Luis Ortiz y Estrada
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Luis Ortiz y Estrada (Lérida, 23 de junio de 1889 - Barcelona, 15 de junio de 1975)[1][2][3] fue un ingeniero, escritor y periodista español tradicionalista.
Barcelona (España)
Biografía
Nació en el seno de una familia comprometida con la causa carlista e integrista. Su padre, el abogado Antonio Ortiz y Massot, natural de La Figuerosa,[4] estuvo a punto de ser fusilado durante la tercera guerra carlista cuando el general Arrando se dirigía a Lérida con la intención de ejecutarle a él y a Juan Mestre, vicepresidente de la Diputación de Cataluña carlista. Terminada dicha guerra, Antonio fue uno de los fundadores de la Juventud Católica de Lérida y de los periódicos El Criterio Católico y Diario de Lérida, que él mismo dirigió a finales del siglo xix.[5]
Con el fin de cursar estudios de ingeniería, Luis Ortiz y Estrada se trasladó a Barcelona, donde ejerció después su profesión. En la ciudad condal formó también parte de la Junta Directiva del integrista «Círcol Sant Jordi» y empezó a destacar como joven promesa entre los escritores tradicionalistas.[5]
Inicios en el periodismo tradicionalista
Fue redactor del Diario de Lérida que había cofundado su padre, pero abandonaría la redacción durante la década de 1920, cuando el diario dejó de estar adscrito al Partido Integrista.[6]
Posteriormente residió en Madrid, donde ocupó el puesto de ingeniero jefe adjunto de OCESA, una compañía filial de la Général d'Electricité, pero, según Ramón María Rodón, perdió su empleo cuando dicha empresa pasó de las manos de Paul Doumer a las de un grupo con marcada ideología izquierdista.[5]
En la capital de España fue miembro del consejo de redacción del diario El Siglo Futuro, órgano oficial del Partido Integrista,[5] que durante la dictadura de Primo de Rivera había llegado a reconocer a Alfonso XIII como rey legítimo de España.
Segunda República
Durante la Segunda República los integristas regresaron a la Comunión Tradicionalista y El Siglo Futuro pasó a ser el principal diario de este partido. Además de continuar como redactor del mismo, Luis Ortiz y Estrada dirigió en Vitoria los periódicos El Heraldo Alavés (1932) y el Pensamiento Alavés (1932-1934).[7] También fue redactor de La Constancia.[8]
En 1934 regresó a Lérida,[7] donde fue director del semanario Terra Ferma,[9] vocal de la Junta Provincial Tradicionalista[5] y presidente de la junta del Casino Tradicionalista.[10]
Debido a su relevancia dentro del tradicionalismo, el teniente coronel Luis Josa de Gomar se dirigió a él para recabar y concretar, en nombre del Ejército, la cooperación de los requetés leridanos ante el inminente Alzamiento Nacional.[5]
Estallada la guerra civil española, fue apresado y condenado a muerte[10] por el Tribunal de Espionaje y Alta Traición del Frente Popular, tras un juicio que duró tres días. Sin embargo, el fallo estuvo pendiente de ejecución durante un largo periodo. Fue liberado de prisión en enero de 1939, cuando las tropas franquistas entraron en Cataluña.[5]
Posguerra
Tras el destierro de Mauricio de Sivatte en 1939, Ortiz y Estrada fue jefe provisional de la Comunión Tradicionalista en Cataluña y participó en la reorganización clandestina del carlismo durante la postguerra, negándose a aceptar el decreto de Unificación.[11]
En palabras de Ramón María Rodón Guinjoan:
A partir de 1939 no había de apartarse de la dedicación exclusiva al servicio de la Causa. Con su figura imponente, su barba a lo Carlos VII y su docta pluma siempre en la mano, don Luis Ortiz y Estrada permanecería impertérrito en la brecha frecuentemente dura e inhóspita del Carlismo de la posguerra.[5]
El 1 de abril de 1941 Luis Ortiz y Estrada dirigió una carta al gobernador civil de Barcelona protestando contra las sanciones que había recibido por ostentar la Cruz de Borgoña y pronunciar el grito de «¡Viva el Rey!» y «¡Viva España!». El dirigente tradicionalista catalán decía no poder contestar a aquellas ofensas públicas a través de la prensa debido a la desaparición de El Siglo Futuro, afirmando que «en sentir de muchísimos, tan necesario sería que dejara oír su voz autorizada». En la misma carta también aseguraba que seguir la política de FET y de las JONS podría dar lo mismo a «quienes han ido bogando de uno en otro partido porque nunca han tenido ninguna convicción política» pero afirmaba que los carlistas «que arraigan su conducta precisamente en la firmeza de convicciones que da la profesión de la verdad política» no podían ser indiferentes a ese proyecto político.
