La Malinche
mujer nahua intérprete, consejera e intermediaria de Hernán Cortés
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La Malinche (c. 1500-1529 ), también conocida como Doña Marina o Malintzin, fue una mujer nahua que desempeñó un papel fundamental durante la conquista española del Imperio mexica. Tras haber sido entregada como esclava a los españoles en 1519, pasó a formar parte de la expedición de Hernán Cortés, para quien actuó como intérprete, traductora y asesora en las negociaciones con distintos pueblos indígenas. Su dominio del náhuatl y el maya permitió establecer la comunicación entre los conquistadores y las sociedades mesoamericanas, convirtiéndola en una de las figuras más relevantes de la conquista de México.
Doña Marina (hispanizado)
| La Malinche | ||
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La Malinche, en un grabado de 1885. | ||
| Información personal | ||
| Otros nombres |
Malintzin (en Náhuatl) Doña Marina (hispanizado) | |
| Nacimiento | c. 1500 | |
| Fallecimiento | c. 1529 | |
| Familia | ||
| Cónyuge | Juan Jaramillo | |
| Pareja | Hernán Cortés | |
| Hijos | 2; incluyendo Martín | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | ||
Se conocen pocos datos sobre sus primeros años. Las fuentes coloniales coinciden en que nació en la región del actual sur de Veracruz y que pertenecía a una familia noble antes de ser vendida o entregada como prisionera durante su infancia. Después de ser bautizada con el nombre de Marina, acompañó a Cortés durante gran parte de la campaña militar, participó en encuentros diplomáticos con diversos señoríos indígenas y estuvo presente en acontecimientos decisivos, como la llegada a Tenochtitlan, la matanza de Cholula y la caída del Imperio mexica. De su relación con Cortés nació Martín, considerado uno de los primeros mestizos de la Nueva España.
Su actuación durante la conquista ha sido objeto de interpretaciones contrapuestas desde el siglo XVI. Mientras algunos cronistas españoles destacaron su inteligencia, habilidad lingüística y capacidad diplomática, con el tiempo surgió una imagen que la identificó como responsable de la derrota mexica y símbolo de la traición. Esta visión se consolidó especialmente tras la publicación de El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz, aunque investigaciones historiográficas posteriores han cuestionado esa interpretación al señalar las limitaciones de las fuentes y el contexto de violencia y subordinación en el que desarrolló su actuación.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, historiadoras, escritoras y estudiosas feministas y chicanas comenzaron a reinterpretarla desde nuevas perspectivas. En lugar de presentarla exclusivamente como una traidora, la describieron como una mujer que sobrevivió a circunstancias extraordinarias y cuya capacidad como intérprete y negociadora le permitió desenvolverse entre dos mundos enfrentados. Estas revisiones también han analizado su construcción simbólica en relación con la Virgen de Guadalupe y la Llorona, así como su influencia en los debates sobre el mestizaje, la identidad nacional y el papel de las mujeres en la historia de México. Su figura ha ejercido una amplia influencia en la cultura mexicana e hispanoamericana. Ha sido representada en la literatura, la pintura, la danza, la ópera, el teatro musical, el cine, la televisión y la música popular, además de dar nombre a uno de los volcanes más emblemáticos de México. En el siglo XXI, su legado ha continuado siendo objeto de atención académica e institucional, reflejado en iniciativas de reconocimiento público como la inauguración, en 2026, de una escultura dedicada a Malintzin en el Paseo de las Heroínas de la Ciudad de México, dentro de un proceso más amplio de resignificación histórica de su legado.
