El relato, en primera persona a partir de una carta y la memoria del narrador, evoca la figura de Pedro Damián, un gaucho entrerriano que participó de la batalla de Masoller durante la guerra civil uruguaya. A través de diferentes personajes, Damián es visto como un valiente, un cobarde o alguien olvidado.[2]
Los diferentes relatos que recoge sobre este personaje le permiten al narrador argumentar sobre el tiempo y la omnipotencia divina. Hay una relación explicitada entre el nombre del personaje y el teólogo medieval Pedro Damián. Vale recordar que, para Borges, la teología era "una rama de la literatura fantástica".[3]