Lúcia dos Santos
monja carmelita y una de las videntes de la Virgen María en Fátima, Portugal, en 1917
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Lúcia de Jesús Rosa dos Santos, OCD (Ourém, Portugal, 28 de marzo de 1907 - Coímbra, Portugal, 13 de febrero de 2005), también conocida como Lúcia de Fátima y por su nombre religioso María Lúcia de Jesús y del Inmaculado Corazón,[1] fue una religiosa portuguesa de la Orden de los Carmelitas Descalzos. Sor Lúcia y sus primos Francisco y Jacinta Marto afirmaron haber presenciado las apariciones de Nuestra Señora de Fátima en 1917.[2] Su proceso de beatificación se abrió en 2017 y fue declarada venerable en 2023.[3]
| Lúcia dos Santos | ||
|---|---|---|
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Sor Lúcia, c. 1998. | ||
| Información personal | ||
| Nombre en portugués | Lúcia de Jesus Rosa dos Santos | |
| Nombre religioso | María Lúcia de Jesús y del Inmaculado Corazón | |
| Nacimiento |
22 de marzo de 1907 Aljustrel, Ourém, Portugal | |
| Fallecimiento |
13 de febrero de 2005 (97 años) Coímbra, Portugal | |
| Sepultura | Basílica de Nuestra Señora del Rosario | |
| Nacionalidad | Portuguesa | |
| Religión | Iglesia católica | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Religiosa | |
| Orden religiosa | Orden de los Carmelitas Descalzos | |
| Sitio web | ||
Nacida en 1907 en una familia de pequeños terratenientes en las afueras de Fátima, Portugal,[4] Lúcia adquirió notoriedad en 1917 como la mayor de los tres niños testigos de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima.[2] Eso la involucró junto a sus dos primos, quienes afirmaron haber visto a la Virgen María en seis apariciones,[2] que despertaron un gran interés y concluyeron con lo que se llamó el Milagro del sol, presenciado por decenas de miles de personas en octubre de ese año.[2] El 13 de julio de 1917, la Virgen les reveló a los niños tres secretos, el primero de ellos descrito como «bueno para algunos y malo para otros», el cual consistía en una visión del infierno.[5] El segundo secreto predecía el final de la Primera Guerra Mundial, aunque anunciaba una peor si la gente no dejaba de ofender a Dios.[6] Para evitarla, María les pidió la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón y el establecimiento de la Devoción de los primeros sábados. Esta segunda guerra, de ocurrir, sería presagiada por una noche iluminada por una luz desconocida, como una «gran señal» de que el tiempo del castigo estaba cerca.[7] La guerra no pudo ser evitada y sor Lúcia aseveró que la aurora boreal de 1938 fue la extraña luz de la que hablaba María y que finalmente dio inicio a la Segunda Guerra Mundial.[7] El tercer secreto consistía en una visión de la muerte del papa y otras figuras religiosas, pero a diferencia de los dos primeros, sor Lúcia tardó más tiempo en transcribirlo y luego de hacerlo, permaneció en un sobre sellado hasta 1960,[8] cuando fue enviado al Vaticano, que lo mantuvo en secreto hasta el 2000.[9] La Santa Sede describió el tercer secreto como una visión del intento de asesinato del papa Juan Pablo II en 1981, que tuvo lugar un 13 de mayo, en el 64º aniversario de la primera aparición de la Virgen.[10]
Después de que Francisco y Jacinta murieran durante la gripe española, Lúcia se convirtió en la única pastora sobreviviente que había sido testigo de las apariciones.[11] En 1921, ingresó en un convento en España, inició su noviciado en 1926 y finalmente se consagró como carmelita descalza en 1948, período durante el cual continuó experimentando visiones.[12] Escribió numerosos libros sobre sus experiencias en Fátima y muchas cartas sobre los eventos.[13][14] Entre 1935 y 1993, escribió seis memorias, las cuatro primeras entre 1935 y 1941, y las dos siguientes en 1989 y 1993 respectivamente. Si bien sus declaraciones sobre la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón fueron ambiguas, finalmente admitió que la misma se había completado tal los deseos de la Virgen en la ceremonia celebrada por Juan Pablo II en 1984 en unión con todos los obispos del mundo.[15] Tras un largo período de mala salud, la hermana Lúcia murió el 13 de febrero de 2005 en el convento carmelita de Santa Teresa en Coímbra.[16]
Biografía
Primeros años de vida


Lúcia era la menor de los siete hijos de António dos Santos (1868-1919) y María Rosa Ferreira (1869-1942),[17] ambos oriundos de Aljustrel, que se casaron el 19 de noviembre de 1890.[1] La familia Santos cultivaba unas tierras que poseía «en dirección a Montelo, Ortiga, Fátima, Valinhos, Cabeço, Charneca y Cova da Iria».[4]
Lúcia nació el 28 de marzo de 1907; su bautizo tuvo lugar el 30 de ese mismo mes en la iglesia parroquial de Fátima.[18] En esos años se exigía, bajo multa en caso de incumplimiento, que los padres bautizasen al hijo al octavo día del nacimiento; eso hizo que su inscripción en el registro oficial fuese el 22 de marzo, y ese fue el día que celebraba su cumpleaños.[19] Su padre, según ella, era un hombre trabajador y generoso que la introdujo al catolicismo, y en contraste con la actitud que tomó el pueblo, le creyó a los niños cuando dijeron haber visto a María. Lúcia comentó que su padre tampoco era un bebedor empedernido como se rumoreaba, pero que le gustaba socializar en la taberna. Debido a un entredicho con el párroco local, Antonio concurría a la iglesia de un pueblo cercano para evitar encontrarse con él.[n. 1]
María Rosa sabía leer y escribir, aunque nunca alfabetizó a sus hijos. Le gustaba la literatura religiosa y la narración, y regularmente daba clases de catecismo a sus hijos y a los del vecino.[n. 2][22] Lúcia ingresó al colegio de Oporto recién a la edad de 14 años, donde recibió una educación moral y religiosa rigurosa, pero en cuanto a su instrucción cultural, esta fue más deficiente, dado que —como la mayoría de los campesinos— apenas sobrepasó la primaria.[23] Según su madre, Lúcia repetía todo lo que oía «como un loro».[24] John De Marchi describió sus rasgos de la siguiente manera: «No era una niña bonita. El único atractivo de su rostro —que no era en absoluto repelente— eran sus dos grandes ojos negros que miraban fijamente desde debajo de unas pobladas cejas. Su cabello, espeso y oscuro, estaba dividido al medio sobre sus hombros. Su nariz era más bien plana, sus labios gruesos y su boca grande».[25]
Lúcia era una ávida narradora[26] y compuso canciones tanto sacras como profanas. También escribió un poema sobre Jacinta que aparece en sus memorias y a los ocho años ya cuidaba las ovejas de la familia, acompañada de otros niños y niñas del pueblo.[1] Recibió la primera comunión a los seis años, cuatro años antes de la edad habitual. Al principio, el párroco se negó a darle la comunión tan pronto, pero el padre Cruz, un misionero jesuita de visita desde Lisboa, conversó con Lúcia tras encontrarla llorando ese día y concluyó que «entiende lo que hace mejor que muchos otros».[27] Después de su primera confesión, rezó ante el altar de Nuestra Señora del Rosario y afirmó haber visto a la imagen sonreírle. Eso la impactó profundamente: «Perdí el gusto y la atracción por las cosas del mundo, y solo me sentía como en casa en algún lugar solitario donde, a solas, podía recordar las delicias de mi primera comunión».[28]
Apariciones de Nuestra Señora de Fátima
Entre mayo y octubre de 1917, Lúcia y sus primos Francisco y Jacinta Marto reportaron visiones de una dama luminosa, que creían que era la Virgen María, en los campos de Cova da Iria, a las afueras de la aldea de Aljustrel, cerca de Fátima, Portugal.[16] Los niños dijeron que las visitas tuvieron lugar el día 13 de cada mes, aproximadamente al mediodía, durante seis meses. La única excepción fue en agosto, cuando los niños fueron detenidos por el administrador local, creyendo que las profecías tenían motivaciones políticas en oposición a la Primera República Portuguesa, oficialmente laica, establecida en 1910.[5] Ese mes no reportaron una visión de la Virgen hasta luego de ser liberados de la cárcel, dos días después. Los periódicos informaron sobre las profecías y muchos peregrinos comenzaron a visitar la zona. Los relatos de los niños fueron profundamente controvertidos y suscitaron intensas críticas tanto de las autoridades locales, como de seculares y religiosas;[29] dos militares a caballo inclusive bromearon con la idea de cortarle la cabeza a Lúcia para terminar con el asunto en una oportunidad.[30]