Nombre
La Malinche es conocida por diversos nombres,[1][2] aunque se desconoce cuál fue su nombre original.[3][4][5] Tras ser bautizada en la Iglesia católica, recibió el nombre cristiano de Marina,[3][6] precedido con frecuencia por el tratamiento de «doña».[7][8] Los nahuas la llamaban Malintzin, nombre derivado de Malina, adaptación al náhuatl de su nombre en español, junto con el sufijo honorífico -tzin.[9] Según la historiadora Camilla Townsend, en ocasiones se añadía al final el sufijo vocativo -e, dando lugar a la forma Malintzine, que posteriormente se habría abreviado a Malintze y que los españoles habrían interpretado como Malinche.[9][a] Otra posibilidad es que estos últimos simplemente no percibieran la -n «susurrada» del nombre Malintzin.[11]
Durante mucho tiempo se asumió que Tenepal formaba parte de su nombre. En las anotaciones que el historiador nahua Chimalpahin realizó en su ejemplar de la biografía de Cortés escrita por Francisco López de Gómara, empleó repetidamente la forma Malintzin Tenepal para referirse a ella.[12][13] Según la lingüista e historiadora Frances Karttunen, Tenepal probablemente deriva de la raíz náhuatl tene, que significa «poseedor de labios» o «quien habla con elocuencia»,[4] o bien «quien tiene facilidad de palabra»,[14] y de la posposición -pal, que significa «por medio de».[4] James Lockhart, por su parte, sostiene que Tenepal podría derivar de tenenepil, que significa «la lengua de alguien».[15] En cualquier caso, Malintzin Tenepal parece haber sido una traducción literal del sobrenombre español doña Marina la lengua,[11][15] donde la lengua, empleado con el sentido de «la intérprete»,[16] constituye su sobrenombre en español.[12]
Al menos desde el siglo XIX,[12] se creyó que originalmente se llamaba Malinalli,[b] palabra náhuatl que significa «hierba» y corresponde al signo del día en el que supuestamente nació.[19] De ser así, Marina habría sido elegido como su nombre de bautismo por su semejanza fonética.[17] Sin embargo, los historiadores modernos han rechazado esta hipótesis de carácter mítico,[3][12] al señalar que los nahuas asociaban el signo calendárico Malinalli con connotaciones negativas o «malignas»,[3][19][20] y que evitaban emplear este tipo de signos como nombres personales.[3][21] Además, es poco probable que los españoles preguntaran a los indígenas cuáles eran sus nombres antes de bautizarlos con nuevos nombres correspondientes a santos católicos.[22]
Biografía
Primeros años

Se desconoce la fecha de nacimiento de la Malinche,[17] aunque se estima que fue hacia 1500 y probablemente no después de 1505.[23][24][c] Nació en un altépetl que formaba parte de un Estado mesoamericano o era tributario de este, cuyo centro se ubicaba en la ribera del río Coatzacoalcos, al este del Imperio mexica.[25][d] Las fuentes discrepan respecto al nombre exacto del altépetl donde nació.[29][30] En tres procesos judiciales independientes celebrados poco después de su muerte, varios testigos que afirmaron haberla conocido personalmente, entre ellos su hija, declararon que había nacido en Olutla. La probanza de su nieto también señaló a ese sitio como su lugar de nacimiento.[29] Su hija añadió que el altépetl de Olutla estaba relacionado con Tetiquipaque, aunque se desconoce la naturaleza de esa relación.[31] En el Códice Florentino, la tierra natal de la Malinche aparece como «Teticpac», que muy probablemente corresponde a la forma singular de Tetiquipaque.[32] Gómara escribió que procedía de «Uiluta» (presumiblemente una variante de Olutla), aunque erróneamente situó ese lugar en la región de Jalisco, que para entonces pertenecía al Imperio purépecha, por lo que esa identificación resulta muy poco probable.[33][29] Bernal Díaz del Castillo, por su parte, señaló a «Painalla» como su lugar de nacimiento.[33][29]
Según diversas fuentes, pertenecía a una familia noble.[33] Gómara afirma que su padre estaba emparentado con un gobernante local,[34] mientras que Díaz sostiene que sus padres eran gobernantes.[35] Townsend señala que, aunque es probable que Olutla tuviera entonces una población mayoritariamente hablante de popoluca, la élite gobernante —a la que presuntamente pertenecía la Malinche— hablaba náhuatl.[36] Otro indicio que respaldaría su origen noble es su aparente capacidad para comprender el tecpillahtolli («habla señorial»), un registro del náhuatl considerablemente distinto del habla común y que debía aprenderse de manera específica.[37][38] Asimismo, el hecho de que con frecuencia se la llamara doña, tratamiento que en la España de la época rara vez se aplicaba a personas ajenas a la aristocracia, sugiere que era considerada una mujer noble.[18] No obstante, también es posible que los españoles le otorgaran ese tratamiento en reconocimiento de la importancia de su papel durante la conquista.[5]
