Literatura oral
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La literatura oral o literatura de tradición oral es el conjunto de muchos textos literarios que residen en la memoria y son transmitidos por medio de la voz dentro de una comunidad. Aun cuando las expresiones orales puedan venir de un texto anterior escrito o puedan tener una recopilación escrita posterior, su medio principal de transmisión es la voz.
La literatura oral es una categoría que se utiliza para agrupar manifestaciones artísticas como las leyendas, mitos, cuentos tradicionales, coplas, romances, adivinanzas, corridos y cualquier otra expresión verbal con carácter estético que sea transmitida usando la voz.[1] Esta clasificación de literatura engloba a las expresiones escuchadas, contadas o cantadas sin la intervención de la escritura de por medio.[2]
Los textos pertenecientes a esta literatura suelen reflejar la identidad, valores y cuestiones significantes para la comunidad de la que forma parte pues en caso contrario, no son acogidos y mucho menos repetidos y difundidos.[3]
Puesto que la mayoría de las culturas tiene manifestaciones literarias orales, se puede hablar de que habrá tantas literaturas de tradición oral como culturas diferentes haya en el mundo. Incluso cuando algunos temas, personajes o motivos se repitan en varias comunidades, cada una tiene un repertorio de textos literarios orales propio que corresponde a ese grupo y espacio geográfico específico.[4]
El concepto de artes verbales
La expresión Literatura Oral se dice que fue propuesta por primera vez por Paul Sébillot, quien la utilizó en una recopilación de relatos de la Alta Bretaña publicada en 1881 en la que compiló cuentos, leyendas, proverbios y otras clases de textos de esta naturaleza. Sin embargo, desde 1877, Gaston Paris, filólogo francés, había señalado la importancia de diferenciar los textos transmitidos por medio de la escritura de los que residen en la memoria y la voz, e introdujo el término ouï-dire.[5]
Durante el siglo XX, la mayoría de los investigadores utilizaron el término literatura oral para referirse a los textos de carácter estético transmitidos oralmente pues resultaba útil al sentar en esta expresión los significados de cada una de sus partes: las características propias de lo que se conoce como literatura y la cualidad que la distinguía. Sin embargo, teóricos como Walter J. Ong en su libro Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra, difieren del uso de literatura oral, pues señala que dentro de la palabra literatura, al ir a su origen etimológico, esta tiene la raíz «littera» que quiere decir «letra» y por lo tanto, resultaba una contradicción referirse a estos textos como parte de un conjunto de manifestaciones que están completamente ligadas a la escritura. Él propone, en cambio, la palabra oratura como sustituta en la que se hace presente directamente el medio de transmisión oral en la conformación de la palabra.[6]
El concepto de oratura fue respaldado por varios expertos, quienes argumentaron que este término hacía visibles a los textos orales como una manifestación artística única y no como una categoría anexa a la literatura escrita. Además, esta teoría sostenía que no podía mantener la característica oral de estas creaciones verbales sólo como un adjetivo pues fue la oralidad la que precedió a la literatura, por lo cual la literatura oral habría sido anterior a la palabra escrita y por lo tanto, a la literatura. Se dijo también en favor de esta postura, que aplicar el término literatura oral a las producciones verbales estéticas de todas las comunidades era una manera de imponer conceptos hegemónicos de las tradiciones la europea o anglosajona a pueblos que en algunos casos no tenían escritura.[5]
Ruth Finnegan, destacada teórica sobre la definición y los géneros de la poesía oral, defendió la postura de la literatura oral, aunque en algunos casos también se manifestó de forma positiva hacia el término oratura, pues afirmaba que no toda esta literatura no viene de sociedades ágrafas en las que la oralidad sea el medio dominante de transmisión de saberes y que muchas de las culturas tienen repertorios en los que se conjugan lo escrito y la palabra oral, sea porque circulan forma oral textos escritos, sea porque se hayan realizado recopilaciones escritas de textos orales.[5]
En la actualidad sigue existiendo el debate en cuál es el término más adecuado. Del lado de la oratura, se dice que esta difiere de la literatura pues su repositorio no es el papel ni los libros, sino la memoria colectiva e individual de quienes la repiten, además de que vive en variantes ya que cada vez que se cuenta una leyenda o se canta un corrido,la repetición es única y las palabras y condiciones del acto son diferentes. También se argumenta que en la retórica de la oratura se destacan elementos como la repetición, el volumen y entonación de la voz, la redundancia y sobre todo se hace uso de los gestos y del movimiento del cuerpo y por lo tanto es una performance, que no ocurre en al acto de lectura e interacción con un libro.[5]
Por el bando contrario, se señala que desligar a la literatura oral de la literatura haría que se perdiera la característica artística que se le ha asignado históricamente a esta última y lo que debe destacarse de la literatura no es la característica lírica o narrativa, sino el canal de transmisión.[7]
En los últimos años ha surgido una corriente que aboga por utilizar el término artes verbales para designar a la parte de la cultura en la que se agrupan los cuentos tradicionales, leyendas, acertijos, proverbios, y cualquier otra manifestación de la palabra oral. También se ha utilizado como una expresión bajo la cual englobar a la literatura tanto oral como escrita pues no existen contradicciones conceptuales. De esta forma, lo que definiría a las artes verbales es un uso estético de la palabra que se diferenciaría de un uso práctico como las órdenes o el diálogo.[8]