La noche de los asesinos

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La noche de los asesinos es una obra teatral de José Triana publicada en 1965, tras haber ganado el premio Casa de las Américas ese mismo año. Ambientada en los años 50, la obra trata sobre tres hermanos adultos que se reúnen habitualmente en el sótano de su casa para ensayar el asesinato de sus padres a modo de ritual. Mediante una estética del teatro del absurdo y con influencia de la crueldad artaudiana, Triana explora los efectos de la opresión y la violencia en una familia cubana.[1][2]

Autor José Triana
Género Drama
Actos 2 actos
Año de publicación 1965
Datos rápidos Autor, Género ...
La noche de los asesinos
Autor José Triana
Género Drama
Actos 2 actos
Publicación
Año de publicación 1965
Ubicación La Habana, Cuba
Editorial Editorial Casa de las Américas
Idioma Español
Puesta en escena
Lugar de estreno Teatro Estudio (La Habana)
Fecha de estreno 1966
Director Vicente Revuelta
Personajes Vicente Revuelta o Adolfo Llauradó (como Lalo); Miriam Acevedo o Flora Lauten (como Cuca); Ada Nocetti o Ingrid González (como Beba)
Producción
Premios
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Muchos críticos consideran esta obra como una de las más importantes del teatro cubano contemporáneo y un clásico del teatro experimental. En 2001 José Triana reescribió el texto original para la publicación de una edición crítica de la obra en la editorial Cátedra, suprimiendo repeticiones y añadiendo modismos cubanos.[3]

Argumento y personajes

La obra, dividida en dos actos, presenta a tres familiares que se reúnen por la noche para simular el asesinato de sus padres, como actores dentro de la obra de teatro. pero los personajes continuamente expresan una necesidad por liberarse del ambiente opresivo de su hogar. Los hermanos dependen los unos de los otros, pero a su vez se acusan y manipulan. Participan juntos en el juego del asesinato, que parece haber sido representado varias veces.[4] Son personajes erráticos, más cerca del símbolo que del realismo:

  • Lalo. Personaje central y único masculino, es quien dirige la representación del asesinato durante el primer acto y quien se opone con mayor violencia a la opresión familiar.
  • Cuca. Más sensata, cuestiona a su hermano Lalo en ocasiones, aunque termina participando en el juego del asesinato. Es consciente de la opresión, pero muestra miedo por liberarse de ella.
  • Beba. Es la más inocente de la familia. Participa como el personaje más vulnerable a la opresión familiar.

Estos tres personajes realizan, a su vez, desdoblamientos en otros personajes, caricaturizados. Los hermanos se hacen pasar por sus vecinos Margarita y Pantaleón, por sus propios padres, por los policías que investigan el crimen, por el sistema judicial e incluso por ellos mismos. A través del metateatro, la obra explora los límites entre realidad y ficción, ya que el intercambio continuo entre personajes potencia la incertidumbre sobre la realidad de lo que se narra. Al final de la obra, no queda claro si el asesinato se ha producido realmente o si tan solo ha sido escenificado como parte del rito.[5]

En el primer acto, los desdoblamientos permiten conocer los problemas estructurales de la familia. Los diálogos sugieren que los padres han criado a sus hijos en un ambiente opresivo y controlador, lo que produce en ellos resentimiento y el deseo de liberarse a través del asesinato. En el segundo acto, Lalo ha completado el parricidio y es juzgado por las fuerzas represivas, interpretadas por Beba y Cuca. En esta ocasión es Beba quien toma el liderazgo en el juego, por su deseo por terminar el juego afrontando las consecuencias de sus actos.

El juego de la representación permite a los tres hermanos expresar sus deseos ocultos y rebelarse contra el orden de valores de su familia. En ese sentido, el espacio toma un papel importante. Los personajes se reúnen en un sótano o desván, es decir, el lugar más marginado de la casa. El cuarto oscuro y sucio permite a los hermanos aislarse del mundo adulto a través del juego. De esta manera, la puesta en escena comunica el estado psíquico de los personajes.[6]

La estructura de la obra es cíclica, igual que la opresión que asola a los personajes: al concluir la representación, Beba dice que ahora le toca a ella dirigir el juego. Se establece una reiteración de la acción ad infinitum que sumerge a los personajes en un mundo sin posibilidades ni alternativas, pues implica un retorno eterno al punto de partida que produce el malestar. De esta manera, la obra concluye augurando la repetición de toda la tragedia.[7]

Proceso de escritura e influencias

La obra comienza a escribirse en 1958, pero Triana no quedó satisfecho con su primer borrador. En el año 1963 retoma la escritura, pero no completa la obra hasta 1964, cuando la escribe de un solo golpe inspirado por su situación política. Es decir, el proceso de escritura comenzó durante de la Revolución cubana, con muchos parones entre medias, pero José Triana se decidió a publicar la obra una vez el proceso revolucionario había concluido y sus efectos eran observables.[8]

Entre sus inspiraciones, Triana señala la influencia del teatro bufo en la parodia y el «choteo» de la obra. Los primeros referentes del dramaturgo fueron Dostoyevski y Cervantes, a quienes leyó de joven junto a otros autores cubanos como Virgilio Piñera. Posteriormente, su formación está marcada por la lectura de obras de la Generación del 98 y por el movimiento existencialista de Camus y Sartre. Congenia con el teatro del absurdo de Ionesco y Beckett, aunque él se distancia del pesimismo de estos autores y prefiere definir su obra por la confianza última en el ser humano.[9]

