Justicia del vencedor
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La expresión «justicia del vencedor» (en alemán, Siegerjustiz) se aplica a una situación en la que la parte que realiza la «justicia» aplica normas distintas para juzgar lo que es bueno o malo para sus propias fuerzas y para las del (ex) enemigo. Se defiende generalmente que la diferencia entre las reglas supone hipocresía y lleva a la injusticia. Es un término despectivo.
Está muy relacionado con el comportamiento del vae victis, en el que el vencedor cambia unilateralmente los tratados acordados o sus interpretaciones. También esta es considerada una forma de «justicia del vencedor».
Ya en la Antigua Roma aparecen en Cicerón restricciones legales en la conducción de la guerra:
Las infracciones de este deber por los ciudadanos romanos eran llevadas a juicio.
Pero a los enemigos de guerra, la ley romana no atribuye ningún deber ni derecho; por lo tanto el juicio (y castigo) de los enemigos derrotados era dejado a criterio romano.
Aun así, el ejercicio de ese criterio debía servir a la justicia. Cicerón argumentó:
…cuando se consigue la victoria, deberíamos dejar a los que no han sido sedientos de sangre y bárbaros en su ofensiva (hacer la guerra está excusado solo cuando «podemos vivir en paz ilesos» y de ninguna otra manera).[2]
La tradición occidental de pensar en la guerra justa continúa durante la Edad Media y posteriormente en la Edad Moderna. Desde finales del siglo XIX se codificaron en convenciones internacionales, destacando los de Ginebra y los de La Haya, lo que después se llamarían las leyes de la guerra.