Probablemente tenía entre ocho y doce años[39] cuando fue vendida o secuestrada para ser esclavizada.[11][40] Díaz escribió que, tras la muerte de su padre, su madre y su padrastro la entregaron a unos mercaderes para que el hijo de ambos —medio hermano de la Malinche— heredara los derechos sucesorios.[41][42] Historiadores, especialistas y críticos literarios han puesto en duda este relato sobre sus orígenes, en gran medida debido al marcado énfasis que Díaz otorga al cristianismo en su narración de los acontecimientos.[18][41][43] En particular, Sonia Rose de Fuggle sostiene que Díaz recurre en exceso al polisíndeton —recurso que imita la estructura sintáctica de numerosos relatos bíblicos— y que, en términos generales, presenta a la Malinche como una mujer cristiana ideal.[44] Townsend, en cambio, considera probable que algunos miembros de su propio pueblo participaran en su venta como esclava, independientemente de las razones que los motivaron.[39] Posteriormente fue llevada a Xicalango,[45] una importante ciudad portuaria de la región.[46] Más tarde fue adquirida por un grupo de mayas chontales, quienes la llevaron a la ciudad de Potonchán. Allí comenzó a aprender la lengua maya chontal y, posiblemente, también la variante yucateca.[47][e] El dominio de estas lenguas le permitió más adelante comunicarse con Jerónimo de Aguilar, otro de los intérpretes de Hernán Cortés, quien hablaba maya yucateco además de su lengua materna, el español.[50]
Participación en la Conquista de México
A Motecuçoma se le informó que los españoles llevaban consigo a una mujer indígena llamada Marina, originaria del asentamiento de Teticpac, situado en la costa del Mar del Norte [mar Caribe], quien les servía de intérprete y transmitía en lengua mexica todo cuanto el capitán don Hernando Cortés le decía. |
En los primeros compases de su expedición a México, Cortés se enfrentó a los mayas en Potonchán.[35] En la batalla que siguió, los nativos sufrieron numerosas bajas y solicitaron la paz. Durante los días siguientes entregaron a los españoles alimentos, oro y veinte mujeres esclavizadas como presentes, entre ellas la Malinche.[52][53] Las mujeres fueron bautizadas y repartidas entre los hombres de Cortés, quienes esperaban utilizarlas como sirvientas y disponer de ellas sexualmente.[54][50][55] La Malinche fue entregada a Alonso Hernández Portocarrero, uno de los capitanes de Cortés,[50] quien era primo hermano del conde de Medellín, ciudad natal del conquistador.[56]
Sus habilidades lingüísticas salieron a la luz[57] cuando los españoles entraron en contacto con hablantes de náhuatl en San Juan de Ulúa.[50][58] Los emisarios de Moctezuma habían acudido para averiguar quiénes eran aquellos recién llegados,[59] pero Aguilar no podía comprenderlos.[58][60] Según Gómara, cuando Cortés descubrió que la Malinche podía comunicarse con ellos, le prometió «más que la libertad» si lo ayudaba a localizar a Moctezuma y a establecer comunicación con él.[33][58] Entonces Cortés la tomó a su servicio, apartándola de Portocarrero.[50] Con la ayuda de Aguilar y la Malinche, Cortés conversó con los emisarios de Moctezuma. Estos también iban acompañados de artistas encargados de pintar a Cortés, al resto de la expedición, así como sus embarcaciones y armas, para enviar esos registros a Moctezuma.[61][62] Años después, Díaz escribió que los nahuas llamaban «Malinche» a Cortés,[63][50] pues tomaban a la intérprete como punto de referencia para identificar al grupo de españoles.[64][f]
A partir de entonces, la Malinche trabajó junto con Aguilar como intérprete entre los españoles y los nahuas.[30][61] Cortés hablaba en español con Aguilar; este traducía al maya yucateco para la Malinche, quien a su vez lo hacía al náhuatl, antes de recorrer el mismo proceso en sentido inverso para transmitir las respuestas.[67] La cadena de traducción se volvió todavía más compleja cuando, tras la partida de los emisarios, los españoles se encontraron con los totonacas,[68] cuya lengua no era comprendida ni por la Malinche ni por Aguilar. En esa ocasión, ella solicitó intérpretes que hablaran náhuatl.[69][70] Karttunen observa que «resulta sorprendente que pudiera establecerse cualquier tipo de comunicación», pues las palabras de Cortés debían traducirse del español al maya, luego al náhuatl y, finalmente, al totonaco antes de llegar a sus interlocutores; las respuestas recorrían exactamente el mismo camino en sentido contrario.[69] Fue durante este encuentro con los totonacas cuando los españoles tuvieron conocimiento por primera vez de la existencia de pueblos enfrentados con Moctezuma.[70][68]

