La fosa de agua
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| La fosa de agua | ||
|---|---|---|
| de Lydiette Carrión | ||
| Tema(s) | Feminicidios en el estado de México | |
| Idioma | Español | |
| País | México | |
| Fecha de publicación | 2018 | |
La fosa de agua: Desapariciones y feminicidios en el río de los Remedios es un libro de periodismo de investigación escrito por la periodista mexicana Lydiette Carrión. Publicado en 2018, documenta casos de desaparición y asesinato de jóvenes en el Estado de México, exponiendo las fallas institucionales ante la violencia de género. La obra ha sido reconocida por su rigor periodístico y su contribución a visibilizar la problemática de los feminicidios en México.[1]
El libro documenta al menos diez casos de adolescentes desaparecidas en municipios del Estado de México (principalmente Ecatepec de Morelos y Tecámac) entre 2011 y 2013, la mayoría de ellas estudiantes de secundaria o preparatoria.[2] A través de los testimonios de las madres de las víctimas, Carrión narra la odisea de la búsqueda: desde la denuncia inicial, pasando por el peregrinar entre autoridades, hasta —en algunos casos— la localización de los cuerpos de las jóvenes. La autora expone la precariedad de las investigaciones policiales, caracterizadas por un sistema burocrático, corrupto e ineficaz que con frecuencia omite diligencias básicas. Asimismo, revela la revictimización que sufrieron las familias por parte de las autoridades, quienes tendían a minimizar las desapariciones o culpar a las propias víctimas con estereotipos.[3]
Con el avance de la investigación, el relato muestra que varias de estas desapariciones terminaron vinculándose a una banda delictiva local liderada por Erick Sanjuán Palafox, alias “El Mili”, cuyos integrantes fueron detenidos en 2014 y acusados de feminicidio y narcomenudeo (venta de droga a pequeña escala) tras un proceso plagado de irregularidades. No obstante, La fosa de agua deja abiertas importantes interrogantes sobre la magnitud real de la violencia: ¿cuántos de los feminicidios y desapariciones de la zona pueden atribuirse realmente a la banda del Mili? ¿Reveló este caso la existencia de un tipo de crimen organizado más sádico y extendido? ¿Quiénes siguen perpetrando desapariciones en el área a pesar de las detenciones?. Estas preguntas subrayan que la problemática trasciende a los culpables identificados, insinuando fallas sistémicas en la protección de las mujeres.[4]
Contexto temático
La obra se enmarca en la crisis de violencia de género en México, con énfasis en el Estado de México, entidad que por varios años ha encabezado las estadísticas nacionales de feminicidios y desapariciones de mujeres. Tan solo en 2017, el Estado de México registró 301 feminicidios (el número más alto del país ese año) y alrededor de 1,790 mujeres desaparecidas, de las cuales más del 60% tenían entre 10 y 29 años. Los casos investigados por Carrión se sitúan en la zona conurbada al noreste de la Ciudad de México, principalmente en Ecatepec y Tecámac, por donde corre el contaminado río de los Remedios. Este cauce (un canal de desagüe que atraviesa colonias populares de Ecatepec, Nezahualcóyotl y otros municipios) llegó a ser utilizado por la delincuencia para desechar restos humanos, convirtiéndose en una especie de “fosa” clandestina de agua. De ahí proviene el título del libro, aludiendo a la macabra función del río como depósito de evidencias de crímenes.[5]
Las víctimas cuyos casos se relatan en La fosa de agua son niñas y jóvenes de 12 a 19 años, habitantes de barrios periféricos de la región. En muchos de estos casos se repiten patrones de violencia: las chicas fueron privadas de la libertad al salir de sus casas rumbo a la escuela, a la tienda o a visitar amigas; posteriormente se supo que sufrieron agresiones sexuales, tortura y finalmente fueron asesinadas, apareciendo sus cuerpos en el río de los Remedios o en lotes baldíos tiempo después. Las investigaciones oficiales (cuando ocurrieron) indicaron posibles vínculos con redes criminales locales dedicadas a delitos como la trata de personas, extorsión y narcomenudeo, es decir, pequeñas células de crimen organizado que operaban en la zona y captaban a víctimas vulnerables. Carrión destaca también la complicidad y omisión de autoridades en estos crímenes: desde policías que ignoraron denuncias hasta funcionarios cuyos actos negligentes o corruptos entorpecieron las búsquedas. El libro coloca estos casos en el contexto de un “continuum” de violencia machista normalizada en la sociedad local –que va desde el acoso callejero y la violencia doméstica hasta expresiones extremas como el feminicidio serial colectivo– aunado a condiciones de marginalidad social. Las zonas donde ocurrieron los hechos se describen como comunidades sumidas en la pobreza, la falta de tejido social y la impunidad, un entorno que facilita la vulnerabilidad de las jóvenes y la ausencia de protección efectiva por parte del Estado.[6]