La revuelta de Dueñas de 1520 se trata de una revuelta antiseñorial que tuvo lugar la noche del 1 de septiembre de 1520 en la localidad palentina de Dueñas, perteneciente por entonces de los condes de Buendía, Juan de Acuña, III conde de Buendía, y su mujer María López de Padilla. La sublevación de la villa de Dueñas no sería un hecho aislado sino que daría lugar a una amplia ola antiseñorial que se desarrolló paralelamente a la Guerra de las Comunidades de Castilla. En este sentido, el historiador hispanista Joseph Pérez considera que este movimiento generalizado contra la nobleza no encuentra causa directa en la insurrección comunera, sino que tan sólo se consumó al amparo de ella.
Grabado de Dueñas 1808
En plena noche del 1 de septiembre lun grupo fuertemente armado de vecinos, capitaneados por Pedro Niño, un burgués converso, se dirigió a la fortaleza para asaltarla y apoderarse de ella. Ante esta situación, el alcaide de ésta les amenaza advirtiéndoles del buen equipamiento de cañones y mosquetones que poseía la fortaleza, por lo que deciden dirigirse a la llamada «plazuela de las tercias», penetrando violentamente en el palacio de los condes de Buendía, sin escuchar las súplicas de Luis de Acuña y sirviéndose de un postigo abierto por Rodrigo Niño, hijo del líder de los asaltantes que trabajaba de paje en el palacio. Los condes fueron hechos prisioneros y llevados a la vivienda de Alonso de Dueñas, militar de grado capitán que había participado en la Jornada de Las Gelves, donde les obligaron a firmar bajo amenazas una carta dirigida al alcaide del castillo para que hiciese entrega de la fortaleza, sus armas y pertrechos a los sublevados.
Posteriormente, los condes fueron expulsados de la villa, que quedó a cargo de Pedro Niño (según alega él en el juicio, forzosamente), a quien los testigos le consideran el principal responsable del levantamiento. Tras la victoria de los amotinados, estos manifestaron al regente Adriano de Utrecht su deseo de que la villa sea elevada nuevamente a la calificación de realengo, reclamo que no prosperó.
Tras haber tomado el control de la villa, en la casa de Pedro de Palencia, elegido escribano por los rebeldes, se prepararon misivas a las principales ciudades —entre ellas Palencia y Valladolid—, así como a la Santa Junta, en las cuales se demandó ayuda y se justificó el levantamiento debido a los agravios cometidos por parte de su señor. La Junta comenzó a dudar entre posicionarse del lado de la nobleza o proteger a los sublevados y la revuelta de Dueñas inspiró aún más desconfianza a los grandes señores, que temían movimientos similares en sus propios dominios. El conde de Buendía reclamó responsabilidad a la Junta y más tarde atribuyó el alzamiento a los comuneros señalando que el mismo fue cuidadosamente planeado en conjunto con la comunidad toledana, quien según él ya había tratado el asunto en agosto. Fue el propio conde quién presentó la acusación de traición contra los principales instigadores de la revuelta de Dueñas, que resultaron procesados.
Finalmente, tras la derrota de los comuneros en la batalla de Villalar el 23 de abril de 1521, la causa comunera decayó y la caída de Dueñas en manos imperiales fue inmediata: el 27 de abril los gobernadores obligaron al alcalde a que entregara la fortaleza a los condes de Buendía. Los vecinos de Dueñas nombraron una comisión de vecinos para visitar a los condes en su destierro pero los comisionados regresaron disgustados porque, por parte del conde, no había ningún problema para el perdón pero la condesa les había recibido de “muy mal rostro”. Por lo que se refiere a Dueñas, que fue considerada una de las primeras villas en alzarse, el joven emperador Carlos estimó que los primeros alzamientos contra los condes de Buendía nada tenían que ver con el movimiento comunero, sino que se debían más bien al propio resentimiento de los ciudadanos con su propio señor y, a su juicio, había sido “una felonía contra el conde, pero, en modo alguno un levantamiento contra la monarquía”. Por ello, la represión sobre Dueñas no fue comparable a la de otras zonas sublevadas, aunque se produjeron diversas condenas a los cabecillas del levantamiento como apresamientos, destierros, ahorcamientos, etc. El 20 de abril de 1524 a Diego de Palencia se le prohibió residir en la localidad y sus alrededores, mientras que Alonso de Dueñas fue absuelto. Se desconoce el veredicto final de Pedro y su hijo Rodrigo Niño.
Bibliografía
Pérez, Joseph (1998). La Revolución de las Comunidades de Castilla (1520-1521). Siglo Veintiuno de España. ISBN 9788432302855.
Danvila, Manuel (1899). Historia critica y documentada de las Comunidades de Castilla.