Los tres niños afirmaron haber visto a la Santísima Virgen María en un total de seis apariciones entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. Lúcia también reportó una séptima aparición mariana en Cova da Iria. Según los relatos de Lúcia, la señora les dijo a los niños que hicieran penitencia y sacrificios para salvar a los pecadores.[31] Lúcia dijo que la señora recalcó la importancia de rezar el rosario todos los días para traer la paz al mundo.[32] Los niños la describieron como «una Señora más brillante que el Sol». Relataron una profecía según la cual la oración pondría fin a la Gran Guerra y que el 13 de octubre de ese año la Señora revelaría su identidad y obraría un milagro «para que todos creyeran».[33] Muchos jóvenes portugueses, incluidos familiares de los videntes, luchaban entonces en la Primera Guerra Mundial.[34] La madre de Lúcia creía que inventaba mentiras para llamar la atención. Aunque hasta entonces era la hija predilecta, la pequeña sufría palizas y burlas por parte de su madre, quien se mostraba especialmente incrédula ante la idea de que la Virgen le hubiera pedido que aprendiera a leer y escribir.[35]
Antecedentes y aparición del 13 de mayo de 1917
En 1915, en lo alto del Monte do Cabeço, Lucía y tres de sus compañeras —Teresa Matías, su hermana María Rosa y María Justino— presenciaron manifestaciones así descritas en las memorias de la vidente: «Habíamos empezado mal (rezando el rosario) cuando, delante de nuestros ojos, vemos, como suspendida en el aire, sobre la arboleda, una figura como si fuese una estatua de nieve que los rayos de sol convertían en algo transparente. "¿Qué es aquello?", preguntaron mis compañeras, medias asustadas. "¡No sé!". Continuamos nuestro rezo, siempre con los ojos fijos en dicha figura que, en cuanto terminamos, desapareció».[36]
Lúcia contó también que, durante 1916, ella y sus primos tuvieron varias visiones de un ángel que se hacía llamar el «Ángel de Portugal», «Ángel de la guarda» y el «Ángel de la Paz», que les enseñó a prosternarse, los arengó a ofrecer sacrificios en actos de reparación y a decir: «Dios mío, creo, adoro, espero y te amo. Pido perdón por quienes no creen, no adoran, no esperan y no te aman». Lúcia posteriormente musicalizó esa oración y existe una grabación de ella cantándola.[37] También se dijo que, tiempo después, el ángel regresó y les enseñó una devoción eucarística ahora conocida como la Oración del Ángel.[38][39] En una oportunidad, también les dio de beber de un cáliz a Francisco y Jacinta, y le entregó una hostia a Lúcia en alimento.[36]

El 13 de mayo de 1917, los pastorcitos informaron haber visto a una mujer «más brillante que el sol, que emitía rayos de luz más claros e intensos que una copa de cristal llena de agua centelleante y atravesada por los ardientes rayos del sol».[40] La mujer vestía un manto blanco con ribetes de oro y sostenía un rosario en la mano. Les pidió que se consagraran a la Santísima Trinidad y que rezaran el «Rosario todos los días, para traer la paz al mundo y el fin de la guerra».[40] En la primera aparición, escribió Lúcia, los niños quedaron tan conmovidos por el resplandor que involuntariamente dijeron: «¡Santísima Trinidad, te adoro! Dios mío, Dios mío, te amo en el Santísimo Sacramento».[41] Lúcia también dijo que escuchó a María pedir que se añadieran las siguientes palabras al Rosario después del Gloria Patri: «Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno. Lleva a todas las almas al Cielo, especialmente a las más necesitadas».[42] Aunque los niños nunca le habían contado a nadie sobre la vista anterior del ángel, Jacinta le contó a su familia que había visto a la mujer radiante. Lúcia les había dicho antes que los tres debían mantener esta experiencia en secreto.[43] La madre de Jacinta, incrédula, se lo contó a los vecinos en broma, y al cabo de un día, todo el pueblo supo de la visión de los niños.[44]
Aparición del 13 de junio de 1917
Los niños dijeron que la mujer les indicó que regresaran a Cova da Iria el 13 de junio de 1917. La madre de Lúcia buscó el consejo del párroco, el padre Manuel Ferreira, quien le sugirió que los dejara ir. Pidió que le trajeran a Lúcia después para interrogarla.[45] La segunda aparición ocurrió finalmente el 13 de junio, festividad de San Antonio, patrón de la parroquia local. Lúcia contaría más tarde que, en esta ocasión, la señora le reveló que Francisco y Jacinta serían llevados al Cielo pronto, pero que ella viviría más tiempo para difundir su mensaje y su devoción al Inmaculado Corazón de María.[40] Durante la visita de junio, los niños dijeron que la señora les indicó que rezaran el Santo Rosario diariamente en honor a Nuestra Señora del Rosario para obtener la paz y el fin de la Gran Guerra (tres semanas antes, el 21 de abril, el primer contingente de soldados portugueses se había embarcado hacia el frente de guerra).[46] El padre Ferreira declaró posteriormente que Lúcia contó que la señora le dijo: «Quiero que regreses el día 13 y que aprendas a leer para que entiendas lo que quiero de ti... No quiero más».[47]
Aparición del 13 de julio de 1917
Primer secreto
De Marchi afirmó que Lúcia le dijo a su prima antes de viajar a Cova da Iria en previsión de la aparición del 13 de julio de 1917: «Si ella [la Señora] pregunta por mí, Jacinta, dile por qué no estoy allí. ¡Porque temo que sea el Diablo quien la envía a nosotros!».[48] Lúcia escribió en sus memorias que, al día siguiente, la invadió la certeza de que debía ir, a pesar de su temor anterior: «...cuando era casi la hora de partir, de repente sentí que tenía que ir, impulsada por una fuerza extraña a la que apenas podía resistir».[49] Según De Marchi, «las dudas de Lúcia se disolvieron misericordiosamente».[50]

