Libros sibilinos

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Los libros sibilinos eran unos libros mitológicos y proféticos de la antigua Roma.

La sibila eritrea con uno de sus libros, retratada por Miguel Ángel (Capilla Sixtina)

Historia

La anciana sibila de Cumas se presentó en cierta ocasión ante el rey romano Lucio Tarquinio el Soberbio y le ofreció nueve libros proféticos a un precio extremadamente alto. Tarquinio se negó pensando en conseguirlos más baratos, pero entonces la Sibila destruyó tres de los libros. A continuación le ofreció los seis restantes, pero al mismo precio que al principio; Tarquinio se negó de nuevo y ella destruyó otros tres. Por lo que, ante el temor de que desaparecieran todos, el rey aceptó comprar los tres últimos, pero pagó por ellos el precio que la Sibila había pedido por los nueve.

Estos tres libros se guardaron en el templo de Júpiter en la ciudad de Roma y eran consultados en situaciones muy especiales. Se los llamó Libros sibilinos y estaban escritos en griego sobre hojas de palmera; posteriormente se transcribieron en papiro.

Los romanos del siglo II a. C., época de la República, apreciaban mucho estos libros y dedicaron a su custodia un colegio formado por diez sacerdotes menores, luego aumentados a quince, llamados los Quindecimviri sacris faciundis. Solo en situaciones de crisis los consultaban para ver si había una profecía que pudiera aplicarse al momento.

En el año 83 a. C. el fuego destruyó los libros sibilinos originales y hubo que formar una nueva colección, para lo que el Senado envió a Troya, Samos, Eritras y otras partes personas que recogieran los libros de autoría sibilina que pudieran encontrarse y Augusto mandó encerrarlos en dos arcas. Estos libros tampoco han llegado hasta nuestros días, porque en el año 405 el general romano Estilicón ordenó destruirlos cuando se enteró de que los libros profetizaban que él pretendía tomar el poder.

Parece que Cicerón pudo leer los libros sibilinos, pues comentó que estaban trabajados y escritos con arte y diligencia y eran acrósticos. San Agustín en su Ciudad de Dios (libro XVIII, cap. 23) menciona un acróstico de la Sibila eritrea cuyas letras iniciales formaban este sentido: Ιησούς Χριστός, Υιός του Θεού, Σωτήρας / Jesucristo hijo de Dios, salvador.[1]

Véase también

Bibliografía

Referencias

Enlaces externos

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