Entre 1924 y 1925, estudió en la Academia de Confecciones de Viena, en Austria, motivado por su padre, quien era sastre. Allí comenzó a cultivar el dibujo. En 1926 se trasladó a París para proseguir con sus estudios de arte, pero no tuvo suerte. Empobrecido, un hombre lo engañó para que viajara al Brasil para, supuestamente, trabajar como pintor, pero acabó como zafrero en una plantación del Mato Grosso brasileño, cerca de la frontera de Bolivia.
Rimsa logró escapar al poco tiempo con dirección a Sao Paulo y, desde ahí, se dirigió a la Argentina, donde en 1930 conoció a Pío Collivadino, director de la Academia de Bellas Arte de Buenos Aires, quien lo animó a seguir la carrera de artes hasta 1934.[2]