El 13 de julio de 1917, alrededor del mediodía, la señora les reveló a los niños tres secretos, el primero de ellos descrito como «bueno para algunos y malo para otros», el cual consistía en una visión del infierno.[5] Este secreto, junto con otro posterior, fueron revelados en 1941 en un documento escrito por Lúcia, a petición del obispo de Leiria, José Alves Correia da Silva, en parte para facilitar la publicación de una nueva edición de un libro sobre Jacinta.[8] Según diversas interpretaciones católicas, los tres secretos involucran el infierno, la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y las persecuciones de los cristianos en el siglo XX.[51]
«Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos los lados, parecidas al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros. Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo! [en la primera aparición]. De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor».Primer secreto de Fátima.[52]
Segundo secreto
Este era una recomendación para la devoción al Inmaculado Corazón de María como forma de salvar almas y traer paz al mundo.[53] Predecía el fin de la Gran Guerra, pero anunciaba una peor si la gente no dejaba de ofender a Dios.[6] Esta segunda guerra sería presagiada por una noche iluminada por una luz desconocida, como una «gran señal» de que el tiempo del castigo estaba cerca.[7] Para evitarlo, María regresaría para pedir la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón y el establecimiento de la Devoción de los Primeros Sábados. Si sus peticiones eran atendidas, Rusia se convertiría y habría paz; de lo contrario, Rusia propagaría sus errores por todo el mundo, causando guerras y persecuciones contra la Iglesia Católica.[7] La visión culminó con la promesa de que, al final, «el Inmaculado Corazón triunfaría. El Santo Padre consagraría Rusia a María y se concedería un período de paz al mundo».[54]
«Han visto el infierno donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, Dios desea establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que les digo, muchas almas se salvarán y habrá paz. La guerra va a terminar; pero si la gente no deja de ofender a Dios, estallará una peor durante el pontificado del papa Pío XI. Cuando vean una noche iluminada por una luz desconocida, sabrán que esta es la gran señal que dará Dios de que estará a punto de castigar al mundo por sus crímenes mediante la guerra, el hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para evitarlo, vendré a pedir la Consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por todo el mundo, causando guerras y... persecuciones de la Iglesia. Los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, y ella se convertirá, y se concederá un período de paz al mundo».Segundo secreto de Fátima.[54]
En el relato de De Marchi, se describió a Manuel Nunes Formigão, el sacerdote que entrevistó a los niños durante las apariciones, alarmado por una discrepancia entre una profecía que ellos mismos reportaron y las circunstancias de entonces. Según los niños, su aparición predijo que la Primera Guerra Mundial terminaría el 13 de octubre de 1917. «Pero escucha, Lúcia», informa De Marchi que dijo Formigão, «La guerra continúa. Los periódicos dan noticias de batallas después del 13. ¿Cómo puedes explicar eso si Nuestra Señora dijo que la guerra terminaría ese día?». Lúcia respondió: «No lo sé; solo sé que la oí decir que la guerra terminaría ese día [...] Dije exactamente lo que Nuestra Señora había dicho».[55] Jacinta, la niña más pequeña, fue interrogada por separado y dijo lo mismo: «Ella [María] dijo que debíamos rezar el Rosario todos los días y que la guerra terminaría hoy».[56] La Primera Guerra Mundial terminó poco más de un año después, el Día del Armisticio, el 11 de noviembre de 1918.
Tercer secreto
El tercer secreto, una visión de la muerte del papa y otras figuras religiosas, fue transcrito por el Obispo de Leiria y dice:
«Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: "¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!" Y vimos en una inmensa luz que es Dios: "algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él" a un obispo vestido de blanco "hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre". También a otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron uno tras otro los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios».[57]
Arresto de los niños y apariciones del 19 de agosto y 13 de septiembre de 1917

En los meses siguientes, miles de personas acudieron en masa a Fátima y a la cercana Aljustrel, atraídas por relatos de visiones y milagros. El 13 de agosto de 1917, intervino el administrador provincial Artur de Oliveira Santos (sin parentesco con Lúcia dos Santos).[58] Creía que estos sucesos eran políticamente disruptivos en el país conservador. Detuvo a los niños y los encarceló antes de que pudieran llegar a Cova da Iria. Santos interrogó y amenazó a los niños para que revelaran el contenido de los secretos. La madre de Lúcia esperaba que los funcionarios pudieran persuadir a los niños para que pusieran fin a la relación y admitieran su mentira.[5] Lúcia le contó todo a Santos, salvo los secretos, y se ofreció a pedirle permiso a la Virgen para contárselos al funcionario.[59]
Ese mes, en lugar de la aparición habitual en Cova da Iria esperada para el 13 de agosto, los niños informaron haber visto a la Virgen María el 19 de agosto, un domingo, en la cercana Valinhos. Ella les pidió de nuevo que rezaran el rosario a diario, les habló del milagro que se avecinaba en octubre y les pidió «que rezaran mucho, mucho por los pecadores y se sacrificaran mucho, ya que muchas almas perecen en el infierno porque nadie reza ni hace sacrificios por ellas».[59]
Ya mayor, Lúcia también escribió sobre las dudas que expresó de niña sobre la autenticidad de la aparición. Escribió: «Empecé entonces a dudar de si estas manifestaciones podrían ser del diablo [...] realmente, desde que empecé a ver estas cosas, nuestro hogar ya no era el mismo, pues la alegría y la paz habían desaparecido. ¡Qué angustia sentí!».[60] También describió una vívida pesadilla que experimentó durante este período en la que el «diablo se reía de haberme engañado».[60]
En lo que fue la quinta aparición del 13 de septiembre de 1917, la Virgen los arengó a seguir rezando el rosario para alcanzar el fin de la guerra, volvió a referirse al milagro de octubre y se complació con sus sacrificios, aunque les señaló que Dios no quería que durmiesen con la cuerda puesta, sino que solamente la llevaran durante el día. La Señora también les espetó: «[De] la mitad del dinero que junten hasta hoy hagan dos andas y dónenlos a la Señora del Rosario; la otra mitad que sea para la ayuda de la capilla». Lúcia le ofreció dos cartas y un bote con agua de colonia, pero la Virgen manifestó que «eso no es conveniente para llevar al cielo».[36]
Milagro del Sol

