Nacido en Berna en 1768 de una familia patricia, nieto del polímata y político Albrecht von Haller, e hijo del historiador y funcionario Gottlieb von Haller. Su entorno familiar era proveniente de un largo linaje de partidarios de la reforma, siendo su ancestro fundador el predicador Johannes Haller, que murió junto a Ulrico Zuinglio en la segunda batalla de Kappel durante las guerras de religión suizas.[2] El joven bernés fue instruido bajo el molde de las clases ilustradas, entre los idiomas clásicos, la teología reformada y la lectura de los filósofos de la época, en menor grado que la de su abuelo debido al trabajo de su padre como funcionario público de la república de Berna, que se movía entre diferentes cantones, lo cual no era fácil por su salud frágil del joven Karl Ludwig, llegando incluso a tener hermanos fallecidos por enfermedad.
Durante su juventud su padre se vuelve un letrado de la corte y consigue un puesto fijo en la administración del cantón, y eso le permite tener una educación estable bajo la tutoría de ilustrados suizos como el erudito Philipp Albert Stapfer, o el teólogo Johann Samuel Ith, ambos enfocados fuertemente en principios humanistas.[3] El joven Haller para 1784 ya es un trabajador voluntario de la cancillería bernesa, encargándose de corregir las redacciones de instrucciones para diversos cargos del gobierno cantonal. Su familia se muda a la dependencia bernesa de Nyon, donde su padre se convierte en un bailio. Aquella comodidad familiar se trunca en 1786 donde su padre fallece por una enfermedad al corazón. Un Karl Ludwig de 18 años se ve obligado a volverse la cabeza de su familia y ser el tutor material de sus hermanos menores. Con arduo trabajo asciende en la administración cantonal, y en 1787 consigue ser considerado canciller sustituto y también es incluido en el consejo de gobierno de la ciudad-estado.
En 1788 es ascendido a secretario de la comisión, en la cual estaba encargado de revisar reportes y decretos relacionados con los asuntos penales. Sus opiniones e inclinaciones eran claramente del bando ilustrado-liberal, teniendo de referente al abate Sieyés y considerando su posición como la más adecuada por su moderación y argumentos razonables.[3]
En 1790, sirve como miembro de la comisión del grano de Berna en el tiempo que una hambruna azotó al cantón. A pesar de ser calvinista la noticia de la confiscación de bienes eclesiásticos por el gobierno francés lo inquieta, lo que le motiva a retirar su inversión en un plan de pensiones que comenzó el año anterior. A mitad de ese año decide viajar a Francia con amigos de la infancia, con dirección a París para presenciar la aplicación de las ideas ilustradas. En la capital francesa conoció al abad Sieyès pero no pudo intercambiar palabras con él. Fue testigo de la Fiesta de la Federación, que conmemoraba el aniversario de la toma de la Bastilla. También estuvo presente en diferentes ocasiones en las reuniones de la Asamblea Nacional como espectador, notando el alboroto y las muchas faltas cometidas contra los oradores girondinos, y su contraste con la educación presente en las repúblicas suizas. Aquellas experiencias le produjeron una gran decepción, ya que hasta ese momento se consideraba un amigo de la revolución.[3]
Para mediados de 1792 las noticias de la masacre de la guardia suiza en el asalto de Tullerías fue la premonición de los desastres de los consiguientes años. En ese largo septiembre Haller fue parte del servicio diplomático bernés, buscando en especial el apoyo de las hermanas repúblicas de Zúrich y Ginebra para asegurar la neutralidad de la Confederación frente a la tormenta revolucionaria en Europa[i]. Aquel noble intento fue recibido de forma hostil por parte de la asamblea francesa, que comenzó a buscar como penetrar en Suiza aprovechando el descontento valdense, un ejemplo de ello fue el intento de insurgencia de los llamados patriotas ginebrinos, lo cual la transformó en la primera república revolucionaria dentro de la Confederación.
Entre 1793 y 1796 con las semillas revolucionarias germinando en Suiza, el bernés seguía participando en diferentes misiones diplomáticas. Durante aquella época von Haller escribió diferentes panfletos en defensa de la neutralidad suiza[ii] pero sin dejar de criticar cualquier concesión derrotista del gobierno a París.
[i]) Cfr. H.R. de Bertigny (ed.). Notice sur la vie et les ecrits de Charles Louis de Haller (1854), 9-10.
[ii]) Ebd. 15-17.