Los perros hambrientos (película)
película de 1977 de Luis Figueroa
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Los perros hambrientos es una película realizada bajo la dirección del peruano Luis Figueroa Yábar, estrenada en diciembre de 1976.[1] Está basada en la obra homónima de Ciro Alegría publicada en 1939.[2] Fue uno de los primeros largometrajes peruanos en abordar, como eje dramático principal, las tensiones y los conflictos sociales entre las comunidades campesinas y los gamonales en el contexto de las haciendas andinas. [3]
| Los perros hambrientos | ||
|---|---|---|
| Ficha técnica | ||
| Dirección | ||
| Producción | Pukara Cine S.A., María Barea | |
| Basada en | Los perros hambrientos de Ciro Alegría | |
| Música | Omar Aramayo | |
| Sonido | Christine Trautmann, Abelardo Kuschnir | |
| Fotografía | Kurt Rosenthal | |
| Montaje | Juan C. Macías. | |
| Ver todos los créditos (IMDb) | ||
| Datos y cifras | ||
| País | Perú | |
| Año | 1977 | |
| Género | Drama | |
| Duración | 100 | |
| Idioma(s) | Español | |
| Ficha en IMDb Ficha en FilmAffinity | ||
Producción
La película, producida por Pukara Cine S.A., fue estrenada el 23 de diciembre de 1976 en los cines Tacna, El Pacífico, Diamante, Country, Porteño, Odeón, Latino y Junín. [1]
Sinopsis
La historia transcurre en los Andes peruanos a mediados de la década de 1930, durante una prolongada sequía que provoca la infertilidad de la tierra y una grave escasez de alimentos.[3] En este contexto, los campesinos enfrentan las condiciones impuestas por el gamonalismo y las autoridades encargadas de administrar justicia. [4] El conflicto se intensifica cuando se enfrentan a los terratenientes de la región, en particular a don Cipriano, quien busca preservar sus propiedades y mantener su dominio sobre los indígenas sometidos a relaciones de servidumbre. Los hacendados cuentan además con el respaldo del alférez Culebrón, encargado de perseguir a los campesinos tras un hecho cometido en defensa propia.[3] Paralelamente, la familia de Simeón Robles intenta sobrevivir a la crisis provocada por la sequía. Junto a ellos vive una manada de perros criados desde cachorros por Simeón y su hija Antuca. [5]Alimentados con leche de oveja desde temprana edad, los animales se vuelven cada vez más agresivos a medida que se agrava la escasez, hasta el punto de atacar al propio rebaño para sobrevivir.[3]
Reparto
El reparto estaba compuesto por actores no profesionales, entre los que se encontraban:[3][6][7]
| Actor / Actriz | Personaje |
|---|---|
| Juan Manuel del Campo | Simón |
| Rosalía Asencio | Juana |
| Olga del Campo | Antuca |
| Gregorio Solano | Timoteo |
| María del Campo | Vicenta |
| Mario Arrieta | Don Cipriano |
| Jorge Yupanqui | Don Rómulo |
| Alberto Cabellos | Culebrón |
| César Cotrina | Julián |
| Juan Jave | Don Juvencio |
| Manuel Ibáñez | Subprefecto |
| Estuardo Villanueva | Juez |
| Luis del Campo | Mateo |
| Arsenia Arroyo | Martina |
Contexto ideológico e influencias
La película se inscribe en un contexto marcado por la influencia del indigenismo literario y artístico, así como por la presencia de corrientes de izquierda, obreras y sindicales en el Perú de la década de 1970. Si bien el indigenismo había dejado de ocupar una posición central como movimiento cultural, varias de sus representaciones del mundo andino continuaron presentes en la novela de Ciro Alegría (1939) y fueron retomadas en su adaptación cinematográfica.[5]
Análisis crítico
En Los perros hambrientos, Luis Figueroa representa la pobreza campesina como una consecuencia de la marginación estructural dentro del sistema político y social. Al mismo tiempo, la película atribuye un papel determinante al entorno natural, ya que la sequía no solo agrava la escasez de recursos y las condiciones de pobreza, sino que también profundiza las tensiones entre campesinos y hacendados. De este modo, la naturaleza adquiere un rol activo en el desarrollo del conflicto, mientras que el Estado aparece relegado frente a la crisis climática.[5] En este contexto, la supervivencia de las personas, los animales y los cultivos se ve seriamente amenazada, alterando las condiciones de vida de las comunidades andinas.[3]
En la película, los perros y los seres humanos alternan el protagonismo y los puntos de vista narrativos.[2] Los animales actúan como una representación simbólica de las condiciones que afectan a la comunidad, como el hambre, la pobreza y la violencia generadas por la dominación de los gamonales y las dificultades ambientales. Esta correspondencia se expresa en el paralelismo entre las acciones de campesinos y perros: mientras los primeros ocupan el granero tras la negativa del hacendado a auxiliarlos y son reprimidos por ello, los segundos reaccionan a la escasez atacando al rebaño para sobrevivir.[5]
Recepción
La película recibió atención de la prensa nacional e internacional. También se informó que Luis Figueroa proyectaba adaptar la novela de Ciro Alegría desde 1965 y que había sostenido conversaciones con el autor para concretar una versión cinematográfica. No obstante, los problemas de financiamiento y la limitada disponibilidad de incentivos para la producción cinematográfica impidieron que el proyecto se materializara hasta once años después.[3] Para entonces, Alegría había fallecido nueve años antes.
La crítica resaltó el tono dramático y el realismo de la película. Diversos comentarios vincularon esta verosimilitud con la trayectoria documental de Figueroa, visible en obras previas como El cargador (1974) y Chiaraje, batalla ritual (1977). Asimismo, se destacó la ejecución de las escenas, la construcción de los personajes y la representación naturalista del entorno en el que se desarrolla la historia. El crítico peruano Isaac León Frías sostuvo que se trataba del primer largometraje peruano que abordaba una problemática nacional sin recurrir a la mistificación ni al folclorismo.[3] Según León Frías, esta propuesta contrastaba con la tendencia a la estilización presente en Kukuli (1961), película emblemática de la Escuela de Cine del Cusco en cuya realización Figueroa había participado junto con Eulogio Nishiyama y César Villanueva.[1]
No obstante, algunos comentarios críticos señalaron que la película desarrollaba líneas narrativas paralelas y episodios que no llegaban a articularse plenamente, lo que limitaba la riqueza simbólica alcanzada por la novela original de Ciro Alegría.[4] Pese a ello, fue considerada una de las primeras películas peruanas de temática andina que no incurría en las “torpezas, las incongruencias y la ridiculez, por no decir, la estulticia" a las que el público estaba habituado, debido a las escasas producciones similares realizadas hasta entonces. [3]
Premios
En el Primer Festival de Cine Latinoamericano de Biarritz, realizado en Francia en 1979, la película recibió el Premio Especial del Jurado, uno de los principales galardones del certamen. El reconocimiento fue otorgado por su fotografía, la dirección artística basada en actores no profesionales y la rigurosa adaptación de la novela de Alegría. En la competencia participaron otras doce películas latinoamericanas, evaluadas por un jurado integrado por representantes de Francia y América Latina. Durante el festival, Figueroa no pudo presentar su más reciente película, Yawar Fiesta, basada en la novela homónima de José María Arguedas publicada en 1941, pese a que su exhibición estaba programada. La película fue proyectada posteriormente en el Festival Hispanoamericano de Huelva, en España.[6]