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Levantamiento de Alajuela

insurrección armada en Costa Rica From Wikipedia, the free encyclopedia

El Levantamiento de Alajuela, también conocido como el Motín de Alajuela o la Revolución de 1842, fue un movimiento popular armado que tuvo lugar en Costa Rica en septiembre de 1842. Este conflicto enfrentó a varias ciudades costarricenses que se sublevaron en oposición al gobierno de Francisco Morazán. Morazán había llegado al poder en abril de 1842 tras derrocar a Braulio Carrillo, con la intención de reconstituir la República Federal de Centroamérica. Aunque al principio fue bien recibido por los costarricenses —principalmente por las ciudades opositoras a Carrillo—, pronto perdió apoyo debido a sus medidas autoritarias, la presencia de un gobierno compuesto por forasteros y el temor de que involucrara a Costa Rica en una guerra para restablecer la unión centroamericana.

Fecha Del 11 al 15 de septiembre de 1842
Casus belli Descontento con el gobierno de Francisco Morazán
Resultado Victoria del bando sublevado
Datos rápidos Fecha, Lugar ...
Levantamiento de Alajuela
Fecha Del 11 al 15 de septiembre de 1842
Lugar Bandera de Costa Rica Costa Rica
Casus belli Descontento con el gobierno de Francisco Morazán
Resultado Victoria del bando sublevado
Consecuencias
Beligerantes
Bandera de Costa Rica Insurrectos antimorazanistas: Morazanistas:
Comandantes
Antonio Pinto Soares
Luz Blanco
Domingo Carranza Ramírez
Florentino Alfaro Zamora
Pedro Saborío
Bandera de Costa Rica Francisco Morazán  Ejecutado
Bandera de Costa Rica José Trinidad Cabañas
Bandera de Costa Rica Vicente Villaseñor  Ejecutado
Bandera de Costa Rica José Miguel Saravia †
Bandera de Costa Rica Máximo Cordero
Bandera de Costa Rica Pedro Mayorga
Bandera de Costa Rica Isidoro Saget
Fuerzas en combate
+1000 [1][2] 700 [1][2]
Bajas
Desconocidas Desconocidas
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El evento recibió el nombre de "Levantamiento de Alajuela" porque fue en esta ciudad donde primero se proclamó la oposición oficial al gobierno morazanista; sin embargo, la mayor parte de los enfrentamientos armados se desarrollaron en San José, donde comenzaron las hostilidades. Los antecedentes del conflicto se encuentran en las tensiones políticas y las rivalidades locales entre ciudades que, desde la segunda mitad de la década de 1830, habían generado crisis institucionales y facilitado la intervención militar en la vida política (inicialmente con el golpe de Estado que depuso a Manuel Aguilar Chacón y llevó al poder a Braulio Carrillo, y más tarde con la invasión de Morazán). Las exigencias de contribuciones extraordinarias y el reclutamiento forzoso con fines bélicos impuestos por el gobierno morazanista —prácticas comunes en el resto de Centroamérica pero ajenas a la tradición política costarricense— fueron los factores detonantes que provocaron la sublevación popular.

Antecedentes

Localismo

El localismo durante los primeros años de vida independiente de Costa Rica fue una de las principales causas de discordia. Existía una fuerte rivalidad entre las cuatro ciudades principales del país: San José, Alajuela, Cartago y Heredia, debido a que todas anhelaban ostentar el rango de capital del Estado. Cartago había sido la capital durante toda la época virreinal, pero tras la Guerra de Ochomogo perdió este estatus en favor de San José. Los vecinos de Cartago no se resignaron e intentaron recuperar el centro de poder en varias ocasiones, mientras que San José, ciudad que contaba con un desarrollo comercial más avanzado, no estaba dispuesta a ceder la sede del gobierno.[3]

Por su parte, Alajuela y Heredia también se consideraban a sí mismas dignas de albergar la capital, una posibilidad que se había contemplado desde 1821 con el Pacto de Concordia. En 1834, durante la administración del jefe de Estado José Rafael de Gallegos y Alvarado, se emitió la Ley de la Ambulancia. Según esta legislación, el gobierno del Estado debía rotar cada cuatro años entre las cuatro ciudades principales. Cuando Gallegos renunció en marzo de 1835 —debido a la fuerte oposición de los liberales josefinos y de una prensa hostil a su persona y a la ley—, fue sustituido por Braulio Carrillo. Este buscaba establecer un gobierno más centralizado y profesional, por lo que casi de inmediato derogó dicha ley y decretó que la capital pasaría a ser la población de San Juan del Murciélago (hoy conocida como Tibás). Esto provocó que las otras tres ciudades se levantaran en armas contra San José en la llamada Guerra de la Liga. Sin embargo, la sublevación fracasó, ya que la milicia de San José logró imponerse a pesar de su desventaja numérica.