Tras la publicación de algunos periódicos de que la Virgen María había prometido un milagro para su última aparición el 13 de octubre, una multitud enorme, posiblemente entre 30 000 y 100 000 personas,[61] incluyendo reporteros y fotógrafos, se congregó en Cova da Iria. Lo que ocurrió entonces se conoció como el «Milagro del Sol».[62]
Se han hecho varias afirmaciones sobre lo que realmente sucedió durante el evento. Los tres niños que originalmente afirmaron haber visto a Nuestra Señora de Fátima informaron haber visto un abanico de visiones durante el evento, incluidas las de Jesús, Nuestra Señora de los Dolores, Nuestra Señora del Monte Carmelo y San José bendiciendo a la gente.[63] El padre John De Marchi, un sacerdote católico e investigador italiano, escribió varios libros sobre el tema, que incluían descripciones de testigos que creían haber visto un milagro creado por María, Madre de Dios.[59] Según los relatos, después de un período de lluvia, las nubes oscuras se desvanecieron y el Sol apareció como un disco giratorio opaco en el cielo. Se dijo que era significativamente más opaco de lo normal y que proyectaba luces multicolores sobre el paisaje, la gente y las nubes circundantes. Luego se informó que el Sol se había precipitado hacia la Tierra antes de volver en zigzag a su posición normal.[5] Los testigos relataron que su ropa previamente mojada se secó «de repente y por completo, al igual que el suelo húmedo y fangoso que previamente había estado empapado debido a la lluvia que había estado cayendo».[64]
No todos los testigos reportaron haber visto al Sol «bailar». Algunos solo vieron los colores radiantes, mientras que otros, incluyendo algunos creyentes, no vieron nada en absoluto.[65][66][67][68] Los científicos no observaron ningún fenómeno inusual del Sol en ese momento.[44] Los escépticos han ofrecido explicaciones alternativas que incluyen la posible sugestión psicológica de los testigos, la distorsión temporal de la retina causada por la mirada fija a la intensa luz del Sol y los efectos ópticos causados por fenómenos meteorológicos naturales.[69]
Las visiones recibieron cada vez más publicidad, y se estima que 70 000 testigos estuvieron presentes en la sexta y última aparición.[32] Lúcia había prometido durante varios meses que la Señora haría un milagro ese día «para que todos crean».[70] Los testigos presentes en Cova da Iria ese día, así como algunos de hasta 40 km de distancia,[71] informaron que el Sol pareció cambiar de color y girar, como una rueda de fuego, proyectando una luz multicolor sobre el paisaje. El Sol pareció precipitarse hacia la Tierra, aterrorizando a muchos, haciéndoles creer que era el fin del mundo.[72][73] La expresión popular, según el reportero de O Século Avelino de Almeida, fue que el Sol «bailó».[74] El evento se conoció como el Milagro del Sol. El episodio fue ampliamente difundido por los medios de comunicación laicos portugueses y un breve artículo del New York Times del 17 de octubre de 1917 le dio cobertura. Lúcia informó ese día que la Señora se identificó como «Nuestra Señora del Rosario». A partir de entonces, también se la conoció como Nuestra Señora de Fátima. En nombre de la Iglesia Católica, el obispo Da Silva aprobó las visiones como «dignas de creer» el 13 de octubre de 1930.[75]
Prácticas religiosas durante el período
De Marchi documentó que en los dos años previos a la muerte de Francisco y Jacinta Marto en la pandemia de gripe española de 1918,[76] los tres niños se negaban periódicamente a comer y beber agua, o bien bebían agua sucia, como la de un estanque de lavandería, como penitencia; De Marchi señaló que la madre de Jacinta había prohibido beber del estanque debido al riesgo de enfermedad.[77] De Marchi escribió: «Bajo el sol abrasador de la sierra, cuando durante las horas brillantes del día el calor se cierne como una estufa caliente por todas partes, se abstuvieron de tomar agua durante un período de treinta días, y en otro momento durante nueve»,[77] y describió a Jacinta como hospitalizada por una enfermedad bronquial grave, después de lo cual le confió a su prima mayor que seguía absteniéndose: «Tenía sed, Lúcia, y no bebí, así que se la ofrecí a Jesús por los pecadores».[78][77] Lúcia escribió que ella y sus primos definían a los «pecadores» no como los no católicos, sino como aquellos que se habían alejado de la Iglesia o, más específicamente, se entregaban voluntariamente a actividades pecaminosas, en particular «pecados de la carne»[79] y «actos de injusticia y falta de caridad hacia los pobres, las viudas y los huérfanos, los ignorantes y los desamparados», que, según ella, eran incluso peores que los pecados de impureza.[80]
En una de sus varias memorias, Lúcia escribió que los niños se ataban «cuerdas de penitencia» tan apretadas alrededor de la cintura que las cuerdas se manchaban de sangre,[81] se azotaban con ortigas, y daban su almuerzo a los mendigos, entre otras mortificaciones rigurosas, y que la aparición del 13 de septiembre de 1917 le dijo: «Dios se complace en tus sacrificios, pero no quiere que duermas con la cuerda puesta; solo úsala durante el día».[82] Francisco y Jacinta se volvieron extremadamente devotos de esta práctica.[83]
Descripción de la Virgen

Los testimonios de los tres niños (especialmente el de Lúcia, la más dotada de las videntes) afirmaron que la aparición medía aproximadamente un metro de altura[84] y parecía una niña de 12 a 15 años,[85] de extraordinaria belleza. Tenía los ojos negros y estaba vestida de un blanco tan luminoso que lastimaba los ojos.[86] Lúcia y Jacinta dijeron que su falda (sic) [87][88] era blanca y dorada, con cordones que iban de arriba abajo y de un lado a otro,[89] y era corta, hasta las rodillas o un poco más abajo,[90] y ajustada.[91] Tenía calcetines blancos, su abrigo era blanco y también vestía una capa blanca que le caía desde la cabeza hasta el dobladillo de la falda, con cordones dorados que iban de arriba abajo.[92] La chaqueta tenía dos o tres cordones en los puños[93] y llevaba un cordón dorado alrededor del cuello, que terminaba con una bola o una medalla;[94] tenía pequeños aros amarillos en las orejas.[95] En las manos llevaba un rosario de perlas blancas, también luminosas, que terminaba en una cruz.[96] Según Lúcia, en la cabeza tenía una especie de «pequeña cestita»[97] que también irradiaba luz,[98] y nunca sonreía.[99] Francisco también decía que hablaba sin mover los labios.[100][101]
La imagen que se venera hoy en día fue inspirada, con pequeños cambios en los detalles, por una imagen preexistente de Nuestra Señora de Lapa.[102] Manuel Nunes Formigão comentó: «Nuestra Señora sólo puede aparecer vestida con la mayor decencia y modestia posible. El vestido debe llegar hasta los pies».[103] El largo de la falda era un escándalo para la época;[104] el reverendo Formigão afirmó que era la principal dificultad para la sobrenaturalidad de la aparición, quizás una mistificación por parte del «espíritu de las tinieblas».[103]
Chanoine Barthas se refirió a la aparición como «la maravillosa joven» y admitió que «no se parece a ninguna de las imágenes de la Santísima Virgen ni de otros santos» que habían visto hasta entonces.[105] Las descripciones posteriores de la Señora se alejaron progresivamente de estos relatos originales,[3] hasta el punto de que resulta difícil reconocerlos. La imagen de la Señora adquirió una apariencia más «clásica», y en 1930, el Dr. Gonzaga da Fonseca, en Roma, ya la describió con una túnica y un manto que le llegaba hasta los pies descalzos.[106]
Vida posterior
Muerte de sus primos e ingreso en el convento

