Literatura humanística rumana
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La literatura humanística rumana se conforma en un contexto político en el que el poder de los principados rumanos de Moldavia y Valaquia declinaba frente a la autoridad de la Sublime Puerta, cronistas moldavos y válacos con formación humanística insistieron en el origen común de los rumanos y su latinidad y confirieron a la historia un papel formativo indispensable para las generaciones futuras. Paralelamente, numerosas traducciones de obras antiguas y medievales fueron introducidas en tierras rumanas gracias al esfuerzo de monjes y humanistas, enriqueciendo así el acervo cultural del pueblo rumano.
Las ideas básicas del humanismo rumano, desarrolladas con cierto retraso respecto al resto de Europa, durante el apogeo de la Edad Media rumana, se afirman plenamente en el siglo XVII, en el período de los grandes cronistas de los principados. Las ideas incipientes de este humanismo pueden comprenderse a partir de los escritos del historiador Nicolás Olahus (1493 – 1568), en los que ya se entrevé el concepto de unidad idiomática y de origen del pueblo rumano. Por sus principios y formación humanística destacaron el príncipe de Moldavia, Esteban III de Moldavia (1457 – 1504) y el príncipe de Valaquia, Petru Cercel, que gobernó entre 1583 y 1585.
El humanismo rumano se caracteriza por su respeto a los valores culturales del Renacimiento, por el inicio de la emancipación de la autoridad eclesiástica y la aparición de los primeros escritos laicos, por su interés por las humanidades (a través de la redacción de crónicas y de retratos de personalidades ejemplares), por la afirmación de su conciencia de latinidad, por el cultivo del valor educativo de la historia, por la conciencia de la responsabilidad del escritor y por la valorificación de un humanismo popular como fuente de la cultura renacentista rumana.
Cronistas moldavos
A partir de las iniciales letanías que describían los cimientos de los voivodato moldavos, cronistas como Macario, Eftimio y Azario desarrollaron en eslavo eclesiástico unas crónicas de gran belleza retórica, que se remontaban al inicio del Génesis, en las que describieron los principados de Petru Rareș, Alexandru Lapuşneanu y Ioan Armeanul.
La verdadera historiografía rumana empieza con Grigore Ureche (1590 – 1647), que en tiempos del príncipe Vasile Lupu escribió la Crónica de Moldavia hasta el principado de Aron Vodă en un rumano rico y repleto de metáforas, según confiesa, para aumentar la conciencia de unidad de moldavos, válacos y transilvanos. La obra de Ureche fue continuada por el cronista Miron Costin (1633 – 1691) en una obra de gran talento literario y de factura clásica titulada Las crónicas de la tierra de Moldavia desde Aron Vodă hasta Ștefăniță Lupu.
Entre los cronistas modavos, destacó también Ion Neculce (1672–1745), escritor que no escondió su desprecio de boyardo hacia el pueblo “inculto”, redactó su Crónica de Moldavia desde Dabija Vodă hasta el segundo principado de Constantin Mavrocordato con una cierta ingenuidad zafia, sentido moralizador y un tono deslenguado. Por su parte, Nicolae Milescu (1636 – 1708), viajero incansable, sobresalió por una serie de traducciones pero, sobre todo, por su relato de su viaje a China, repleto de comentarios geográficos y etnográficos.
Dimitrie Cantemir
A finales del siglo XVII y principios del XVIII, la cultura rumana se vio sacudida por la actividad de Demetrio Cantemir (1673 – 1723), príncipe de Moldavia y humanista de talla universal. En su Crónica de la antigüedad de los rumano-moldo-válacos, aparecida en 1722, recogió todas las ideas de los cronistas que le precedieron para componer una historia crítica de los territorios de habla rumana. Escribió el primer tratado filosófico en lengua rumana, El diván o la disputa del sabio con el mundo o el juicio del alma con el cuerpo (1698) y la primera novela Historia Hieroglyphica (1705), en la que describía el gobierno de las familias Brâncoveanu y Cantacuzino mediante una metáfora mitológica. En 1714, a petición de la Academia de Berlín, realizó la primera descripción geográfica, etnográfica y económica de Moldavia, titulada Descriptio Moldaviae, junto al primer mapa del principado.