Tras fundar la Villa Rica de la Vera Cruz para liberarse de las restricciones legales propias de lo que, en teoría, era una misión de exploración,[71] los españoles permanecieron durante dos meses en un asentamiento totonaca cercano. Allí formalizaron una alianza con los totonacas y prepararon la marcha hacia Tenochtitlan.[72][73] La primera entidad política importante con la que se encontraron en el camino fue Tlaxcala.[74] Aunque en un principio los tlaxcaltecas se mostraron hostiles hacia los españoles y sus aliados,[75] posteriormente les permitieron entrar en la ciudad.[76][77] La alianza entre ambos grupos se negoció por medio de la Malinche y Aguilar. Las representaciones visuales tlaxcaltecas realizadas posteriormente sobre este encuentro muestran a la Malinche como una figura destacada. En ellas aparece facilitando la comunicación entre ambas partes mientras los tlaxcaltecas entregan a los españoles alimentos y mujeres nobles para afianzar la alianza.[63][78] Después de permanecer varios días en Tlaxcala, Cortés prosiguió su marcha hacia Tenochtitlan por la ruta de Cholula. Para entonces iba acompañado por un numeroso contingente de soldados tlaxcaltecas.[63][79]
Los españoles fueron recibidos en Cholula y alojados allí durante varios días. Según los expedicionarios, los cholultecas dejaron de suministrarles alimentos, excavaron fosas ocultas, levantaron una barricada alrededor de la ciudad y ocultaron un numeroso ejército mexica en las afueras con el propósito de preparar un ataque contra ellos.[80][63] Los europeos llegaron a enterarse de estos supuestos preparativos y, en un ataque preventivo, reunieron a la población y perpetraron la matanza de Cholula.[81] Relatos posteriores sostienen que la Malinche fue quien descubrió la supuesta conspiración. De acuerdo con Díaz, una noble cholulteca se acercó a ella y le ofreció casarla con su hijo si cambiaba de bando. Fingiendo aceptar la propuesta, la Malinche obtuvo información sobre el presunto complot y posteriormente comunicó todos los detalles a Cortés.[82][83]
En los siglos posteriores, este episodio se citó como un ejemplo de la «traición» de la Malinche hacia su propio pueblo.[11] Sin embargo, historiadores modernos como Ross Hassig y Townsend[83][84] sostienen que el relato sobre el «heroico» descubrimiento de la supuesta conspiración probablemente fue una invención concebida para proporcionar a Cortés una justificación política de sus actos ante las autoridades españolas.[83] En particular, Hassig plantea que, con el propósito de consolidar alianzas indígenas que facilitaran la invasión de Tenochtitlan, Cortés colaboró con los tlaxcaltecas en la planificación de la matanza. Antes de incorporarse al Imperio mexica uno o dos años antes, Cholula había sido aliada de Tlaxcala, y su pérdida constituyó un duro golpe, cuyo territorio había quedado completamente rodeado por los mexicas.[85][84][86] Hassig y otros historiadores sostienen que los tlaxcaltecas consideraban el ataque contra Cholula como una «prueba decisiva» del compromiso de los españoles con su alianza.[87][86]

Las fuerzas aliadas llegaron a Tenochtitlan a principios de noviembre de 1519, donde Moctezuma las recibió en una de las calzadas que conducían a la ciudad.[88] La Malinche desempeñó un papel central en aquel encuentro al interpretar la conversación entre Cortés y Moctezuma.[40][89] Gómara escribió que Moctezuma «hablaba por medio de la Malinche y Aguilar», aunque otras fuentes indican que para entonces ella ya interpretaba directamente del náhuatl al español,[40] pues había aprendido este último idioma con rapidez.[50][90] Los españoles sostuvieron que el elaborado discurso pronunciado por Moctezuma a través de la Malinche constituía una muestra de sumisión, pero los historiadores modernos rechazan esta interpretación.[38][89] El tono deferente del discurso puede explicarse por el uso del tecpillahtolli, un registro del náhuatl caracterizado por su lenguaje indirecto y un complejo sistema de afijos reverenciales.[38][91] A pesar de que la Malinche aparentemente comprendía el tecpillahtolli, es posible que algunos matices se perdieran durante la interpretación.[38] Los españoles, de manera deliberada o no, pudieron haber malinterpretado las palabras de Moctezuma.[89]
Tras la conquista, relaciones y muerte
