Juan de Acuña Enríquez

ricohombre y noble español que ostentó el título de III conde de Buendía From Wikipedia, the free encyclopedia

Juan de Acuña Enríquez (m. 6 de marzo de 1528), ricohombre y noble español que ostentó el título de III conde de Buendía.

Fallecimiento 6 de marzo de 1528
Dueñas
Madre Inés Enríquez de Quiñones
Consorte María López de Padilla
Datos rápidos Información personal, Fallecimiento ...
Juan de Acuña Enríquez
III conde de Buendía
Información personal
Fallecimiento 6 de marzo de 1528
Dueñas
Familia
Padre Lope Vázquez de Acuña
Madre Inés Enríquez de Quiñones
Consorte María López de Padilla
Cerrar

Vida y entorno familiar

Era hijo segundogénito de Lope Vázquez de Acuña, II conde de Buendía, e Inés Enríquez de Quiñones, hermanastra de Juana Enríquez, madre del rey Fernando el Católico, pues ambas descendían del almirante de Castilla Fadrique Enríquez.[1]

Siendo segundo hijo de Lope Vázquez de Acuña, fue la muerte de su hermano Fernando lo que le permitió acceder al mayorazgo familiar[2]. El 25 de octubre de 1488, Juan juró por bueno el testamento de su padre y se convirtió, de esa forma, en heredero de sus propiedades, títulos, mercedes, privilegios, prerrogativas y dignidades.[3] Los Reyes Católicos, por una real cédula fechada el 25 de marzo de 1489, confirmaron la sucesión «acatando los buenos y muchos servicios que nos fizo vuestro padre, D. Lope Vázquez de Acuña, é por lo esperamos que, de aquí en adelante, vos nos faréis; é por alguna enmienda é remunera dellos».[3]

Desde entonces, Juan de Acuña fue el tercer conde de Buendía y señor de una serie de villas entre las cuales se destacaban Dueñas, Tariego, Valle, Renedo, Anguix, Castrillo de Onielo y Cubillas de Cerrato.[2] A lo largo de su vida acumuló diversos cargos y dignidades: adelantado mayor de Cazorla, guardamayor del rey Fernando, doncel de la reina Isabel la Católica y entregador de mestas y cañadas.[2]

Levantamiento antiseñorial del 1 de septiembre de 1520

Grabado de Dueñas (1808). En la cima del cerro que domina la villa amurallada se puede observar el castillo o fortaleza que tomaron los sublevados durante el levantamiento del 1 de septiembre de 1520.

Debido a su deficiencia mental, vivió apartado de la Corte, retirado en la villa de Dueñas, cabeza de sus estados señoriales, por lo que no tomó parte de ningún hecho de armas de la época[4]. Pese a ello, se vio afectado por el estallido de la guerra de las Comunidades de Castilla, cuando sus vasallos de Dueñas se amotinaron contra él en la noche del 1 de septiembre de 1520 y lo expulsaron de la villa, protagonizando una verdadera revuelta[5] [6].

En concreto, un grupo fuertemente armado de vecinos, capitaneados por Pedro Niño, un burgués converso, se dirigió a la fortaleza para asaltarla y apoderarse de ella. Ante esta situación, el alcaide de ésta les amenaza advirtiéndoles del buen equipamiento de cañones y mosquetones que poseía la fortaleza, por lo que deciden dirigirse a la llamada «plazuela de las tercias», penetrando violentamente en el palacio de los condes de Buendía, sin escuchar las súplicas de Luis de Acuña, tío del conde que había ejercido como su tutor en algunos momentos de incapacidad, y sirviéndose de un postigo abierto por Rodrigo Niño, hijo del líder de los asaltantes que trabajaba de paje en el palacio. Los condes fueron hechos prisioneros y llevados a la vivienda de Alonso de Dueñas, militar de grado capitán que había participado en la Jornada de Las Gelves, donde les obligaron a firmar bajo amenazas una carta dirigida al alcaide del castillo para que hiciese entrega de la fortaleza, sus armas y pertrechos a los sublevados.

