La narración de la historia

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Género Cuento Ver y modificar los datos en Wikidata
Idioma Español Ver y modificar los datos en Wikidata
País Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
La narración de la historia Ver y modificar los datos en Wikidata
de Carlos Correas Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Cuento Ver y modificar los datos en Wikidata
Tema(s) Homosexualidad Ver y modificar los datos en Wikidata
Idioma Español Ver y modificar los datos en Wikidata
País Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Fecha de publicación 1959 Ver y modificar los datos en Wikidata

«La narración de la historia» es un cuento del escritor argentino Carlos Correas, publicado en 1959 en la revista Centro. Es reconocido por ser el primer relato de temática homosexual explícita de la literatura argentina.[1][2] La trama sigue a un joven llamado Ernesto que conoce a un muchacho en una estación de tren con el que luego deambula por la ciudad y tiene un encuentro sexual.[3][4]

El relato se publicó en tiempos de inestabilidad política en el país y de campañas moralizadores de índole religioso, por lo que la temática de la obra resultó controvertida. A causa de ello, las autoridades iniciaron una querella judicial por pornografía e inmoralidad contra el autor, que desembocó en una condena suspensa de seis meses de prisión y su decisión de abandonar temporalmente la literatura.[3][5]

Ernesto Savid es un joven burgués estudiante de derecho que deambula por salas de cines y por los pasillos de la Estación Plaza Constitución en busca de encuentros sexuales con otros hombres.[6] Un día encuentra en la estación a un muchacho «morochito» de 17 años llamado Juan Carlos Crespo, de clase baja. Luego de charlar y deambular por la ciudad, se dirigen a un terreno baldío en el que tienen un encuentro sexual.[4][3]

Ernesto y Juan Carlos tienen un segundo encuentro, en el que empiezan a explorar la posibilidad de tener una vida juntos. No obstante, ciertos aspectos de la dinámica de la relación entre ambos inquietan a Ernesto. Al día siguiente, se encuentra con dos amigos que tomaban clases de baile y decide dejar a Juan Carlos plantado para irse con uno de ellos a su departamento, donde se acuesta con él. Ernesto siente «como si hubiese estado con una mujer», lo que lo hace sentir contento y tranquilo consigo mismo, por lo que logra dormir mucho mejor que en días anteriores.[4]

Publicación y querella judicial

El relato fue publicado en diciembre de 1959 en el número 14 de la revista Centro,[7] publicación oficial del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, que en esa época estaba dirigida por el escritor y catedrático Jorge Lafforgue. De acuerdo a Lafforgue, la decisión de publicar el texto fue responsabilidad de él y del intelectual Oscar Masotta, mientras que el resto de miembros del comité editorial dieron ya sea muestras discretas de aprobación o se posicionaron en contra de la inclusión del texto.[7] Correas decidió justamente dedicar el cuento a una integrante del comité, Celia Durruty, con la intención de crear desconcierto en las personas que criticaran la obra, pues Correas intuyó que les sorprendería que un relato sobre homosexualidad estuviera dedicado a una mujer, como efectivamente ocurrió cuando fue llevado a juicio.[8]

Jorge Lafforgue, director de la revista Centro al momento de la querella.

Alrededor de seis meses después de su publicación, el fiscal Guillermo de la Riestra inició una querella judicial contra Correas, Lafforgue y el comité editorial de la revista por inmoralidad y pornografía, en base al artículo 128 del Código Penal,[8] debido a la temática homoerótica del relato. Durante el proceso, los miembros del comité editorial de Centro fueron exonerados de culpa, pero Correas y Lafforgue fueron condenados a prisión suspensa: seis meses en el caso de Correas y tres meses en el caso de Lafforgue. Así mismo, se ordenó la confiscación de todos los ejemplares del número 14 de Centro, que de este modo se convirtió en el último número publicado de la revista.[7] Tras cerca de dos años de proceso judicial, la condena contra ambos fue ratificada por la Cámara de Apelaciones de Buenos Aires en marzo de 1962.[6]

De acuerdo a Lafforgue, la querella contra él y Correas fue tomada por las autoridades como forma de atacar lo que ellos veían como «ese emergente de la conjura homosexual/marxista —ese cuento, esa revista, esos estudiantes— y, por elevación, contra unas autoridades universitarias que permitían la circulación de semejante basura, de aberraciones ideológicas como ese texto».[7] Críticas también vinieron de parte de diarios, como La Nación, que el 17 de mayo de 1960 publicó un artículo titualdo «Confusión y extravío» atacando a Correas; así como de escritores, entre ellos Germán Rozenmacher, quien señaló que el cuento le parecía aceptable con excepción del beso en la boca que se daban los personajes.[6]

Debido a la persecución y las críticas que sufrió como consecuencia de la publicación del relato, Correas decidió alejarse por un tiempo de la literatura,[9] además de afirmar que «abandonaría» la homosexualidad. Sobre este punto, indicó en una entrevista años después: «quedé debidamente, ya que no excesivamente, reprimido».[6] Correas no publicó obra alguna de nuevo hasta la aparición del libro Los reportajes de Félix Chaneton (1984),[3] obra de contenido autobiográfico cuya primera parte aborda la historia de un hombre bisexual que se avergüenza de su orientación sexual.[5][8] Adicionalmente, en la tercera parte del libro, el protagonista lee un libro de un autor llamado Simón Savid, mismo apellido que el Ernesto del cuento.[10]

En años posteriores, «La narración de la historia» apareció en algunas antologías de literatura gay, como Homosexuario (1969) e Historia de un deseo. Erotismo homosexual (2000).[11] En 1993, apareció además en una recopilación de relatos policiales editada por Ricardo Piglia y titulada Las fieras. Aunque no precisamente parte de este género, Piglia afirmó que el relato compartía su tono «distanciado y antisentimental», «casi esquizo».[6]

Análisis

Carlos Correas durante la década de 1950.

