Nació el 14 de abril de 1877 en el municipio de Atoyac, en Jalisco, México, en una familia sumida en la pobreza, pero logró salir adelante haciendo sus primeros estudios en Zapotlán y muy pronto manifestó su inclinación por la vida clerical. Sin embargo, su familia se opuso porque contaban con su mano de obra para obtener recursos, finalmente pudo ingresar al Seminario de Guadalajara en octubre de 1894.
Las limitaciones materiales cribaron su adolescencia, carecía de recursos para adquirir los libros de texto, razón por la cual debió cursar muchas asignaturas tomando notas y usando los impresos de sus condiscípulos y sufrió muchas carencias en sus estudios, sin embargo destacó por ser un buen estudiante, estimado por compañeros y superiores.
Destacó como un sacerdote ejemplar, ejerció su apostolado en un medio difícil por el anticlericalismo y la indiferencia religiosa. En su parroquia de Cuquío, fundó una congregación religiosa para atender a las niñas huérfanas y pobres, la Congregación Religiosa de las Hermanas Clarisas del Sagrado Corazón.
En 1928, cuando la persecución de la Guerra Cristera avanzó, decidió refugiarse con los suyos. En una noche planeó todo para refugiarse, después de planear todo con su vicario y compañero de martirio, el padre Atilano Cruz, al ver que su especial actividad pastoral entrañaba incontables peligros, ambos sacerdotes decidieron refugiarse en una casa de rancho llamada Las Cruces, la cual estaba cerca de Cuquío.
En la madrugada del 1 de julio de 1928, las fuerzas federales y el presidente municipal de Cuquío interrumpieron violentamente en el rancho y golpearon la puerta donde dormían el párroco y su vicario. Justino y su hermano llamado José María Orona abrieron y con fuerte voz saludaron a los verdugos. La respuesta fue una lluvia de balas, así Justino, José María y Altiano fallecieron juntos. Actualmente sus restos descansan en el Templo Parroquial de San Felipe de Cuquío.[2][3][4][5][6]