Entregada la estratégica fortificación, se confió a Gaspar de Villadiego, mientas que a Pedro Niño se le hizo entrega de la vara de alcalde, quien se encargó de elegir nuevos regidores, diputados, escribanos, alguaciles y cuadrilleros; prohibió que se acudiese a los condes con las rentas y publicó ordenanzas sobre el peso, el derecho de huéspedes y la recaudación de tributos. Se expulsó de la villa a sus antiguos señores, quienes vivieron sucesivamente, durante el forzoso exilio, en Cubillas de Cerrato, Cigales y Palenzuela.

Tras haber tomado el control de la villa, en la casa de Pedro de Palencia, elegido escribano por los rebeldes, se prepararon misivas a las principales ciudades —entre ellas Palencia y Valladolid—, así como a la Santa Junta, en las cuales se demandó ayuda y se justificó el levantamiento debido a los agravios cometidos por parte de su señor. No en vano, Dueñas había mostrado un fuerte rechazo a su señorialización desde la concesión del señorío por Juan II a Pedro Vázquez de Acuña en 1439. Aunque en un primer momento la Junta pareció mantenerse al margen del conflicto surgido en Dueñas e incluso llegó a condenar la violencia de esta reacción antiseñorial, los acontecimientos surgidos más tarde, les obligó a tomar partido. Este suceso, que causó una gran conmoción en Castilla, fue denunciado por el propio conde, que el 9 de septiembre elevó al rey una doble petición, por la cual solicitaba la inhibición de los fiscales reales en su pleito contra Dueñas y demandaba la necesaria orden real para que la villa se redujese a su obediencia[7]. El cronista Alonso de Santa Cruz nos refiere así los hechos:

Jueves primero día del mes de septiembre se levantó la villa de Dueñas, que es seis leguas de Valladolid, y prendieron al Conde y la Condesa de Buendía, su mujer, y á su hija y echároslos de la villa y tomárosles la fortaleza y saqueárosles la casa, lo cual como hubieron hecho enviaron á pedir favor á los de la Junta, los cuales no quisieran que se levantaran los de Dueñas contra su señor el Conde de Buendía.[8]
Ejecución de los comuneros de Castilla (Antonio Gisbert, 1860). Tras la derrota de los comuneros en Villalar el 23 de abril de 1521, la causa comunera decayó y la caída de Dueñas en manos imperiales fue inmediata.

Los acontecimientos acaecidos en Dueñas, sirvieron de espoleta que animó a otras ciudades a levantarse contra sus señores como, por ejemplo, Arévalo, Madrigal y Olmedo. Dueñas, además, se convirtió en el cuartel general del obispo de Zamora, Antonio de Acuña, a quien la Junta había encargado incentivar la causa comunera en Palencia y la Tierra de Campos, iniciando su campaña de propaganda en Dueñas el 24 de diciembre de 1520. En enero del año siguiente se inició la gran ofensiva contra los señoríos de Tierra de Campos, reclutándose hombres de Palencia, Torquemada y Dueñas para el saqueo de Magaz, Tariego y Fuentes de Valdepero.  El 23 de enero, el obispo Acuña, fracasó en la toma del castillo de Magaz, por lo que se contentó con entrar y saquear la villa.  Al saqueo de Magaz, siguió el de Tariego, villa perteneciente también a los condes de Buendía, por lo que el 28 de enero la Junta, a petición de los procuradores de Segovia, enviaron al obispo una nota similar a la enviada ese mismo día a los responsables del ejército (Padilla, Zapata y Juan de Mendoza) para prohibir formalmente todo acto de pillaje, en la que se le comunicaba que devolviera la fortaleza recién tomada a su propietario, que no estaba considerado como enemigo del reino.

