones y costumbres de las islas, publicando también varios trabajos con información totalmente nueva en diferentes medios como la Revista de Canarias, que iniciaron los estudios sobre la población aborigen canaria, a pesar de que dichos trabajos son, actualmente, criticados por los historiadores canarios.[1]
Fue uno de los primeros investigadores que estudiaron los ídolos guanches, sobre todo el célebre idolillo llamado Guatimac en el año 1885, encontrado en el barranco de Herques en el municipio de Fasnia y actualmente expuesto en el Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz. Él fue una de las personas que, junto a los historiadores Eduardo Tarquis y Antonio Domínguez Alfonso, demandaron una restitución de la Real Academia de Bellas Artes que había ejecutado la Corona española en el año 1913. La demanda tuvo éxito y la restitución fue lograda. Sus méritos y su importancia dentro del estudio de las antiguas poblaciones canarias lo incorporaron en el grupo de numerarios de la Academia, convirtiéndose así, el 6 de agosto de 1913, en el primer miembro de la sección de Arquitectura. Sin embargo, por esos tiempos se encontraba muy enfermo, por lo que no pudo acudir a la junta constituyente de la corporación, muriendo en agosto de ese año (1913), sin haber podido unirse a la Real Academia de Bellas Artes.[1] Fue enterrado en el cementerio de San Rafael y San Roque.[3]