Derrocamiento de Manuel Aguilar Chacón

Manuel Aguilar Chacón, jefe de Estado de Costa Rica (17 de abril de 1837 - 27 de mayo de 1838).
José Manuel Quirós y Blanco, comandante del Cuartel de San José en 1838.

Cuando el periodo de Carrillo concluyó, este se presentó como candidato para la reelección; sin embargo, fue vencido en los comicios por Manuel Aguilar Chacón, quien contaba con el apoyo de las ciudades de Alajuela, Cartago y Heredia. El nuevo jefe de Estado tuvo que enfrentar una férrea oposición por parte de los partidarios de Carrillo, la cual culminó en un intento de golpe de Estado en agosto de 1837. Aguilar sofocó el movimiento y arrestó a los cabecillas, entre los cuales se encontraba el diputado Vicente Villaseñor. Este fue condenado al destierro y se radicó temporalmente en El Salvador, donde aprovechó para reconciliarse con Francisco Morazán, a quien años después ayudaría a tomar el poder en Costa Rica, traicionando a Carrillo.[4]

Ante la inestabilidad, Aguilar presentó su renuncia a la Asamblea Legislativa el 26 de marzo de 1838. Su carta de dimisión expresaba lo siguiente:

Cuando renunciando a legítimas excusas que tenía para no admitir la jefatura del Estado a que los pueblos me llamaron, me resigné a encargarme de ella; fue precisamente en el concepto de que este acto evitaría por entonces que Costa Rica fuese por segunda vez el teatro donde se representasen a lo vivo los horrores y desastres de una guerra civil entre pueblos que por mil títulos son llamados a la más íntima unión. En el día falta aquella razón y mi existencia en la silla del ejecutivo, causando desconfianzas a unos y profesadas seguridades a otros, temo, no sin fundamento, sea causa de un desorden a pretexto de mi persona. No quiero ser lo de un porvenir desgraciado, porque amo mucho al Estado y conozco que sólo la paz puede hacer su felicidad, y es por esto que, removiendo cuantos obstáculos puedan impedir este objeto, os hago solemne dimisión del destino que obtengo, y suplico que supuesto sois el primer encargado de procurar el bien del Estado, llenando este fin, me la admitáis.
Manuel Aguilar Chacón (Heredia, 26 de marzo de 1838).[4]

La renuncia fue rechazada por la Asamblea. El 4 de mayo de 1838, Manuel Aguilar derogó la ley de Braulio Carrillo que establecía la capital en San Juan del Murciélago. Esto enfureció a los vecinos de dicha localidad, llevando a José Manuel Quirós y Blanco —vecino del lugar y comandante del Cuartel Principal de San José— a organizar el derrocamiento de Aguilar, contando con el respaldo de militares y ciudadanos josefinos.[5] El 27 de mayo de 1838 se ejecutó el golpe; los militares declararon a Braulio Carrillo como jefe de Estado y desterraron tanto a Aguilar como a Juan Mora Fernández, quien ejercía como vicejefe. Al momento del golpe, Carrillo se encontraba en su hacienda en Alajuelita y no estaba al tanto de la conspiración.[6] Una comisión lo buscó para solicitarle que asumiera el mando; aunque reacio al principio, aceptó el cargo para evitar la anarquía en el país.[7]

El acta revolucionaria justificaba la acción alegando irregularidades electorales, aunque historiadores como Cleto González Víquez sostienen que el verdadero móvil fue reafirmar la supremacía de San José.

Los oficiales, sargentos y soldados del ejército que suscriben, Considerando:

Que es un deber suyo respetar y sostener las leyes; que éstas han sido holladas desde el 1° de marzo de 1837 [...] acuerdan:
1. Desconocer y desconocen de hecho la presente administración, como emanada de principios viciosos y dispuesta a desorganizar de nuevo al Estado; y en consecuencia niegan reconocer y reconocen de hecho por jefe supremo del mismo al licenciado ciudadano Braulio Carrillo [...], prometiéndole obediencia y protestándole no obedecer a otro.
2. Se desconocen todos los actos de la Legislatura, Consejo y Ejecutivo desde el 1° de marzo de 1837 hasta hoy [...].
3. Se reconoce a la Asamblea y al Consejo para solo los actos siguientes: a) dar posesión pública y legal al jefe reconocido [...] b) para autorizar al jefe competentemente para proveer a la tranquilidad y seguridad interior y exterior del Estado [...] y c) para que convoque a una Asamblea Constituyente, que revise la Constitución y garantice a los pueblos y a los mismos Poderes Supremos de los ataques, arbitrariedad y absolutismo del Cuerpo Legislativo.