Finalmente, tras la derrota de los comuneros en la batalla de Villalar el 23 de abril de 1521, la causa comunera decayó y la caída de Dueñas en manos imperiales fue inmediata: el 27 de abril los gobernadores obligaron al alcalde a que entregara la fortaleza a los condes de Buendía. Los vecinos de Dueñas nombraron una comisión de vecinos para visitar a los condes en su destierro pero los comisionados regresaron disgustados porque, por parte del conde, no había ningún problema para el perdón pero la condesa les había recibido de “muy mal rostro”. Por lo que se refiere a Dueñas, que fue considerada una de las primeras villas en alzarse, el joven emperador Carlos estimó que los primeros alzamientos contra los condes de Buendía nada tenían que ver con el movimiento comunero, sino que se debían más bien al propio resentimiento de los ciudadanos con su propio señor y, a su juicio, había sido “una felonía contra el conde, pero, en modo alguno un levantamiento contra la monarquía”. Por ello, la represión sobre Dueñas no fue comparable a la de otras zonas sublevadas, aunque se produjeron diversas condenas a los cabecillas del levantamiento como apresamientos, destierros, ahorcamientos, etc. En concreto, el 20 de abril de 1524, a Diego de Palencia se le prohibió residir en la localidad y sus alrededores, mientras que Alonso de Dueñas fue absuelto. Se desconoce el veredicto final de Pedro y su hijo Rodrigo Niño, aunque su proceso es el que aporta la detallada información de este suceso, publicado por Danvila y Collado.

Enfermedad mental y pleito de sucesión

Otro de los aspectos más conocidos relacionados con el III conde de Buendía es su aparente deficiencia mental, que el estudio de Abilio Burgos de Pablo cataloga con alta probabilidad como una esquizofrenia leve, caracterizada por temporadas de relativa calma y subsiguientes estados de alteración.[9] En 1506, un escrito de su hermano Pedro solicita a la reina Juana el permiso para administrar la hacienda del conde, puesto que «es furioso y mentecato [y] tiene defectos de juicio natural».[10] Para apoyar su pretensión, menciona algunas incidencias: era agresivo y había que encerrarlo, sin armas a su alcance o con vigilancia, para evitar que hiciese daño a las personas, no podía llevarse la comida a la boca, había dicho que era moro y que se comunicaba con poderes sobrenaturales, una vez se tiró a un pozo sin agua y no quería salir porque decía encontrarse como en el mismísimo paraíso terrenal, entre otras.[11] Pedro afirma que sus trastornos habían comenzado a la edad de ocho años, si bien se trataban de episodios temporales de locura y luego recuperaba la razón.

El pleito para arrebatarle la administración de los bienes al conde, supuestamente inhabilitado por su estado mental, llegó hasta el reinado de Carlos I. Los testigos presentados por el conde contradijeron a la parte de su hermano Pedro y afirmaron de él que era un hombre cabal y correcto, que ayudaba a los necesitados y era protector de la iglesia mayor, del convento de san Agustín y del hospital de Santiago Apóstol de Dueñas.[12] Por su parte, la comisión formada por el conde de Benavente y el señor de Montalbán respaldaron a Juan de Acuña y pidieron que no se de lugar a la solicitud de su hermano Pedro.[12] De hecho, el pleito continuó hasta la muerte del conde en 1528[13], por lo que, pese a las reclamaciones de sus hermanos, no se le llegó a inhabilitar o desposeer de su título y mayorazgo. Tan sólo se nombró como tutor a su hermano Pedro de Acuña, futuro IV conde de Buendía, tras el fallecimiento en 1526 de la condesa María López de Padilla, quien era la que había venido administrando la hacienda y estados del conde en los momentos de incapacidad de su marido.

Fallecimiento y entierro

Sepulcros pertenecientes a sus padres, Lope Vázquez de Acuña e Inés Enríquez de Quiñones, conservados en el panteón condal

Falleció en Dueñas el 6 de marzo de 1528 ab intestato (sin testamento), por lo que, a diferencia de sus antecesores, para los que se construyeron magníficos sepulcros en el panteón condal del linaje ubicado en el altar mayor de la iglesia parroquial de Dueñas, fue enterrado bajo una sencilla lápida en el suelo de dicho altar.

Años después, en 1558, por medio de una de sus mandas testamentarias, su hermano y sucesor, el V conde de Buendía dispuso que se construyera una cripta en este espacio, que ejecutó ya su hijo y sucesor, el VI conde de Buendía, hacia 1570. Esta cripta se realizó no sólo para cobijar su sepulcro, sino también los de sus antecesores, enterrados hasta entonces en simples lápidas en el suelo del altar-coro.