Francisco y Jacinta Marto fallecieron durante la pandemia mundial de gripe que comenzó en 1918 y azotó el mundo durante dos años. Francisco Marto falleció en su casa el 4 de abril de 1919, a la edad de diez años. Jacinta falleció a los nueve años en el Hospital Infantil Reina Estefanía de Lisboa el 20 de febrero de 1920.[107] Su madre, Olímpia Marto, contó que sus hijos predijeron su muerte muchas veces, tanto a ella como a peregrinos curiosos, en el breve período posterior a las apariciones marianas.[59] Actualmente están enterrados en el Santuario de Fátima. Fueron beatificados por el papa Juan Pablo II el 13 de mayo de 2000 y canonizados por el papa Francisco el 13 de mayo de 2017.[108]
Lúcia se mudó a Oporto en 1921 y, a los 14 años, fue admitida como interna en el Colegio de las Hermanas de Santa Dorotea en Vilar, a las afueras de la ciudad.[109] El 24 de octubre de 1925, ingresó como postulante en el Instituto de las Hermanas de Santa Dorotea en el convento de Tuy, Pontevedra, justo al otro lado de la frontera norte de Portugal.[110] Según la hermana Lúcia, el 10 de diciembre de 1925, tuvo una visión de la Santísima Virgen y el Niño Jesús. La Virgen María le pidió la práctica de la devoción de los «cinco primeros sábados» para desagraviarla[111] y le enseñó un corazón rodeado de espinas, que simulaban las ingratitudes y blasfemias a su persona.[36] Si se cumplían las condiciones el primer sábado de cinco meses consecutivos, la Virgen María prometía gracias especiales en la hora de la muerte.[112] Más tarde, el 15 de febrero de 1926, cuando se disponía a sacar la basura al patio del convento, informó de una visión posterior del Niño Jesús reiterando esta petición.[113]
El 20 de julio de 1926, Lúcia se trasladó a Tuy, donde comenzó su noviciado; tomó el hábito el 2 de octubre del mismo año[114] y profesó sus primeros votos el 3 de octubre de 1928.[114] Relató que el 13 de junio de 1929 tuvo una visión en la que la Santísima Virgen le dijo: «Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre, en unión con todos los obispos del mundo, que consagre Rusia a mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarla por este medio».[115] Comprendió que se le estaba mostrando el misterio de la Santísima Trinidad y recibió «luces» sobre este misterio que no le fueron permitidas revelar. La visión, en sus palabras, consistió en lo siguiente: «Con una luz más clara se veía, en la parte superior de la cruz, una cara de hombre con el cuerpo hasta la cintura, sobre el pecho una paloma también de luz, y pegado a la cruz, el cuerpo de otro hombre. Un poco más abajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un cáliz y una hostia grande, sobre la cual caían algunas gotas de sangre que corrían por los rostros del crucificado y de una herida en el pecho».[36] También informó de una aparición de 1931 en Rianjo, Galicia, en la que dijo que Jesús la visitó, le enseñó dos oraciones y le dio un mensaje dirigido a la jerarquía de la Iglesia Católica.[116][117] Hizo sus votos perpetuos el 3 de octubre de 1934,[110] recibiendo el nombre de «hermana Maria das Dores» (María de los Dolores). Se trasladó a la casa de Pontevedra pocos días después de su profesión perpetua y permaneció ahí hasta mayo de 1937, cuando regresó a Tuy.[114]
Escritos, memorias y cartas

La historia de Fátima se desarrolló en dos partes: la que se relató en 1917 y 1922,[118] y la información mencionada posteriormente en las memorias de la hermana Lúcia, que escribió años después, luego de que la Iglesia dictaminara que los sucesos de Fátima eran dignos de fe. Algunos estudiosos argumentaron que sus memorias no fueron sometidas al mismo escrutinio.[119] Los supuestos sucesos sobrenaturales de Fátima no eran ampliamente conocidos fuera de Portugal y España hasta que Lúcia publicó sus memorias, a partir de finales de la década de 1930. Entre 1935 y 1993, escribió seis memorias. A mediados de la década de 1930, el Obispo de Leiria animó a Lúcia (en aquel entonces llamada sor María Lúcia das Dores) a escribir sus memorias para que pudiera revelar más detalles de las apariciones de 1917.[120] En sus primeras memorias, publicadas en 1935, sor Lúcia se centró en la santidad de su prima, Jacinta Marto.[120] Para entonces, la niña fallecida era considerada una santa. En sus segundas memorias, publicadas en 1937, Lúcia profundizó en su propia vida, la aparición del 13 de junio de 1917 y reveló por primera vez las apariciones anteriores del Ángel de la Paz.[121]
Las cuatro primeras se escribieron entre 1935 y 1941,[18] y la traducción al inglés se publicó bajo el título Fatima in Lucia's Own Words (1976). El 12 de septiembre de 1935, los restos mortales de Jacinta Marto fueron trasladados al cementerio de Fátima. Al abrir el ataúd, se constató que el rostro de la vidente estaba incorrupto. Se tomaron fotografías, y el entonces obispo de Leiria, José Alves Correia da Silva, envió algunas a Lúcia, quien se encontraba en Pontevedra en ese momento.[120] En su carta de agradecimiento, Lúcia recordó con cariño a su prima, su «más íntima amiga de la infancia», refiriéndose a algunos datos sobre su carácter. Estas palabras llevaron a Alves Correia da Silva a ordenarle que escribiera todo lo que recordaba de ella y así nació la Primera Memoria de sor Lúcia, que se completó en diciembre de 1935.[120]