Suscriben: José Manuel Quirós, Gregorio Escalante, Manuel Antonio Bonilla, Salvador Mora, entre otros.[8]

Derrocamiento de Carrillo

Lic. Braulio Carrillo, retrato ubicado en el Museo Nacional de Costa Rica.
Caudillo liberal Francisco Morazán, pintura situada en la Casa Presidencial de El Salvador.

Braulio Carrillo se consolidó en el poder y en 1841 abolió la Constitución Política de 1825, sustituyéndola por el «Ley de Bases y Garantías». Este nuevo ordenamiento declaraba en sus primeros artículos que el jefe de Estado era «elegido por el pueblo» y que su mandato era «inamovible». Sus detractores interpretaron esta inamovilidad como un cargo "vitalicio", tildándolo repetidamente de dictador.[9]

A pesar de las críticas, Carrillo promovió transformaciones profundas que le valieron el título de Arquitecto del Estado Costarricense. Estableció códigos de ética e integridad ciudadana, separó definitivamente a Costa Rica de la República Federal de Centroamérica, fomentó el progreso material e instauró el orden en la administración pública. Sin embargo, gobernaba con severidad y su figura era muy impopular fuera de la capital, especialmente en Cartago, donde lo apodaban «Sapo de Loza». A lo largo de su mandato, sus opositores intentaron derrocarlo en múltiples ocasiones mediante conspiraciones que terminaron en fracaso.[10]

Morazán invade Costa Rica

Visitas anteriores

Francisco Morazán ya había visitado Costa Rica en diciembre de 1834 para recibir un lote de tabaco encargado por el Gobierno Federal.[11] Su fama le precedía y fue recibido con gran entusiasmo. En Cartago, la élite local le ofreció banquetes y suntuosos bailes,[12] lo que le permitió forjar alianzas estratégicas con caudillos cartagineses, quienes más tarde le pedirían ayuda para derrocar a Carrillo y devolverle la capitalidad a su ciudad.[13]

Tras ser derrotado por Rafael Carrera, Morazán partió al exilio en abril de 1840. Zarpó de La Libertad y arribó al puerto costarricense de Caldera, donde solicitó asilo a Carrillo para varios de sus veteranos que deseaban quedarse, entre ellos José María Cañas.[14] Carrillo no solo accedió, sino que otorgó cargos gubernamentales a figuras como Manuel Ángel Molina Bedoya (comandancia de Guanacaste) y Enrique Rivas (comandancia de Puntarenas).[15] Morazán se radicó temporalmente en David, entonces parte de la República de la Nueva Granada. En julio de 1840 surgieron rumores de que planeaba invadir Costa Rica con apoyo neogranadino, lo que generó tensiones diplomáticas.[16]

Desembarco en Caldera

Antes de partir hacia Perú, Morazán fue contactado por opositores de Carrillo que le instaron a invadir el país. Aunque inicialmente reacio a involucrarse de nuevo en la política centroamericana, terminó aceptando.[17] Vio en Costa Rica una base estratégica que le proporcionaría hombres, armas y dinero para su verdadero objetivo: regresar a Centroamérica y enfrentarse a Carrera. Durante su estancia en Perú, se reunió con los hermanos Escalante, desterrados por Carrillo.[18]

El 7 de abril de 1842, Morazán desembarcó en Caldera con una flotilla de cuatro barcos y 500 hombres provenientes de la Isla Martín Pérez.[19] Iniciaron su marcha hacia el interior el 9 de abril, llevando consigo la "Proclama de Caldera", en la cual prometía restaurar las libertades ciudadanas mientras criticaba duramente la administración de Carrillo:

FRANCISCO MORAZÁN A LOS HABITANTES DEL ESTADO DE COSTA RICA

Costarricenses:
Han llegado a mi destierro vuestras súplicas y vengo a acreditaros que no soy indiferente a las desgracias que experimentáis. Vuestros clamores han herido por largo tiempo mis oídos y he encontrado al fin los medios de salvaros, aunque sea a costa de mi propia vida. [...]

Venid a tomar las armas y municiones que abundan en nuestro campo y marchemos en seguida contra el tirano, porque todo el tiempo que éste abuse de la libertad del pueblo será de oprobio, de sangre y de luto para vosotros. [...]

Guerra contra Carrillo: libertad del pueblo costarricense: garantías positivas para todos, sin ninguna excepción, es nuestra divisa. Respeto a la ley, a la moral, a la santa religión y sus ministros es el sentimiento más íntimo de vuestro compatriota.
Francisco Morazán.[20]
El Pacto del Jocote
Vicente Villaseñor.
Rafael Barroeta y Baca.
Monumento en el sitio donde se realizó el Pacto de El Jocote en Alajuela.