En 1953 acude al montaje de Las criadas de Jean Genêt, dirigido por Francisco Morín y con la actuación de Miriam Acevedo, quien después actuará en el primer montaje de La noche de los asesinos. La obra causó una enorme impresión en el joven dramaturgo, dejándolo varias noches reflexionando sobre lo que vio:

Pero otra convulsión fue la representación de Las criadas de Jean Genet, que hizo que me pasara dos o tres noches sin poder dormir, fascinado todavía por las voces que oía, de los actores hablándome, de las dos actrices hablando y diciéndome cosas que me perturbaban y llenaban de verdad, me hablaban al corazón, directamente al corazón.

La crítica ha establecido múltiples comparaciones entre La noche de los asesinos y Las criadas de Genêt, por su dramaturgia revolucionaria, su clima de pesadilla y su tratamiento de la rebeldía.[10] La investigación crítica también señala la influencia de los rituales afrocubanos en algunos elementos teatrales como la musicalidad, los efectos sonoros o la técnica interpretativa del desdoblamiento en analogía con un ritual yoruba.[11][12]

Interpretaciones de la obra

La noche de los asesinos ha recibido por parte de la crítica especializada múltiples interpretaciones desde diferentes teorías. Una buena parte de los estudios señalan la importante relación de la obra con el teatro de la crueldad de Antonin Artaud, quien es citado en uno de los textos introductorios de la obra.[13] Comparte con el poeta francés la experimentación y la búsqueda de un nuevo código teatral que reduzca la importancia del lenguaje en comparación con los otros componentes de la puesta en escena, como los elementos estructurales y técnicos.[5][7]

Desde el enfoque de la psicoterapia, el juego o ritual de los hermanos les permite paliar su estado mental; como si se tratara de un placebo, la simulación del parricidio les permite aplacar sus instintos violentos, aunque no solucione el problema de fondo y obligue a actuar sin cesar.[14] Otras líneas de investigación son la comparación de la obra a partir de los elementos compartidos con la tragedia griega, a partir del rito en la búsqueda de la identidad o a partir del recurso del doble.[15][16][17]

Interpretación política y exilio

La noche de los asesinos ha sido analizada en relación con la situación política de Cuba en los años 50.[18] La obra comenzó a escribirse en 1958 y se ambienta de manera ambigua en los años 50, lo que ha causado que los críticos asociaran la sociedad represiva simbolizada por los padres con el régimen de Fulgencio Batista. Sin embargo, la ambigüedad intencional de José Triana permite una segunda lectura del texto como una crítica a la institucionalización del proceso revolucionario en la Cuba de Fidel Castro.[19][20]

El dramaturgo formó parte del tribunal de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) que premió al poeta Herberto Padilla y al dramaturgo Antón Arrufat. Estos dos artistas fueron acusados de transmitir valores e ideas contrarrevolucionarios en sus obras y, a raíz de la polémica con el premio de la UNEAC, La noche de los asesinos fue reinterpretada como una crítica al régimen castrista. Este hecho supuso la marginalización política y cultural de José Triana hasta que, en 1980, el poeta se exilia en París, donde pasa el resto de su vida.[21][22]

Porque la gente interpretó la obra de inmediato asociándola a lo político y la juzgaron nociva, un ataque a la idea revolucionaria, cuando yo al contrario estaba recordando que existía un acto revolucionario de transformación que no estaba exclusivamente vinculado con leyes, sino que había un saneamiento por hacer, una reflexión interna, profunda para lograr el verdadero acto revolucionario. Todo eso se tergiversó. Otro aspecto visible nos lleva al convencimiento que el castrismo se fundamenta en la concepción pequeño burguesa de la vida y yo estaba asestándole un golpe o dinamitando esa estructura.
José Triana

Representaciones destacadas

La obra ha sido traducida a veintiún idiomas y ha sido representada en varios países desde su estreno en 1966 por el grupo Teatro Estudio. La primera representación en el VI Festival de Teatro Latinoamericano Casa de las Américas es galardonada con el Premio Gallo de la Habana. Posteriormente, el grupo teatral dirigido por Vicente Revuelta y José Triana emprenden en 1967 una gira por Europa invitados por el Teatro de las Naciones en París. La noche de los asesinos es representada en Aviñón, Lieja, Ginebra, Italia y Venecia, entre otros países, y se convierte rápidamente en un éxito internacional.[1][23]

Entre sus representaciones posteriores, pueden destacarse los siguientes montajes:

  • Montaje de la Royal Shakespeare Company como The Criminals, Londres, 1967
    • Traducción: Adrian Mitchell
    • Dirección: Terry Hands
  • Maison de la Culture de Grenoble, 1969
    • Dirección: Alain Ollivier
  • Phoenix Theatre, Nueva York, 1970
    • Dirección: David Wheeler
  • Teatro Récamier, París, 1971
    • Dirección: Roger Blin
  • Dume Spanish Theatre, Nueva York, 1976
    • Dirección: Herberto Dumé
  • Teatro Déjazet, París, 1984
    • Dirección: Philippe Noël con la colaboración de José Triana
  • Drama Centre London, Londres, 2012
    • Dirección: Oliver Dawe[24]

Véase también

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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