Maldición de la bruja de Tolosa
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La maldición de la bruja de Tolosa (también llamada maldición de La Plata) es un mito político y leyenda urbana arraigada en la cultura popular de la ciudad de La Plata (Argentina) y sus alrededores. Es considerada parte central del mito fundacional de La Plata, el cual mezcla elementos del folclore local, historia argentina y política bonaerense, por lo que también se la conoce cómo maldición de los gobernadores bonaerenses de 1882. No debe confundírsela con la maldición de Alsina o maldición de los gobernadores bonaerenses de 1877, en donde no existe ninguna bruja.

El mito fundacional de la capital de la provincia de Buenos Aires cuenta que el día de la fundación de La Plata, el 19 de noviembre de 1882, acudieron a la colocación de la piedra fundacional, en medio del campo, miles de personas, muchas de ellas vecinos de la ciudad de Buenos Aires. En la comitiva oficial se encontraba el gobernador Dardo Rocha junto a sus ministros y partidarios, quienes dirigieron la ceremonia. Al anochecer, al intentar tomar el tren de regreso en la Estación de Tolosa, muchos quedaron varados por no haber suficientes convoyes preparados; no así para los hombres de la comitiva oficial, quienes fueron los primeros en retirarse. Entre la multitud en la estación se encontraban partidarios del presidente Julio Argentino Roca enviados para sabotear la fundación; ya que el primer mandatario veía con recelo la nueva ciudad y las aspiraciones presidenciales del gobernador. Aprovechando el disgusto de los varados que estaban siendo víctimas de las inclemencias del tiempo, incentivaron a que se profane la piedra fundacional recién colocada. Pero antes, los partidarios de Roca, fueron a buscar a una bruja que vivía en el pueblo de Tolosa, a quién pagaron para maldecir la futura urbe. Todos se dirigieron a la piedra fundacional y robaron elementos de valor depositados por la comitiva oficial, entre ellos, el acta de fundación de La Plata. Luego de orinar en el lugar, la bruja comenzó a girar alrededor del recinto fundacional en sentido antihorario mientras pronunciaba un maleficio que condenaba a la ciudad a nunca prosperar y al gobernador Dardo Rocha a nunca llegar a la presidencia. Desde ese día ningún gobernador de la provincia de Buenos Aires, que aspiró a ser presidente de la Nación, pudo lograrlo.[1]
El origen de la leyenda urbana
Según una investigación reciente, el psiquiatra Arturo Philip sería el padre de la historia de la bruja de Tolosa. En su trabajo de investigación, el historiador platense Gabriel Darrigran plantea que, luego de trabajar en el psiquiátrico de Carmen de Patagones junto a una machi, Philip llegó a La Plata en 1988 y constituyó el grupo especializado en etnopsicoanálisis “Paradigma” que tenía como publicación institucional la revista Alter Ego. Esa comunidad terapéutica detectó ciertos patrones en el comportamiento ciudadano que diagnosticó como "carencia de identidad", e intentó sanar mediante la utilización de mitos, cómo lo habían hecho en Carmen de Patagones. Es así cómo a través de Alter Ego, en 1989, presentaron por primera vez la historia de una curandera tolosana contratada en 1882 para maldecir la ciudad, cómo explicación simbólica de lo que creían estaba ocurriendo en la ciudad actual.[2] La fuente principal de esta leyenda urbana implantada es el libro Loores platenses del escritor Arturo Capdevila de 1932, en donde se cuenta la historia de los varados en la Estación de Tolosa y cómo renegaron de la ciudad que recién nacía. Mientras que el personaje de la curandera provendría de las experiencias vividas por Arturo Philip con una machi en Carmen de Patagones.[3]
Años más tarde, el historiador y astrólogo aficionado Gualberto Reynal tomará esta investigación terapéutica de Arturo Philip, sobre el supuesto maleficio, y la modificará según su conveniencia para difundir una serie de tomos titulados “La historia oculta de la ciudad de La Plata”, en los que se explican distintas teorías conspirativas para perjudicar a La Plata. De esta manera, Reynal se convierte en el mayor divulgador de la maldición de La Plata a lo largo de toda la década del 90, aportando elementos nuevos a la historia que el imaginario colectivo adoptará hasta la actualidad.[4]