Dos años después de la revelación de los hechos relatados en la Primera Memoria, el Obispo de Leiria, convencido de la necesidad de estudiar más a fondo los acontecimientos de Fátima, ordenó a Lúcia que escribiera la historia de su vida y las apariciones. La vidente obedeció y escribió, entre el 7 y el 21 de noviembre de 1937, lo que se conocería como la Segunda Memoria de sor Lúcia. En este texto, la vidente reveló por primera vez los hechos ocurridos con las tres visiones del Ángel de la Paz.[121]
El 26 de julio de 1941, el Obispo de Leiria escribió a Lúcia anunciándole el libro Jacinta, que estaba preparando el Dr. José Galamba de Oliveira. Le pidió que recordara todo lo que pudiera sobre su prima para incluirlo en esta edición. Esta orden cayó sobre el alma de la vidente como un rayo de luz, anunciándole que había llegado el momento de revelar las dos primeras partes del Secreto. Expresó entonces su deseo de añadir dos capítulos a la edición: uno sobre el infierno y otro sobre el Inmaculado Corazón de María.[122] Estas revelaciones se escribieron y completaron el 31 de agosto de 1941. Posteriormente se publicaron y se conocieron como la Tercera Memoria de sor Lúcia.[123]
Sorprendidos por los relatos de la Tercera Memoria, José Alves Correia da Silva y Galamba de Oliveira concluyeron que Lúcia no lo había dicho todo en sus narraciones anteriores y que aún tenía cosas que ocultar. El 7 de octubre de 1941, la vidente recibió la orden de escribir todo lo que sabía sobre Francisco, completar lo que faltaba sobre Jacinta y describir con más detalle las apariciones del Ángel y Nuestra Señora. Lúcia entregó el manuscrito el 8 de diciembre de 1941, dejando claro que no tenía nada más que ocultar excepto la tercera parte del Secreto.[124] El texto se publicó posteriormente como Cuarta Memoria de la hermana Lúcia, y en él la vidente escribió el texto definitivo de las Oraciones del Ángel, añadiendo además al secreto la frase «En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe...».[125]
Aurora boreal de 1938
El 25 de enero de 1938 (durante el ciclo solar 17), una enorme aurora boreal, descrita de diversas maneras como «una cortina de fuego» y «un enorme rayo de luz rojo sangre», apareció en los cielos de Europa y fue visible hasta en Gibraltar e incluso en partes de los Estados Unidos.[126][127] Lúcia creía que ese evento era la «noche iluminada por una extraña luz en el cielo» de la que había oído hablar a María como parte del segundo secreto, prediciendo los eventos que conducirían a la Segunda Guerra Mundial y solicitando Actos de Reparación, incluyendo las Devociones del Primer Sábado junto con la Consagración de Rusia.[7] Fue la mayor aurora boreal desde 1709 y la gente de París y otros lugares creyó que se trataba de un gran incendio y avisó a los bomberos.[128][129][130] La hermana Lúcia indicó que era la señal predicha y así lo informó a su superiora y al Obispo en cartas al día siguiente.[126] Poco más de un mes después, Hitler se apoderó de Austria y ocho meses después invadió Checoslovaquia.[126][131]
La segunda profecía no se reveló hasta agosto de 1941, después del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Los escépticos cuestionaron si María, en 1917, se refería explícitamente al papa Pío XI, ya que Ambrogio Ratti —tal su verdadera identificación— no eligió ese nombre de papado hasta después de su elección en 1922. Además, se considera generalmente que la Segunda Guerra Mundial comenzó el 1 de septiembre de 1939, y para ese entonces, el papa Pío XII había sucedido a Pío XI, que había fallecido en febrero de ese año. Sin embargo, a esas objeciones, Lúcia respondió que la ocupación de Austria, en 1938, marcó el verdadero inicio de la guerra.[7]
Transcripción del tercer secreto y consagración como carmelita descalza

Cuando el obispo da Silva le pidió en 1943 que revelara el tercer secreto, Lúcia tuvo dificultades durante un breve periodo, pues «aún no estaba convencida de que Dios la hubiera autorizado claramente a actuar».[8] Se encontraba bajo estricta obediencia, de acuerdo con su vida carmelita, y dudaba si debía obedecer a sus superiores o a las órdenes personales que creía provenían de María. Sin embargo, en octubre de 1943, enfermó de gripe y pleuresía, la misma enfermedad que había matado a sus primos, y por un tiempo creyó estar a punto de morir. El obispo da Silva le ordenó que escribiera el tercer secreto.[8] Lúcia continuó contrariada, incluso después de esta orden directa. Lo superó después de que la Virgen María se le apareciera a principios de enero de 1944 y le dijera: «Escribe lo que te mandan, pero no lo que te es dado entender de su significado».[132] Lúcia entonces escribió el secreto el 3 de enero de 1944 y lo selló en un sobre que no se abriría hasta su muerte o hasta 1960, lo que sucediera primero.[133][8] Señaló el año 1960 porque pensó que «para entonces se comprenderá con mayor claridad» y «porque así lo desea la Santísima Virgen».[134][8] En junio de 1944, el sobre sellado que contenía el tercer secreto fue entregado a Silva, que lo conservó hasta su fallecimiento en 1957, cuando finalmente fue entregado a Roma.[8]
Regresó a Portugal en mayo de 1946 (donde visitó Fátima de incógnito) y luego de eso, se la destinó a la casa de Sardão, Vila Nova de Gaia, hasta que en marzo de 1948,[114] recibió un permiso papal especial para ingresar en el convento carmelita de Santa Teresa en Coímbra, donde residió hasta su muerte.[16] Se afianzó en su profesión como Carmelita Descalza el 31 de mayo de 1949, tomando el nombre religioso de María Lúcia de Jesús y del Inmaculado Corazón.[135]
Debido a las constituciones de la comunidad, se esperaba que Lúcia «conversara lo menos posible con personas externas, incluso con sus parientes más cercanos, a menos que su conversación fuera espiritual, e incluso entonces debía ser muy poco frecuente y lo más breve posible»[n. 3] y «no tener nada que ver con asuntos mundanos, ni hablar de ellos».[n. 4] Esto llevó a algunos a creer en una conspiración para encubrir el mensaje de Fátima y silenciar a Lúcia.[138]
Consagración de Rusia y revelación del tercer secreto

