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Kaiken Líneas Aéreas

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Fundación 1988
Inicio 1 de enero de 1989
Cese 16 de marzo de 2000
Kaiken Líneas Aéreas
OACI
KJI
Indicativo
KAIKEN
Fundación 1988
Inicio 1 de enero de 1989
Cese 16 de marzo de 2000
Aeropuerto principal Aeropuerto Internacional Gobernador Ramón Trejo Noel
Sede central Río Grande, Bandera de la Provincia de Tierra del Fuego provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, ArgentinaBandera de Argentina Argentina
Director ejecutivo Óscar Valls

Kaiken Líneas Aéreas[1] fue una empresa de transporte aéreo comercial fundada en 1988 como taxi aéreo. En 1993, empieza a realizar vuelos regulares entre Río Gallegos, Río Grande, Ushuaia y Punta Arenas. Kaikén dejó de volar en el año 2000 dejando una flota de aviones fantasma en el Aeropuerto Internacional Gobernador Ramón Trejo Noel de Río Grande.

Óscar Valls fundó Valls Líneas Aéreas y Servicios en 1988, utilizando desde el principio el nombre de fantasía Kaiken. Comenzó a operar como taxi aéreo el 1 de enero de 1989, con un Beechcraft Bonanza. La empresa era una organización familiar, que tenía dos empleados, uno en Ushuaia y otro en Río Grande, y contrataba el mantenimiento de la máquina al Aero Club de Río Grande y otros talleres habilitados de la zona.

El proyecto era establecer servicios regulares, por lo que fue incorporando aeronaves de mayor capacidad (un Piper PA-31 Navajo y un Beechcraft Twin Bonanza), aún antes de recibir una concesión federal para prestar servicios regulares.

A finales de 1993 compró dos Fairchild Swearingen Metroliner II, que se pagaron con un crédito del Banco de Tierra del Fuego, avalado por los bienes personales de Valls, y con ellos fue posible dar servicios realmente de línea aérea, aunque todavía con concesiones para servicios no regulares. En marzo de 1999 recibió permisos para establecer servicios regulares, con base en Río Grande y Ushuaia, que llegaban a Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia, Bariloche, Córdoba, Lago Argentino (no existía el aeropuerto de El Calafate), Mendoza, Neuquén, Puerto Deseado, Puerto Madryn, Río Gallegos, Santa Rosa, Puerto San Julián y Trelew, a las que se agregaban Punta Arenas y Puerto Montt en Chile.

La aparición de estas rutas permitió la apertura de nuevos mercados en Tierra del Fuego, conectando a los pobladores que llegaban desde diversas provincias. El proyecto impulsó la integración de la isla al unir Ushuaia con Río Grande —en una época donde el asfalto no existía— y al ofrecer vuelos hacia Río Gallegos. Esto resultaba vital, ya que, por entonces, los tramos más cortos de Aerolíneas Argentinas desde la isla llegaban únicamente hasta Trelew.

Sin embargo, el camino estuvo lleno de obstáculos. En 1995, los aeropuertos aún operaban bajo una lógica «porteña», con horarios diurnos centrados en el mediodía. No existía el balizamiento adecuado ni el personal para operaciones nocturnas, al alba o al atardecer, momentos críticos para que los pasajeros locales pudieran completar sus tramos diarios. Además, la precariedad de las radioayudas y el clima extremo de la capital provincial obligaban a operar solo bajo reglas visuales. A estas dificultades se sumaban las tarifas de Intercargo, diseñadas para grandes aeronaves y no para operadores de aviones pequeños como los de Kaiken.

Bajo la visión de Valls, el siguiente paso lógico tras el Metroliner era un avión de mayor capacidad. Su ambición apuntaba al turismo antártico y los vuelos a Malvinas, lo que exigía un cuatrimotor. Así llegaron los De Havilland Canada Dash 7, financiados por el Canadian Imperial Bank en un momento en que Bombardier buscaba expandirse en la región. Aunque se establecieron rutas que llegaban hasta Mendoza y Córdoba, los sueños de Malvinas y la Antártida nunca despegaron. Los impedimentos fueron políticos en el primer caso, y técnicos en el segundo: la pista del Aeródromo Marambio no era apta para vuelos comerciales, lo que generaba conflictos con los seguros y la falta de infraestructura para alojar contingentes. Finalmente, en 1997, estos aviones fueron desguazados en Río Grande, dejando sus cascos abandonados en el aeropuerto durante décadas.

A pesar de estar al borde de la rentabilidad, la estabilidad de Kaiken se vio truncada por el "efecto tequila" en 1994. El mazazo económico provocó una caída del 30% en el tráfico y la desaparición del crédito, justo cuando la empresa acababa de incorporar tres aeronaves. Los intentos de integrarse con otras líneas fracasaron; en la Patagonia, los emprendimientos aéreos solían ser esfuerzos aislados condenados a desaparecer en soledad.

Para mediados de la década, el endeudamiento con el Banco de Tierra del Fuego se volvió insostenible. Paradójicamente, la decadencia de Aerolíneas Argentinas le dio un breve respiro a Kaiken, que absorbió pasajeros de rutas abandonadas e incluso operó en código compartido. En 1997, la flota se renovó con dos Saab 340 (anteriormente de LAPA), y para 1998 el optimismo regresó con un aumento del tráfico y nuevas rutas proyectadas hacia Buenos Aires.

No obstante, los resultados financieros no acompañaron el crecimiento. Ante la falta de pagos, Saab inició la recuperación de sus aviones. Tras una breve batalla judicial, la flota de Kaiken quedó herida de muerte. El 16 de marzo de 2000, se realizó el último vuelo en la ruta Ushuaia-Río Gallegos. Poco después, la empresa solicitó su quiebra. En un último intento, Valls fundó Líneas Aéreas Patagónicas y obtuvo permisos para operar con aviones ATR 42 en 1999, pero el proyecto nunca logró levantar vuelo.[2]

Antiguos destinos

Flota histórica

Referencias

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