Machi weye
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El machi weye es un chamán masculino en la cosmovisión mapuche que posee identidad de género dual (mezcla atributos femeninos y masculinos). Tradicionalmente se les describe como hombres con características femeninas sagradas y prácticas rituales especiales.[1][2] En mapudungun la palabra weye (también escrita huey) alude a varones homosexuales o transgénero pasivos, por lo que los machi weye suelen asociarse con roles chamánicos no normativos.[2] Estas identidades de género no se entienden según la lógica occidental binaria.[3][1]

En épocas precolombinas, los machi weye ocupaban un lugar respetado dentro de las comunidades mapuches. Crónicas coloniales describen rituales dirigidos por estos chamanes. Por ejemplo, en agosto de 1629 el cronista Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán relata cómo «un machi weye, u hombre chamán» curó a un joven mapuche enfermizo con la ayuda del canelo (árbol foye) y espíritus ancestrales.[1] En ese texto el machi weye aparece vestido con atuendos femeninos (un puno o delantal, con el cabello largo) durante el ritual, demostrando su condición singular. Hasta el siglo XVIII, según testimonios indígenas, estos chamanes gozaban de considerable influencia espiritual; eran incluso considerados «personas con dos almas» por combinar energías masculinas y femeninas.[2]
Según el historiador y etnólogo Tomás Guevara, los jóvenes mapuche solteros que mantenían relaciones homosexuales no ocultaban estas prácticas, ya que no eran objeto de persecución ni condena social o legal. Tales actos eran considerados naturales cuando se daban con el machi weye. Se creía, además, que mantener en secreto dichas relaciones podía atraer castigos de fuerzas superiores, manifestados en enfermedades o malformaciones en los futuros hijos.[4] Por su parte, la lingüista Elisa Loncon señala que el término weye (también weyun) puede traducirse como “gay” u “hombre homosexual”.[5]
Con la conquista española, la situación cambió drásticamente. Las autoridades coloniales interpretaron el rol del machi weye con prejuicio: lo estigmatizaron como «puto» o «sodomita» en sus crónicas.[1] El intento de cristianizar a los indígenas forzó a machi weyes y machi mujeres a someterse a las normas coloniales de «corrección sexual» y convertirse al cristianismo para evitar la persecución mapuche.[1] Con el tiempo la figura del machi weye fue desapareciendo del ámbito público mapuche; la persecución religiosa y la presión social redujeron drásticamente su número. Para el siglo XIX eran muy pocos los hombres que ejercían como machi, y en general vestían ropa masculina en la vida cotidiana, a diferencia de los antiguos weye.[1]
Características y funciones

A causa del eurocentrismo y del sesgo religioso de los cronistas e historiadores que documentaron a estos personajes, resulta complejo determinar con precisión las conductas de los chamanes. Las descripciones solían estar impregnadas de juicios morales propios del Imperio español, que interpretaba muchas de sus prácticas como actos paganos o perversiones demonizadas.[1] Así lo evidencia Núñez de Pineda y Bascuñán en su obra Cautiverio feliz:
"Parecía un Lucifer en sus facciones, talle y traje, porque andaba sin calzones (chamal), pues éste era de los que llaman hueyes (invertido pasivo). Traía en lugar de calzones un puno, que es una mantichuela, que traen por delante de la cintura para abajo, al modo de indias, y unas camisetas largas encima. Traía el cabello largo, siendo así que todos los demás andan trenzados. Las uñas tenia tan diformes, que parecían cucharas. (Era) muy pequeño de cuerpo, algo espaldudo y rengo (rengo: cojo por lesión en las caderas) de una pierna, (de modo) que sólo mirarle causaba horror y espanto: con que daba a entender sus viles ejercicios" (...) "Se ponen las gargantillas, anillos y otras alhajas mujeriles, siendo muy estimados y respetados de hombres y mujeres, porque hacen con éstas el oficio de hombres y con aquellos de mujeres... Les llaman hueyes, que en nuestro vulgar (idioma) son nefandos y que (también) en entre ellos se tienen por viles, por acomodarse...".[6]Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán (extracto corregido de «El cautiverio feliz»)
En la práctica ritual muchos visten prendas femeninas[7] (faldas largas, pañuelos, collares) para atraer el espíritu sanador.[1] Como ha observado la antropóloga Ana Mariella Bacigalupo, los machi weye combinaban «el poder espiritual femenino con el poder político masculino», lo que en la estructura social mapuche les permitía mediar entre lo humano y lo espiritual.[1]

El machi weye cumplía las funciones fundamentales de sacrificio, sanación y adivinación dentro de la comunidad. Su rol principal era el de sanador chamánico: entraba en trance para diagnosticar y curar enfermedades (especialmente aquellas atribuidas a hechizos o espíritus malignos). Por ejemplo, en la misma crónica de 1629 se describe cómo el machi weye abrió el pecho de un cordero y, colocando su corazón en un canelo, absorbió con humo el veneno de un joven enfermo, curándolo milagrosamente.[1] Estos rituales (machitun) incluían tambores, cantos de mujeres y ofrendas de tabaco, reflejando la fusión de elementos femeninos y masculinos en la ceremonia.
Además, los machi weye eran mediadores entre el pueblo y el mundo espiritual de los guerreros y antepasados. Según Bacigalupo, su género dual les permitía desempeñar guerra espiritual en defensa de la comunidad: invocaban espíritus mapuches para atacar a los enemigos en el plano sobrenatural con truenos, relámpagos y conjuros (por ejemplo, soplando humo de tabaco hacia el territorio rival).[1] Conjuros lunares, solares y planetarios les servían para fortalecer a los luchadores o vengar agravios.[1] En suma, sus funciones incluían aconsejar a los caciques (lonko) sobre estrategias, proteger la salud del pueblo y garantizar la fertilidad de la tierra, aprovechando su conexión tanto con lo femenino (curación, crecimiento) como con lo masculino (protección, guerra).[1] Como hijos de jefes prominentes, iniciaban su rol mediante sueños y trances aprendiendo hierbas medicinales y técnicas curativas, al igual que las machi mujeres.[1]
Época contemporánea
La figura del machi weye ha sido reinterpretada en debates modernos sobre género y etnicidad. Durante la colonia europea provocó polémica: los cronistas católicos denunciaban sus prácticas como brujería y «sodomía».[1]
En la actualidad, algunos activistas mapuches reivindican estos chamanes como parte de una diversidad de género indígena ancestral que quedó opacada por la colonización.[3]
Otros especialistas advierten que su identidad no encaja del todo en categorías modernas: no se trata simplemente de un «macho gay» o un «transgénero» según modelos occidentales, sino de un rol ritual con significado propio.[3][8]
Como señala un estudio etnográfico de 2004, la femineidad de una persona como «Marta» (un machi weye) sigue creando controversia incluso dentro de la sociedad mapuche actual.[8]
En la práctica, la figura del machi weye no ha sobrevivido de forma clara hasta hoy; su ausencia en la vida comunitaria contemporánea alimenta discusiones académicas sobre cómo definir las categorías indígenas de género sin interpretarlas bajo prejuicios externos.[3][8][9]
Obras
- You will never be a Weye (Nunca serás un weye) (2015), video performático de Seba Calfuqueo.[10]