En 1960, el Vaticano publicó un comunicado de prensa oficial en el que afirmaba que era «muy probable que el Secreto permaneciera, para siempre, bajo absoluto secreto»,[139] lo que desencadenó especulación en la prensa. Según The New York Times, las especulaciones abarcaban desde «la aniquilación nuclear mundial hasta profundas divisiones en la Iglesia Católica Romana que conducen a papados rivales».[140]
Lúcia regresó a Fátima con ocasión de cuatro peregrinaciones papales, todas el 13 de mayo: la de Pablo VI en 1967, la de Juan Pablo II en 1982 (en acción de gracias por haber sobrevivido a un intento de asesinato el año anterior), la de 1991 y la de 2000, cuando fueron beatificados sus primos Jacinta y Francisco.[135]
El 2 de mayo de 1981, Laurence James Downey secuestró un avión y exigió que Juan Pablo II hiciera público el tercer secreto de Fátima.[141] En referencia al segundo secreto, el papa Juan Pablo II volvió a consagrar el mundo entero a la Virgen María en 1984, sin mencionar explícitamente a Rusia. Algunos creen que la hermana Lúcia verificó que esta ceremonia cumpliera con las peticiones de la Virgen.[142] Sin embargo, sus declaraciones sobre la consagración fueron ambiguas; en la revista española del Ejército Azul, Sol de Fátima, en el número de septiembre de 1985, la hermana Lúcia afirmó que la ceremonia no cumplía con la petición de la Virgen María, ya que no se mencionaba específicamente a Rusia y «muchos obispos no le dieron importancia».[143] En 2001, el arzobispo Tarcisio Bertone se reunió con la religiosa, quien, según se informó, le dijo: «Ya he dicho que la consagración deseada por Nuestra Señora se realizó en 1984 y ha sido aceptada en el Cielo».[144] Mediante cartas del 29 de agosto de 1989 y del 3 de julio de 1990, declaró que la consagración se había completado;[7] de hecho, en la carta de 1990 en respuesta a una pregunta del reverendo padre Robert J. Fox, confirmó:
«Vengo a responder a su pregunta: "¿Si la consagración hecha por el papa Juan Pablo II el 25 de marzo de 1984 en unión con todos los obispos del mundo cumplió las condiciones para la consagración de Rusia según la petición de Nuestra Señora en Tui, España, el 13 de junio de 1929?" Sí, se cumplió, y desde entonces he dicho que se hizo.
Y digo que ninguna otra persona responde por mí, soy yo quien recibe y abre todas las cartas, y las responde.»[15]

Sus quinta y sexta memorias, escritas en 1989 y 1993, se publicaron en inglés bajo el título Fatima in Lucia's Own Words II. Sin embargo, el texto del tercer secreto fue publicado oficialmente por el Papa recién el 26 de junio de 2000. El Vaticano describió entonces el secreto como una visión del intento de asesinato que tuvo en 1981, que tuvo lugar un 13 de mayo, en el 64º aniversario de la primera aparición de la Virgen.[10] El Times del 29 de junio de 2000 informó: «La revelación del lunes de que no hubo predicciones catastróficas ha provocado reacciones de enojo en la Iglesia portuguesa por la decisión de mantener la profecía en secreto durante medio siglo».[145] Según una fuente, a Lúcia supuestamente le preguntaron sobre el tercer secreto y comentó que estaba «en los Evangelios y en el Apocalipsis», y en un momento dado incluso especificó los capítulos 8 a 13 del Apocalipsis, un rango que incluye el Libro de Apocalipsis 12:4, el capítulo y versículo citados por el papa Juan Pablo II en su homilía en Fátima el 13 de mayo de 2000.[146] Un informe del Zenit Daily Dispatch del 20 de diciembre de 2001, basado en un comunicado de prensa del Vaticano, informó que Lúcia le dijo al entonces arzobispo Tarcisio Bertone, en una entrevista realizada el mes anterior, que el secreto había sido completamente revelado y publicado, y que no quedaba ningún misterio sin revelar.[147][144][148] Sin embargo, durante su visita apostólica a Portugal, del 11 al 14 de mayo de 2010, con motivo del décimo aniversario de la beatificación de Jacinta y Francisco Marto, el papa Benedicto XVI explicó a los periodistas que la interpretación del tercer secreto no se refería únicamente al intento de asesinato de Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro en 1981. Dijo que el tercer secreto «tiene un significado permanente y continuo» y que «podría incluso extenderse para incluir el sufrimiento que la Iglesia está padeciendo hoy como resultado de los recientes informes de abusos sexuales que involucran al clero».[149]

Ante la constante e incesante cantidad de preguntas sobre las apariciones marianas ocurridas en Fátima, Portugal, el mensaje que recibieron y el motivo de algunas de las peticiones contenidas en dicho mensaje, y sintiendo que le resultaba imposible responder individualmente a cada una de ellas, la hermana Lúcia solicitó a la Santa Sede permiso para escribir un texto que respondiera de forma general a las numerosas preguntas que se le habían formulado. El permiso le fue concedido y, en diciembre de 2000, se publicó un nuevo libro, conocido con los títulos de Calls from the Message of Fatima y Appeals from the Message of Fatima.[150]
La hermana Lúcia también escribió numerosas cartas al clero y a laicos devotos que sentían curiosidad por el tercer secreto de Fátima y por la interpretación que ella había dado de lo que había oído pedir a la Virgen María.[80][n. 5] Dos cartas que supuestamente escribió se referían a la Consagración de Rusia, en las que afirmaba que se había cumplido la petición de Nuestra Señora.[15] Todos los materiales escritos por la hermana Lúcia se conservan ahora para su estudio en la Congregación para las Causas de los Santos.[152]
Fallecimiento

Sor Lúcia permaneció ciega, sorda y enferma durante un largo tiempo.[153] Falleció a los 97 años el 13 de febrero de 2005 en el convento carmelita de Santa Teresa en Coímbra, donde residía desde 1948.[16] Su celda fue clausurada por orden de la Congregación para la Doctrina de la Fe como parte del examen para su canonización, debido a las revelaciones que aún tenía después de los sucesos de Fátima.[154] El día de su funeral, el papa Juan Pablo II oró por la hermana Lúcia y envió al cardenal Tarcisio Bertone para representarlo. El 15 de febrero de 2005, se declaró un día de luto nacional en Portugal y se interrumpió la campaña nacional para las elecciones parlamentarias previstas para el 20 de febrero. El primer ministro portugués, Pedro Santana Lopes, afirmó: «Su desaparición constituye un momento impresionante para Portugal y para todo el mundo».[155] El 19 de febrero de 2006, su cuerpo fue trasladado de Coímbra al Santuario de Fátima, donde fue enterrada junto a sus primos, Francisco y Jacinta Marto.[156]
Legado
Proceso de beatificación

