Empezó a trabajar como telefonista en la Compañía Mexicana Manufacturera de Películas, y después como secretaria en la Inspección de Policía. Durante el periodo en que José Vasconcelos fue nombrado Ministro de Educación, se reincorpora a los maestros que apoyaron el movimiento revolucionario, entre ellos a su madre y a ella se le asignó el puesto de ayudante de maestra en la Escuela Técnica Seis. Durante esta época se inscribió en la escuela en Feliciano Verdad para estudiar biblioteconomía, titulándose con honores. Al concluir sus estudios, le ofrecieron el puesto de bibliotecaria, el cual rechazó en ese momento.[4]
En 1926, fue invitada por Elena Torres a trabajar en las Misiones Culturales Nacionales impulsadas por la Secretaría de Educación Pública, las cuales tenían el propósito de mejorar las condiciones para los maestros que trabajan en las zonas rurales. Para abril de 1926 se habían establecido seis misiones en Morelos, Aguascalientes, Oaxaca, Chiapas, Hidalgo y Tlaxcala que cubrían a más de 2000 maestros rurales, después se ampliaron a 18 misiones y más de 4000 maestros en los siguientes diez años. Al tiempo, Elena Torres renunció, dejando a cargo a Julia de las misiones.[5]
Estableció el decálogo de la trabajadora social durante las misiones culturales, el cual incluía los siguientes puntos:
1 . Debe hacer obra que perdure; 2. Debe hacerla con cariño; 3. Para hacerla tiene que conquistarse a la gente; 4. Debe coordinar su trabajo con el de los otros misioneros; 5. Debe seguir el trabajo que deja empezado y continuarlo y alentarlo desde cualquier lugar donde se encuentre; 6. Infundir en los maestros el deseo de ser directores y guiadores de la comunidad y enseñarles la manera de hacerlo; 7. Siempre enseñar con el ejemplo
En sus palabras:[6]
El trabajo social que está encomendado a nosotras, es tal vez, el más delicado y difícil de la Misión, porque necesitamos ganarnos la confianza de las gentes campesinas para infundirles aspiraciones de mejoramiento de vida social, moral y materialmente, para que al retirarse la Misión continúen en este sentido el trabajo que dejamos iniciado en cada lugar que tocamos. Esto es lo fundamental de nuestra obra : que la labor no se pierda, que se continúe y que pueda
continuarse por las mismas personas de los lugares donde hemos estado.
Durante estas misiones apoyó en la creación de parques infantiles, impartió clases de asignatura, cursos de primeros auxilios, fundó la Cruz Roja Infantil y organizó eventos deportivos y festivales patrios para enseñar el nuevo baile nacional: El Jarabe Tapatío, convirtiéndose en una de las mayores difundidoras de esta danza.
Hacia marzo de 1929, el secretario de educación le encomienda la misión de mediar en la zona cristera de Jalisco, donde se presentaron algunos conflictos con maestros evangélicos. Para suavizar los ánimos creó un festival al que llamó Té Rosa, el cual tuvo bastante éxito y a su paso por la zona los pobladores la iban recibiendo para que se los enseñara. A través de diferentes regiones fue desarrollando diferentes festivales musicales que dieron identidad a los pueblos.[7]
Al regresar de las primeras misiones, se le asignó la clase de Sociología en la Casa del Estudiante Indígena por un breve periodo ya que al poco tiempo después regresó al recorrido, durante estas misiones también realizaba reportajes, ya sea sobre las haciendas, de la vida de los campesinos o de la situación femenina en el país.
Al concluir su peregrinar de las misiones, aceptó un trabajo de ayudante de la Biblioteca de Peralvillo donde apoyó en el fomento de la lectura. A su llegada de 40 lectores regulares se incrementaron a casi 400. De ahí, se transfirió a la Biblioteca Iberoamericana y después de un tiempo se le asignó la Dirección de la Biblioteca José Enrique Rodó.[7]