Lugarteniente del reino de Aragón

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El lugarteniente del reino de Aragón o lugarteniente general fue un cargo de la Corona de Aragón que empezó a usarse en 1365 por la que el rey delegaba temporalmente, generalmente en la persona que estaba en el puesto más alto para ser su sucesor, sus poderes y atribuciones reales (gobierno y justicia) en determinados territorios, durante su ausencia.

De esta forma, por voluntad del rey, por ausencia o por incapacidad para gobernar, el lugarteniente general hacía las veces del rey (gerens vices) en su lugar (locum tenens), teniendo plena jurisdicción civil y criminal, pudiendo convocar Cortes o promulgar constituciones y fueros.[1] El lugarteniente tenía importantes atribuciones militares, actuando como capitán general y comandante militar supremo en ausencia del monarca.[2]

En el ejercicio de sus funciones supervisaba al gobernador general de Aragón, que procedía de la baja nobleza y estaba fuertemente vinculado al cargo de lugarteniente.[3] Este gobernador actuaba como asistente del lugarteniente (o del rey si este estaba presente) y, en caso de ausencia de este podía actuar como lugarteniente interino. Formaba así parte de una sucesión de cuatro cargos críticos en la legalidad del reino: el monarca, el lugarteniente general de la Corona, el lugarteniente del reino y el gobernador general.[4] Estos seguían este orden de prelación y actuaban sucesivamente como reemplazos interinos en las funciones del cargo superior cuando el ocupante de uno de estos no estaba disponible.[4]

La figura de lugarteniente fue un instrumento de la potestad del rey en los diferentes territorios de la Corona de Aragón, llegando a constituir una especie de alter ego del monarca en esos territorios. Era pues costumbre que fuera ejercido por miembros de la casa real, típicamente por el heredero de la corona.[2] Cuando este era demasiado joven para el ejercicio, el cargo a menudo se delegaba en nobles de confianza real.[2]

Historia

Antecedentes

El cargo traza sus orígenes a 1344, cuando las Ordenaciones de Pedro el Ceremonioso codificaron los oficios de la Corona de Aragón.[5] Las ordenaciones formalizaron la tradición de que el heredero de la corona a veces sustituía al rey si este no estaba presente, en una lugartenencia general compartida entre los distintos territorios de la corona. Al no tener hijos aún Pedro el Ceremonioso, esta lugartenencia general era ejercida por el infante Jaime, hermano del monarca, que desde el ascenso al trono de Pedro ejercía como lugarteniente, gobernador y procurador de todos sus reinos.

Sin embargo, el Ceremonioso empezó en 1344 un proceso de creación de gobernaciones generales subordinadas para cada territorio, que unificaron las vicegerencias del lugarteniente en cada zona, las funciones legales de los procuradores generales preexistentes y parte de las funciones de los bailes y justicias reales.[6] En Aragón estas gobernaciones incluyeron inicialmente un gobernador general para Huesca, otro para Zaragoza y un tercero para la Serranía[7] pero para 1346 las tres se fusionaron en un gobernador general de Aragón para todo el reino.[8] El Principado de Cataluña y los reinos de Valencia y Mallorca fueron objeto de otras gobernaciones generales con estructuras y concentraciones paralelas. El nuevo cargo de gobernador general, significativamente, pasó a ser ocupado por miembros de la alta nobleza mientras que los procuradores previos habían habitualmente sido cargos reservados a caballeros.[9] Algunos autores señalan que eso comienza el proceso para desplazar al infante Jaime del puesto de heredero de la Corona, que ahora pasaba a tener una administración más estable y ligada a personas de la confianza del monarca.[10] En 1350 nació sin embargo el infante Juan, primer hijo varón de Pedro el Ceremonioso, lo que estabilizaba la línea sucesora.

La institución del cargo

La guerra de los Dos Pedros (1356-1369) supuso una prueba para las instituciones de la Corona de Aragón pues el esperable ocupante del cargo de lugarteniente general, el infante Juan, era apenas un niño en un momento en el que se requería amplia actividad del mismo en el reino de Aragón. Por ello, el ejercicio de sus funciones fue delegado durante varios años entre personajes de confianza real con experiencia militar.[2] El nombramiento formal de la reina Leonor de Sicilia en 1364 no alteró esta la dinámica y finalmente Pedro IV nombró en 1366 a su sobrino, el conde Pedro II de Urgel, lugarteniente específico para Aragón bajo la lugartenencia general de la reina.[11]

Bajo la lugartenencia de Pedro de Urgel se hubo de delimitar las competencias de la institución frente a otras del reino, como el gobernador general de Aragón o el Justicia de Aragón.[12] Las Cortes de Calatayud de 1366 trataron el tema, pues ya desde los comienzos se levantaron suspicacias sobre si el cargo formaba parte de un sistema que permitiera al rey nombrar gobernadores ajenos al reino (disputa precursora del posterior pleito del virrey extranjero).[12] Así, mientras que los fueros del reino limitaban el nombramiento de múltiples cargos como el del gobernador general de Aragón a naturales del reino, el nuevo lugarteniente que ahora los supervisaba no tenía esa restricción. Las cortes de 1366 requirieron que mientras el príncipe heredero y lugarteniente general de la Corona fuera menor de 25 años, se designara un lugarteniente específico para el reino de Aragón que fuera natural del mismo. Una vez que el heredero hubiera cumplido esa edad, el lugarteniente del reino podría ser no natural del reino siempre que jurara los fueros.

Las Cortes de Tamarite-Zaragoza de 1367 volvieron a tratar la cuestión.[13] Rechazaron a priori el nombramiento de un lugarteniente permanente en el reino de Aragón, si bien lo formalizaron en casos de ausencia o minoría de edad del heredero y lugarteniente general o si este estaba fuera de la península ibérica.[13]

La evolución de la lugartenencia

Tanto Juan I como Martín I emplearon a sus mujeres, las reinas Violante de Bar y María de Luna, como lugartenientes generales en sus ausencias limitando el nombramiento de nuevos lugartenientes territoriales.[14] La conflictividad que se vivió supuso, sin embargo, que tras la muerte de María se recurriera a primos del rey como el conde Jaime II de Urgel (1408) o el conde Alfonso de Aragón el Viejo (1410).[15] Esto trajo un desarrollo de la institución, pues la política italiana implicaba que ni el rey ni su hijo podían estar de forma recurrente en el reino de Aragón y por primera vez se estableció una lugartenencia general específica para el reino en acompañamiento de la gobernación general.[16] Sin embargo, ambos nombramientos fueron conflictivos pues las cortes aragonesas y el justicia Juan Jiménez Cerdán formalizaron dudas sobre la legalidad de nombrar lugartenientes no afincados en el reino.[17]

El nombramiento de Alfonso el Viejo en 1410 también introduce la terminología equivalente de virrey.[16] A lo largo del siglo XV, el término, con similares características, va siendo sustituido, según el territorio, por el virrey, con similares características. Bajo Fernando el Católico, el término de virrey de Aragón pasó a sustituir al de lugarteniente general.

Véase también

Referencias

Bibliografía

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