Kirta

rey legendario, al que se atribuye la fundación de la dinastía de Mitani From Wikipedia, the free encyclopedia

Kirta o Keret fue un rey hurrita legendario, al que se atribuye la fundación de la dinastía de Mitani. Supuestamente, reinó en el siglo XVI a. C.

Se carece de inscripciones sobre su reinado. Pero existe un relato épico en una tablilla de Ugarit, la Epopeya de Kirta, que narra de forma novelada la historia de su vida; no podemos de momento saber, por tanto, cuánto de más o de menos historicidad representa su figura, de momento legendaria. Es una de las dos epopeyas regias que ha conservado esta tradición; la otra es la del hijo del sabio y profeta Daniel, la Epopeya de Aqhat.

Argumento de la Epopeya de Kirta

El poema se inicia con la descripción del infortunio de Kirta / Keret, rey de Ubur e hijo del dios El / Ilu: ha perdido a toda su familia, mujeres e hijos: se encuentra sin heredero. Desconsolado, se dirige en sueños al dios El. Este escucha su súplica de engendrar hijos y le indica lo que debe hacer para traer a una nueva esposa, que debe ser la hija, o mejor, la nieta del rey Pabil de Udum. Para ello debe hacer los adecuados sacrificios propiciatorios, por ejemplo a Baal, dios de la lluvia, y reunir un ejército popular en que todos, hasta los más inútiles, participen. Así lo hace y asedia Udum, pero al cabo de siete días el rey Pabil se rinde atemorizado y accede a su petición, pero a cambio de dejar al lado cualquier compensación económica.

Pero entonces hace algo que no se le había indicado en el camino a Udum. Encuentra un santuario de su madrastra, la diosa Asherah, y le promete, sin necesidad alguna de ello, una estatua de oro si encuentra esposa. Ese voto era innecesario, pues recurre a otra divinidad cuando ya había solicitado la mediación de El.

Kirta encuentra a la citada esposa, de la que tiene varios hijos, pero olvida su voto a la diosa, y esta lo castigó con una enfermedad. Esta impiedad afecta también a todo el reino, incluso a la fertilidad de la tierra, que se vuelve estéril. Pero el dios supremo El, frente a la incapacidad de los otros dioses, remedia la situación al crear un geniecillo benéfico que se enfrenta al espíritu de la enfermedad que aflige al rey y la expulsa de su cuerpo. Pero ya sanando tiene que hacer frente a su hijo mayor y heredero, Yassib, el fruto más anhelado de la bendición divina, quien reclama su abdicación por haber faltado a sus deberes como rey mientras estaba incapacitado por la enfermedad (sus funciones de jefe militar y la función social de "juzgar la causa de la viuda, dictaminar en el caso del oprimido y del huérfano". Pero una maldición paterna inapelable del monarca pone fin a la pretensión del príncipe y a la trama del poema. Así acaba el texto, en el que los aspectos domésticos dominan sobre los guerreros.[1]

Referencias

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