En esa misma línea, Ortiz y Estrada añadía:
Tienen, pues, los carlistas derecho indiscutible a no entrar en F.E.T. y de las J.O.N.S. No han necesitado este partido para servir fielmente a España durante un siglo; para lanzarse a la Cruzada con el poder, el valor y la abnegación de que V.E. y el mundo entero han sido testigos.
Y señalaba que «no hay poder humano capaz de hacerles ir contra los dictados de su conciencia y de hacerles faltar a la lealtad debida».[12][13]
Durante esos años escribió destacados artículos para la revista Misión.[5]

Posteriormente se enfrentó a los tradicionalistas juanistas (partidarios de la sucesión a la corona de Juan de Borbón y Battenberg), a los que acusaba de liberales, y en 1947 escribió la obra Alfonso XIII, artífice de la II República Española,[3] que le valió una réplica en el diario ABC por parte de Julián Cortés Cavanillas, quien admitió que en 1931 Don Alfonso, obrando en consecuencia con la secular adscripción de su dinastía a los principios liberales, había preferido ceder el poder a los miembros del Comité Revolucionario, pensando que el juego parlamentario y partidista habría de ofrecerle la ocasión de regresar llamado por las Cortes de la Nación. Para Ortiz y Estrada, en cambio, aquel abandono del poder, lejos de salvar los principios del orden social, había colocado al país en el disparadero insalvable de la guerra civil.[5]
En la primera mitad de la década de 1960 pronunció conferencias en la Schola Cordis Iesu de Barcelona y escribió artículos en las revistas Misión y Cristiandad en defensa del Syllabus, la obra de Donoso Cortés,[14][15] el «espíritu de cruzada»[16] y especialmente la unidad católica de España,[17][18][19] pero tras la conclusión del Concilio Vaticano II cesaría esta actividad.
Durante esos años, Javier de Borbón Parma le concedió la Cruz de la Orden de la Legitimidad Proscrita y en 1967 le propuso formar parte de su Consejo Real, cargo que sin embargo declinó.[3] A principios de ese mismo año había escrito el prólogo de un libro que debía desarrollar el ideario del tradicionalismo puesto al día, pero finalmente la nueva dirección de la Comunión, dominada por la camarilla de Carlos Hugo de Borbón-Parma, rechazó el proyecto, optando por lo que Manuel Fal Conde describiría como «el olvido del pasado ante el sonrosado porvenir».[20] En 1969 Ortiz y Estrada escribió una larga carta a Carlos Hugo en la que, entre otras cosas, se quejaba de que no hubiese una posición más dura contra la decisión de Franco de nombrar como su sucesor a la jefatura del Estado a Juan Carlos de Borbón. En su archivo personal no figuran cartas posteriores a esta fecha.[3]
Sus sobrinos Julián Jené Ortiz[21] y Dolores Jené Ortiz también militaron en el carlismo.[5]
Obras
- Alfonso XIII, artífice de la II República Española (1947)
- La guerra "dels matiners" o campaña montemolinista
Selección de artículos
- "El Matí" y las elecciones (1931) en El Siglo Futuro
- El estatuto es separatista (1932) en El Siglo Futuro
- Donde las dan las toman (1935) en El Siglo Futuro
- Frentes y frentes (1936) en El Siglo Futuro
- Opina un doctor (1936) en El Siglo Futuro
- No hay tal triunfo (1936) en El Siglo Futuro
- Atropello incalificable (1936) en El Siglo Futuro
- La colaboración con los comunistas (1945) en Cristiandad
- Donoso, Veuillot y el Syllabus de Pío IX (1950) en Reconquista
- Tentar a Dios (1958) en Centinela