El poema se inicia con la descripción del infortunio de Kirta / Keret, rey de Ubur e hijo del dios El / Ilu: ha perdido a toda su familia, mujeres e hijos: se encuentra sin heredero. Desconsolado, se dirige en sueños al dios El. Este escucha su súplica de engendrar hijos y le indica lo que debe hacer para traer a una nueva esposa, que debe ser la hija, o mejor, la nieta del rey Pabil de Udum. Para ello debe hacer los adecuados sacrificios propiciatorios, por ejemplo a Baal, dios de la lluvia, y reunir un ejército popular en que todos, hasta los más inútiles, participen. Así lo hace y asedia Udum, pero al cabo de siete días el rey Pabil se rinde atemorizado y accede a su petición, pero a cambio de dejar al lado cualquier compensación económica.
Pero entonces hace algo que no se le había indicado en el camino a Udum. Encuentra un santuario de su madrastra, la diosa Asherah, y le promete, sin necesidad alguna de ello, una estatua de oro si encuentra esposa. Ese voto era innecesario, pues recurre a otra divinidad cuando ya había solicitado la mediación de El.
Kirta encuentra a la citada esposa, de la que tiene varios hijos, pero olvida su voto a la diosa, y esta lo castigó con una enfermedad. Esta impiedad afecta también a todo el reino, incluso a la fertilidad de la tierra, que se vuelve estéril. Pero el dios supremo El, frente a la incapacidad de los otros dioses, remedia la situación al crear un geniecillo benéfico que se enfrenta al espíritu de la enfermedad que aflige al rey y la expulsa de su cuerpo. Pero ya sanando tiene que hacer frente a su hijo mayor y heredero, Yassib, el fruto más anhelado de la bendición divina, quien reclama su abdicación por haber faltado a sus deberes como rey mientras estaba incapacitado por la enfermedad (sus funciones de jefe militar y la función social de "juzgar la causa de la viuda, dictaminar en el caso del oprimido y del huérfano". Pero una maldición paterna inapelable del monarca pone fin a la pretensión del príncipe y a la trama del poema. Así acaba el texto, en el que los aspectos domésticos dominan sobre los guerreros.[1]