Su llegada a la jefatura institucional se dio en consonancia con la política que habían adoptado los anteriores gobiernos radicales. En tal sentido, y buscando la desmilitarización de las fuerzas policiales, se privilegió en los nombramientos a funcionarios civiles o bien oficiales de carrera, tal como resultaba el caso de Graneros.[4] Esta conducta resultaría alterada a partir de 1930 por los sucesivos gobiernos nacionales y habría que esperar hasta 1952 (cuando ya la Policía de la Capital se había transformado en la actual Policía Federal Argentina), para que nuevamente un oficial de la institución fuera designado al frente de la misma.
Desde su lugar, bregó para que no prosperara la idea de algunos miembros de la oposición, de traspasar el servicio de bomberos a la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.[5] También durante 1929 y a pesar de los efectos de la crisis económica mundial que ya empezaban a sentirse en la Argentina, pudo obtener el presupuesto necesario para reforzar el parque automotor de las Comisarías porteñas, que para ese entonces sumaban 46.[6]
Durante su gestión, se destaca también la compleja pesquisa que llevó a desarticular la organización de trata de mujeres conocida como Zwi Migdal, dirigida por el Juez de Instrucción Manuel Rodríguez Ocampo y llevada adelante por el Comisario Julio Alsogaray[7] y la investigación del atentado contra la vida del Presidente de la Nación, Dr. Hipólito Yrigoyen, producido el 24 de diciembre de 1929 mientras el primer mandatario llegaba a su domicilio de la calle Brasil en el barrio de Constitución.[8]
El descontento de algunos sectores sociales con la marcha del gobierno constitucional, sumado a la crisis económica y a las acusaciones de incapacidad para ejercer el cargo que se hacían sobre un Yrigoyen casi octogenario, encontraron eco en algunos periódicos de la época (como fue el caso de “Crítica, fundado y dirigido por Natalio Félix Botana y en segmentos de la sociedad civil y de las fuerzas armadas que nunca terminaron de aceptar la Ley Sáenz Peña de reforma electoral, merced a la cual había llegado el radicalismo al poder en 1916. A lo largo de 1930, una conspiración encabezada por el General recientemente retirado José Félix Uriburu comenzó a crecer.
Tanto el ministro de Guerra, Tte. Gral. Luis Dellepiane como el propio Graneros, Jefe de Policía, pusieron sobre aviso al gobierno de los planes sediciosos en los que se encontraban comprometidos jefes militares y políticos conservadores. Sin embargo, ni el ministro del Interior, Dr. Elpidio González, ni el propio Yrigoyen dieron demasiada relevancia al asunto.
La Policía de la Capital, encabezada por su Jefe se mantuvo fiel al gobierno legalmente constituido hasta los últimos momentos. Durante la noche del 5 al 6 de septiembre, se incrementó la vigilancia sobre los accesos a la Ciudad de Buenos Aires, se allanaron locales de la Liga Patriótica Argentina en los que se secuestraron armas listas para su distribución e incluso se arrestaron a políticos complotados. Es más, Uriburu, en su marcha desde la sede del Colegio Militar hacia Casa Rosada, debió detenerse para ocupar los locales de las Comisarías 37.ª y 39.ª, con el objeto de asegurar su retaguardia.[9]
Finalmente, ante la detención de Yrigoyen en un cuartel de la ciudad de La Plata, la renuncia del vicepresidente Enrique Martínez y la amenaza del General Uriburu de hacer bombardear el Departamento Central de Policía, Graneros resolvió entregar el mismo junto a su renuncia. Cerraba así su actuación pública y se retiraba a la vida privada.