El resultado no fue tan acertado como Juana la Loca y no participó en ninguna exposición nacional.[4] Sin embargo, constituyó uno de los mayores éxitos profesionales de Pradilla[5] y su gran difusión entre el público le llevó a la fama más allá incluso de las fronteras del país.[1][4] En primer lugar se presentó en Roma, donde gozó del aplauso de los ciudadanos de dicha ciudad, y posteriormente en el Senado, a donde acudió Alfonso XII para contemplar la obra.[1] El rey premió al pintor por este trabajo con la gran cruz de la Orden de Isabel la Católica[5] y la Cámara alta acabaría pagando a Pradilla el doble de la cantidad pactada, tras aceptar su petición de aumentar dicho pago.[1]
Las numerosas copias que otros autores realizaron del cuadro son una buena muestra de la fama que llegó a alcanzar. Hay además constancia de varias réplicas llevadas a cabo por el propio Pradilla.[1]