Braulio Carrillo se enteró de la llegada de las tropas de Morazán en la noche del 8 de abril.[21] Ante la amenaza, decretó la movilización inmediata del ejército para la defensa del Estado. El plan de Carrillo consistía en fortificar La Garita, en el camino hacia Puntarenas, con una guarnición de 300 hombres por donde preveía el paso del ejército invasor. Simultáneamente, despachó desde San José a 400 hombres bajo el mando del brigadier Vicente Villaseñor —militar salvadoreño radicado en el país desde 1832 y hombre de confianza de Carrillo— con la orden de bloquear el avance de Morazán a través de las veredas que conducían a Poás, impidiendo así su ingreso al Valle Central.[22]

Sin embargo, Villaseñor hizo caso omiso de las instrucciones estratégicas. Realizó una serie de maniobras evasivas, tomando un desvío en Atenas y continuando por Grecia hasta alcanzar el Río Grande, el cual cruzó en Santa Eulalia de Atenas para aproximarse a Alajuela por el norte.[23] En lugar de atacar la retaguardia de Morazán o bloquear su retirada, Villaseñor regresó a La Garita, donde tomó a 250 hombres adicionales de la guarnición local, facilitando involuntariamente el avance de Morazán. Posteriormente, tras atravesar Alajuela, se encontró con Morazán en el sitio conocido como El Jocote, encuentro que sugiere un acuerdo previo entre ambos líderes.

En dicho lugar, Morazán y Villaseñor pactaron el derrocamiento de Carrillo y firmaron el Pacto del Jocote a la sombra de un árbol de jocote. El convenio estipulaba la entrega del mando de las tropas a Morazán, la convocatoria de una Asamblea Constituyente, la expulsión de Braulio Carrillo del territorio nacional y la instalación de un gobierno provisional liderado por Francisco Morazán.[23] Además de Villaseñor, el acta fue suscrita por oficiales de ambos bandos, incluyendo a Florentino Alfaro Zamora y Vicente Aguilar Cubero.[21]

Según la historiografía nacional, Rafael Barroeta Baca —hijo de Rafael Barroeta y Castilla— fue el único oficial del ejército costarricense que se opuso abiertamente a la capitulación. Ante el grupo de oficiales, Barroeta habría exclamado: «¡Hemos venido aquí a pelear y no a pactar!», rompiendo simbólicamente su espada sobre su rodilla. En la comunidad de El Jocote existe actualmente un monumento con una placa que conmemora este acto de lealtad.[24] Tras el acuerdo, Morazán y Villaseñor entraron triunfantes en Alajuela y, posteriormente, en Heredia.

A pesar de que Braulio Carrillo aún contaba en San José con mil hombres leales y recursos para resistir (como lo había hecho en 1835 durante la Guerra de la Liga), decidió evitar un derramamiento de sangre entre compatriotas.[25] José Miguel Saravia fue enviado por Morazán para notificar oficialmente los términos del pacto; Carrillo aceptó la capitulación para prevenir una guerra civil, solicitando únicamente un acuerdo adicional que garantizara la seguridad de las vidas y propiedades de los ciudadanos, así como la protección para él, su ministro Manuel Antonio Bonilla Nava y sus familias. El convenio fue ratificado el 12 de abril en Heredia, permitiéndole a Carrillo salir del país de inmediato con la opción de regresar tras dos años.[26]

El 13 de abril, Morazán ingresó a San José. Antes de partir al exilio, el general visitó a Carrillo en su residencia. La tradición oral conserva las palabras finales de Carrillo al despedirse: «General Morazán, hoy ha entrado usted aquí como el Señor del Triunfo; pero guárdese mucho de que lo crucifiquen mañana. Usted no conoce el terreno escabroso que pisa».[27]

El Licenciado Braulio Carrillo al pueblo de Costa Rica

Han visto los pueblos de Costa Rica los tratados que el Brigadier Vicente Villaseñor celebró con el General Morazán en los campos del Jocote... Yo tenía mil soldados decididos en la plaza que habrían rendido la vida por sostenerme; pero no era a mi persona a la que yo debía atender, sino al bien del Estado, y entre dos males que lo amenazaban, elegir el menor era mi deber.

Colocado el General Morazán en el corazón del Estado, tenía ya todos los recursos de cuatro departamentos... e iba a empeñar una lucha entre los mismos costarricenses que habría producido males mayores... es decir, entronizada la anarquía. [...]

Nunca llegué a pensar que un solo costarricense hubiera sido infiel y traidor: nunca pude persuadirme de que Villaseñor fuera hombre dispuesto a traicionar el Estado, al Gobierno, a sus amigos y a sus bienhechores. Puedo decirlo: que es traidor.
Manifiesto de Braulio Carrillo (Puntarenas, 15 de abril de 1842).[28]

Morazán como Jefe Supremo de Costa Rica

Referencias

Bibliografía

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