La ganadera

"La ganadera" es el título de un cuento de la escritora realista y naturalista española Emilia Pardo Bazán. Fue publicado por primera vez en 1888 en una colección de cuentos llamada Cuentos de la tierra. From Wikipedia, the free encyclopedia

"La ganadera" es el título de un cuento de la escritora realista y naturalista española Emilia Pardo Bazán. Fue publicado por primera vez en 1888 en una colección de cuentos llamada Cuentos de la tierra.[1] 

El cuento empieza con el cura de Penalouca dando vueltas en la cama. Está atormentado por la preocupación de que no está cumpliendo sus deberes sacerdotales asegurando la salvación de los ciudadanos del pueblo. Además, ha comenzado a dudar si sus feligreses son las “ovejas” de las que ha sido pastor, o más bien unas “cabras” descuidadas o "lobos" salvajes. Reflexionando en este pensamiento, reconoce que la gente del pueblo es capaz de comportarse de ambas maneras.

Cada otoño, la temporada de tormentas traía consigo un naufragio y los feligreses, dóciles y atentos durante el resto del año, saquean sin piedad a los viajeros náufragos, dejando a su paso un rastro de cadáveres medio vestidos. Cuando el viento se hace fuerte, los aldeanos dejaban sus hogares equipados con linternas, cestas, postes y ganchos. Las linternas servirían para atraer a los navegantes, ya sea antes o después del naufragio.

Junto con el saqueo, la ciudad era víctima de otros pecados, como la embriaguez y el exceso. Después de un tiempo, la gente del pueblo regresaba a su “estado manso”, enviando al sacerdote regalos para la Pascua. El abad, harto del ciclo del pecado, decidió contarle al alcalde los horrores. Sin embargo, el alcalde, un cacique rico e influyente, retrocedió ante la sugerencia de poner fin a la “ganadera.” En cambio, defendió la “ganadera” como un mal necesario para llegar a fin de mes. El sacerdote sabía que no podrían sobrevivir simplemente trabajando la tierra. El alcalde justificaba esta práctica diciendo que era una costumbre antigua y necesaria para que el pueblo pudiera sobrevivir.

El decidió que ya no podría responder a Dios si no podía responder por los pecados de sus ovejas. Por lo tanto, decidió bajar a la playa el día del próximo naufragio, crucifijo en mano, para tratar de detener a los aldeanos sedientos de sangre. Al ver a los náufragos golpeados y sin ropa, el sacerdote levantó su crucifijo en el nombre del Señor. Por un momento, los aldeanos se retiraron, pero justo cuando estaban siendo sometidos, llegó el alcalde, blandiendo un palo. Varios días después, el cuerpo sin vida del sacerdote se llegó hasta la orilla; también “había ido a la ganadera.”[1]

Contexto biográfico y cultural

Existen ciertas influencias en la vida de Pardo Bazán que contribuyeron en gran medida a los temas de "La ganadera". Según Ronald Hilton, Pardo Bazán fue una representante fuerte del neocatolicismo y del socialismo cristiano en su época.[2] Estas creencias fueron en gran parte gracias a su educación. Emilia Pardo Bazán tuvo una educación religiosa y conservadora. Según Ronald Hilton, sus padres eran miembros de las clases altas conservadoras gallegas; su padre había sido honrado por el Papa por votar en contra de la libertad religiosa en las Cortes de 1869.[2] Su educación de la clase alta demostró ser la “quintaesencia” de su desarrollo intelectual.[3] Su “acérrimo catolicismo,” su educación de clase alta y su familia conservadora son evidentes en su juicio moralista sobre los habitantes de Penalouca. Los habitantes del pueblo, cristianos empobrecidos, son tratados por la autora como animales cuya mala conducta está directamente relacionada con su medio ambiente y la situación social en la que se encuentran, y la autora les otorga muy poco poder de autodeterminación.

Además, en opinión de Hilton, su educación católica y su visión naturalista produjeron en ella un extraño y a veces contradictorio conjunto de creencias sobre su España natal.[3] Este hecho tiene que ver con la razón por la que el cura del cuento tiene problemas con reconciliar su disgusto con las tendencias bestiales de sus feligreses con su compasión por sus calidades humanas. En opinión de Hilton, Pardo Bazán veía a los campesinos españoles de forma negativa, como un “dinamismo primitivo.”[3] Veía a la Madre Naturaleza como “inherentemente pecaminosa” y aún la naturaleza "promiscuamente exuberante" de Galicia, su patria, le parecía una evidencia de este hecho.[3] Según Hilton, a Pardo Bazán le resultaba difícil idealizar a las masas españolas cuando la incidencia del crimen era tan alta. Ella vio pruebas de esto en sus observaciones personales, así como en los estudios de criminólogos de la época.[3] Por ejemplo, en opinión de Hilton, consideró las corridas de toros como una prueba más de la situación degenerada de España.[3]

Crítica sobre la obra

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Referencias

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