De acuerdo al catedrático José Javier Maristany, Correas parece haber elegido el título del relato con la intención de dar la menor cantidad de información anticipada sobre la trama del mismo, que representaba lo indecible en la literatura argentina de mediados del siglo XX. En 1954, el autor ya había publicado un cuento que abordaba la homosexualidad, «El revólver», aunque en ese caso había sido solo de forma sugerida, a pesar de ser de vital importancia para su trama. A diferencia de ese cuento, que daba constantes vueltas alrededor del tema sin llegar a enunciarlo, en «La narración de la historia», Correas explora de forma abierta la relación sexual entre los dos personajes masculinos.[12]

Una de las ideas más enfatizadas en el relato sobre este punto es la definición estricta de los roles sexuales que Ernesto y Juan Carlos adoptan en la relación.[13] Desde el momento en que se conocen, Juan Carlos rápidamente señala que «en las relaciones sexuales él era macho y no otra cosa», a lo que Ernesto le responde que eso era evidente porque le veía «esa mirada penetrante que poseen los hombres y de la que carecen los invertidos».[3] El tema luego vuelve a ser tratado en conversaciones posteriores, como en el siguiente diálogo en que Ernesto empieza diciéndole:[13]

—Además seríamos una pareja; como hay tantas. (...) Vos pondrías tu naturalidad, tu violencia y tu inconsciencia sana de chico proletario y yo mi refinamiento, mi cultura, mi cinismo. Vos serías el bárbaro conquistador que finalmente termina vencido y conquistado, como dice la historia.

—¿Y yo, entonces, sería tu... tu hombre, tu macho?

—Oh, ya nos entenderíamos. Pero verdaderamente, vos serías mi chiquito, mi muñeco, mi chongo.

Aunque Ernesto en primera instancia acepta la idea e incluso sugiere que en algún momento el podría dejar de trabajar para quedarse en casa y preparle la comida a Juan Carlos mientras este trabaja, en referencia a los modelos tradicionales de parejas heterosexuales, Ernesto luego empieza a sentirse incómodo con la «feminización» que estaba adquiriendo en la relación. De acuerdo a Maristany, es esto lo que lo lleva a alejarse de Juan Carlos y en su lugar a acercarse a un hombre que, por el contrario, lo hace sentir «como si hubiese estado con una mujer», lo que lo tranquiliza.[14]

Otro tema explorado en el texto es la fascinación homoerótica por personas pertenecientes a clases populares, tema presente en otras obras publicadas en décadas anteriores, como El inmoralista (1902), El juguete rabioso (1926) o algunas obras de Jean Genet, quien fue una de las mayores influencias de Correas.[15] En general, el tema despertaba gran interés en el autor, quien habría sentido personalmente esta atracción y habría salido en ocasiones durante su tiempo como estudiante en busca de hombres en barrios bajos de la ciudad.[16] Correas llegó incluso a presentar un ensayo que planteaba la figura del «cabecita negra» como símbolo erótico y revolucionario a la revista Contorno, aunque el mismo no fue aceptado y terminó perdido.[3][6]

Sobre la censura que sufrió la obra, Maristany afirma que «La narración de la historia» apareció en una época de quiebre en que comenzaban a surgir voces que intentaban romper con el modelo social que enaltecía la virilidad y que era empujado por distintos sectores ideológicos. Estos intentos, empero, provocaron una fuerte reacción de los sectores más conservadores de la sociedad argentina, que veían las formas de sexualidad no tradicionales, en particular la homosexualidad, como anomalías sociales.[17] Fue en este contexto en el que el relato fue censurado, destino que fue compartido en el país por otras obras literarias que aparecieron en la época, como La carne de la orquídea (1949), de James Hadley Chase; Lolita (1955), de Vladimir Nabokov;[6] y Nanina (1968), de Germán García.[3] Por el contrario, obras como «El marica» (1959), de Abelardo Castillo, no fueron censuradas, a pesar de abordar el mismo tema, porque en su caso mostraba la homosexualidad desde la estigmatización en lugar de la apertura.[6]

Legado

En las últimas décadas, la obra y la historia alrededor de su publicación han sido abordadas desde el cine y el teatro, como parte de un proceso de revalorización general de la escritura de Correas.[18][9] En 2012, por ejemplo, se estrenó la película documental Ante la ley. El relato prohibido de Carlos Correas, de los directores Emiliano Jelicié y Pablo Klappenbach. El filme incluyó una adaptación de «La narración de la historia», una investigación sobre el proceso judicial que se emprendió contra Correas a raíz de la publicación del relato y una serie de entrevistas con amigos y conocidos del autor para reconstruir las distintas facetas de su vida.[18]

En 2025, el dramaturgo argentino Gustavo Tarrío estrenó la obra de teatro Ha muerto un puto, que recoge varios momentos de la vida de Carlos Correas en estilo musical, en particular el juicio en su contra a causa de la publicación del cuento y su condena a prisión.[9][2][11][16]

Véase también

Referencias

Bibliografía

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