Actualmente, sin embargo, esta cripta no se conserva, pues debió ser destruida durante las reformas realizadas en esta iglesia a lo largo del siglo XX. A principios del siglo XX, en 1907, el médico e historiador palentino Francisco Simón y Nieto llegó a realizar un estudio sobre el cráneo del III conde de Buendía, tal y como señala Amado Salas en uno de sus textos: “observaciones hechas sobre el cráneo del citado conde por D. Francisco Simón y Nieto”;[14] momento en el que se describe así dicha cripta:

"[...] En el centro del antiguo coro, actual capilla mayor, junto al facistol, sitio que hoy corresponde a la cripta que se halla metro y medio o dos metros bajo el piso de la actual capilla mayor. […] La prueba no puede ser más patente, ni más claro el señalamiento del sitio, que actualmente conserva pues están los féretros en el centro de la actual cripta comprendida dentro del coro antiguo”.[15]

Matrimonio y descendencia

Juan de Acuña contrajo matrimonio en junio de 1503 con María López de Padilla, hija de Pedro López de Padilla, adelantado mayor de Castilla, e Isabel Pacheco[16]. Se firmaron unas primeras capitulaciones matrimoniales por parte del hermano del conde, Fadrique de Acuña, y el adelantado mayor. Fueron otorgadas en Granada el 15 de julio de 1501 tras recibir la autorización de la reina Isabel, quien accedió a dar el visto bueno a este enlace "no obstante su enfermedad [la del conde], respecto de tener la voluntad de todos ellos [de todos los familiares]".[17] Pese a ello, unos días después, el 23 de julio, los Reyes Católicos debieron de cambiar de opinión respecto al estado del conde de Buendía y expidieron una cédula en la que disponían que su tío, Luis de Acuña, gobernara y rigiera la persona y casa de su sobrino "por no tener éste disposición para ello por causa de su enfermedad".[18]

Debido a esta decisión, las capitulaciones matrimoniales definitivas no se firmaron hasta dos años después, en Alcalá de Henares el 26 de mayo de 1503, por parte del tutor del conde, su tío Luis de Acuña, y el adelantado, siendo aprobadas por la reina Isabel el 30 de mayo.[19] Dichas capitulaciones suponían un doble matrimonio, pues se acordaba también el matrimonio de Inés Enríquez de Acuña, hermana del conde, con el hermano de María, sucesor en el adelantamiento, Antonio de Padilla. Por lo que respecta a la dote, María habría de entregar al conde 5 cuentos de maravedís, mientras el conde le había de entregar 1 cuento de maravedís en concepto de arras. Asimismo, el conde había de conceder a Antonio como dote de su hermana 5 cuentos de maravedís, mientras que Antonio de Padilla había de entregarle a Inés 2 cuentos y 200 mil maravedís de arras.

Previéndose ya dificultades en la sucesión de este matrimonio, el conde y su suegro realizaron un pleito homenaje en Alcalá el 2 de junio de 1503 por el "que, en caso de fallecer dicho conde sin dejar sucesión en María de Padilla, serían entregadas las fortalezas de Dueñas y Tariego a Pedro de Acuña, su hermano".[20] Pleito homenaje al que se sumó la propia María de Padilla en Dueñas el 11 de diciembre, "prometiendo que en caso de morir el conde de Buendía su marido sin sucesión de ella mandaría entregar las fortalezas de Dueñas y Tariego a Pedro de Acuña o a quien sucediese en los estados de su marido".[21]

De este matrimonio, nació una única hija:

  • Catalina de Acuña (1511-1541), que nació también con deficiencias mentales y murió en 1541[16]. Dada la incapacidad de su marido, su madre nombró como tutor de su hija a su primo Fadrique Enríquez de Velasco, IV almirante de Castilla, a través de su testamento, otorgado en Dueñas el 17 de febrero de 1511 cuando todavía se encontraba embarazada. Éste intentó reclamar la herencia del título y mayorazgo de los Buendía para Catalina frente a sus tíos Pedro y Fadrique, pero sin éxito.

Referencias

Bibliografía

Related Articles

Wikiwand AI