El 13 de febrero de 2008 (el tercer aniversario de su muerte), el papa Benedicto XVI anunció que, en el caso de la hermana Lúcia, se renunciaría al período de espera de cinco años establecido por el derecho canónico para abrir una causa de beatificación.[157] El 13 de febrero de 2017, se le otorgó el título de Sierva de Dios, el primer paso importante hacia su beatificación.[152] En octubre de 2022, la «Positio sobre la vida, las virtudes y la reputación de santidad de la hermana Lúcia de Jesús dos Santos» se presentó en el Vaticano para que la Congregación de las Causas de los Santos la examinara y poder ver si vivió una vida de «virtud heroica».[158] Fue declarada venerable por el papa Francisco el 22 de junio de 2023 y su causa de beatificación está en curso.[3] A principios de 2018, el convento de Coímbra registró más de 1600 declaraciones de milagros que se habrían obtenido por intercesión de sor Lúcia.[159]
Críticas y controversias
El fenómeno de las apariciones de Fátima ha estado envuelto en una gran controversia desde sus inicios, con acalorados debates que involucran no solo a ateos y agnósticos, sino también a católicos. Los primeros relatos de las apariciones de los pastorcitos en 1917 y la historia narrada posteriormente en las memorias de Lúcia difieren claramente en texto y contenido. De hecho, incluso algunos católicos, como el jesuita Edouard Dhanis, sugirieron que existen dos Fátimas diferentes: «Fátima I» (la de los relatos de 1917) y «Fátima II» (la revelada en las «memorias» de la vidente, escritas entre 1935 y 1941).[1]
El padre Mario de Oliveira, autor de algunos libros sobre Fátima, comentó que el Dios anunciado y revelado en las memorias de sor Lúcia «no tiene nada que ver con el Dios revelado en Jesús de Nazaret. Tiene todo que ver con un Dios sanguinario que se deleita en el sufrimiento de los inocentes, un Dios que crea el infierno para castigar a quienes no van a misa los domingos o dicen malas palabras, un Dios que es incluso peor que algunas de sus criaturas». Señaló que Jacinta y Francisco eran capaces de pasar días enteros sin comer ni beber una gota de agua, incluso en pleno agosto, y de caminar todo el día, e incluso durmiendo por la noche, con una cuerda atada permanentemente a la cintura, en lo que el autor llamó «masoquismo religioso». Sobre Lúcia, el escritor dijo que fue sacada de su tierra natal y privada para siempre de llevar una vida similar a la de la gente común (fue internada secretamente en el Asilo Vilar de Oporto, y luego enviada a España y convertida en monja de clausura para el resto de su vida).[160]
Alfredo Barroso, periodista y político, afirmó que el «milagro de Fátima» nunca existió y que es «producto del analfabetismo, la ignorancia y las creencias de tres niños aterrorizados por la imagen de un Dios cruel, vengativo y castigador». Para Barroso, el «milagro de Fátima» se convirtió en un arma para lanzar contra la República, la libertad y la democracia, contra el ateísmo y el comunismo, en una clásica alianza entre la espada y el hisopo bajo la égida del dictador Salazar.[161]
Tomás da Fonseca, autor de algunos libros sobre el tema y uno de los críticos más feroces de Fátima, la consideró «el mayor engaño de este siglo». Afirmó que tres sacerdotes —Manuel Marques Ferreira, Benevenuto de Sousa y Abel Ventura do Céu Faria—[162] decidieron promover las apariciones con fines puramente lucrativos, pero las pruebas son muy débiles.[163][2] João Ilharco, profesor, escribió un libro que le hizo perder su trabajo, Fátima desmascarada (1971), con afirmaciones similares, pero también carente de pruebas.[2][164] La periodista y escritora Patrícia Carvalho afirmó que los ataques y acusaciones gratuitos contra figuras específicas de la Iglesia, sin pruebas irrefutables, caracterizaron los primeros textos de oposición a Fátima, así como algunos de los libros publicados posteriormente al respecto.[165]
Jeffrey S. Bennett señaló cómo, a partir de la década de 1930, la imagen de Nuestra Señora de Fátima se convirtió en un punto de encuentro para el anticomunismo, una idea que se extendió mucho más allá de la Península ibérica.[5] Martindale mencionó un concepto según el cual los frutos de un fenómeno son más importantes que sus orígenes históricos. Por lo tanto, es posible concebir un culto vibrante donde la fuerza de la devoción, el santuario o la peregrinación puede superar las incertidumbres sobre su origen. Según Maunder, Fátima demostró no solo la seriedad con la que los católicos se tomaron «las revelaciones de una monja de clausura que recordaba visiones que había tenido a los diez años», sino también la dificultad para la jerarquía de gestionar un movimiento de piedad popular, a pesar de las acusaciones de manipulación de los críticos.[166]
Caracterizaciones y homenajes
En 1997, se inauguró un monumento de piedra en homenaje a los tres pastorcitos en la rotonda de Ourém que simula su camino al encuentro con la Virgen.[167] El 31 de mayo de 2007, se inauguró en Coímbra un museo sobre la hermana Lúcia. Diseñado por el arquitecto Florindo Belo Marques en una zona donde las monjas carmelitas de Coímbra tenían gallineros, el museo presenta una colección que se remonta a la época de las apariciones de Fátima.[168]
Lúcia fue interpretada por Susan Whitney en la película de 1952 The Miracle of Our Lady of Fatima.[169] Felipa Fernandes la interpretó en The 13th Day, un largometraje directo a vídeo producido por Natasha Howes y dirigido por Dominic e Ian Higgins.[170] En la película Fátima de 2020, Lúcia fue recreada por Stephanie Gil en su etapa de juventud y por Sônia Braga en sus años de adultez.[171] Los tres secretos de Fátima son un punto importante de la trama en la novela visual de 2022 Anonymous;Code.[172]
Véase también
Portal:Santos. Contenido relacionado con Santo.- Virgen de Fátima
- Misterios de Fátima
- Santuario de Fátima
- Santuario de las Apariciones
- Francisco Marto
- Jacinta Marto
Notas
- Lúcia explicó que: «En cuanto a la bebida, gracias a Dios, no fue como dicen, ni como escribió el padre De Marchi en la primera edición de su libro, A Lady More Brilliant than the Sun. Si bien mi padre a veces bebía un poco más que quienes no bebían, nunca llegó al punto de causar desorden en casa ni de maltratar a su esposa e hijos...»[20]
- Lúcia señaló en True Story of Fatima del autor De Marchi: «A mi madre nunca le bastaba con que repitiéramos las palabras del catecismo. Se esforzaba por explicarlo todo para que entendiéramos bien su significado. Decía que repetir el catecismo sin entenderlo era peor que inútil». Lúcia dos Santos fue nombrada catequista oficial a la edad de nueve años, un testimonio de la diligencia de su madre.[21]
- Rule and Constitutions of the Discalced Nuns of the Blessed Virgin Mary of Mount Carmel (1990), párrafo 27. Aunque este documento fue vinculante para sor Lúcia sólo al final de su vida, se basa en las Constituciones de Santa Teresa de Jesús, escritas en el siglo XVI.[136]
- Rule and Constitutions of the Discalced Nuns of the Blessed Virgin Mary of Mount Carmel (1990), párrafo 23. Véanse también los párrafos 212-214 sobre la estricta naturaleza de la clausura. Resulta bastante inusual que, como monja de su Orden, sor Lúcia pudiera siquiera producir escritos públicos.[137]