Tenochtitlan cayó a finales de 1521 y, al año siguiente, nació Martín, hijo de la Malinche y Cortés. Durante ese periodo residió en una casa que él mandó construir para ella en la villa de Coyoacán, situada a 13 km al sur de Tenochtitlan, mientras la antigua capital mexica era transformada en la Ciudad de México bajo dominio español. Entre 1524 y 1526 acompañó nuevamente a Cortés en una expedición a Honduras para sofocar una rebelión, donde volvió a desempeñarse como intérprete; es posible que, además del maya chontal y el maya yucateco, conociera otras lenguas mayas.[92] Posteriormente, en la ciudad de Orizaba, ubicada en la región montañosa del centro de México, contrajo matrimonio con el hidalgo español Juan Jaramillo.[92] Algunos investigadores contemporáneos estiman que falleció menos de una década después de la conquista de México-Tenochtitlan, en algún momento anterior a febrero de 1529.[93][94] Le sobrevivieron su hijo, don Martín, quien fue criado principalmente por la familia paterna, y una hija, doña María, cuya crianza quedó a cargo de Jaramillo y de la segunda esposa de este, doña Beatriz de Andrada.[95]
Aunque Martín fue el primogénito de Cortés y, con el tiempo, su heredero, los principales cronistas españoles, entre ellos Gómara, apenas documentaron su vínculo con la Malinche. De hecho, este cronista nunca la mencionó por su nombre, ni siquiera al referirse a su labor como intérprete de Cortés.[96] Incluso durante su vida, madre e hijo convivieron poco tiempo. No obstante, numerosos especialistas e historiadores consideran que el hijo que tuvo con Cortés simboliza el inicio de la amplia población mestiza que posteriormente se desarrolló en Mesoamérica.[97]
Debates sobre su papel e influencia en la Conquista

En sus escritos, los conquistadores destacaron la importancia de contar con una intérprete confiable e incluso sugirieron que su papel y su influencia fueron aún mayores. Díaz, soldado que escribió su crónica en la vejez, alude repetidamente y con gran respeto a la importancia de la Malinche. «Sin la ayuda de doña Marina —escribió— no habríamos entendido la lengua de la Nueva España y de México».[98] Rodríguez de Ocaña, otro conquistador, atribuye a Cortés la afirmación de que, después de Dios, la Malinche fue la principal responsable de su éxito. En distintas ocasiones, recordaron que una de sus mayores habilidades consistía en convencer a otros pueblos indígenas de que, a la larga, era inútil enfrentarse a las armas de metal y a los navíos españoles. A pesar de ello, desde que la Malinche comenzó a asistir a Cortés, los españoles tuvieron que combatir en numerosas ocasiones.[99][100]
Las fuentes primarias indígenas ofrecen indicios aún más claros, tanto por los comentarios acerca del rol de la Malinche como por la relevancia que se le concede en los códices que representan episodios de la conquista. Aunque algunas la presentan como una traidora, no todos los tlaxcaltecas la consideraban de ese modo. En algunas representaciones aparece como una figura «más grande que la vida», en ocasiones incluso de mayor tamaño que Cortés, ataviada con vestimentas suntuosas. Asimismo, la alianza parece establecerse entre ella y los tlaxcaltecas, más que entre estos y los españoles. En el Lienzo de Tlaxcala, por ejemplo, Cortés rara vez aparece sin la Malinche a su lado; en algunas escenas incluso se la representa sola, aparentemente dirigiendo los acontecimientos como una autoridad independiente e, incluso, portando armas. Una de las imágenes muestra a dos parejas —formadas por capitanes españoles y mujeres indígenas— encabezando la acción, identificadas probablemente como Cortés y la Malinche, y Pedro de Alvarado con su consorte tlaxcalteca Tecuelhuetzin.[101]
Los historiadores han debatido ampliamente el grado de protagonismo y autonomía que tuvo durante la conquista. Algunos atribuyen un gran peso a sus habilidades diplomáticas, hasta el punto de que «casi se sienten tentados a considerarla la verdadera conquistadora de México».[99] Otros, como Karttunen, sostienen que su labor diplomática pudo no haber sido ni intencionada ni deseada, pues sus decisiones de interpretar y mediar estuvieron condicionadas por la necesidad de sobrevivir.[102] Townsend añade que precisamente esas habilidades diplomáticas hicieron posible su supervivencia y destaca su capacidad para ganarse el respeto tanto de los españoles como de los nahuas. Según esta historiadora, la Malinche sabía adaptar su manera de hablar a los distintos grupos indígenas y estratos sociales. Ante los nahuas empleaba un discurso retórico, formal y autoritario, lo que proyectaba la imagen de una mujer noble que dominaba el tema del que hablaba.[103] Otros historiadores, sin embargo, han cuestionado la importancia de su intervención. Inga Clendinnen sostiene que los intercambios más relevantes entre Cortés y Moctezuma se desarrollaron de forma no verbal, mediante regalos y gestos, y que es poco probable que la Malinche, en su condición de mujer esclavizada, hubiera comprendido plenamente esos intercambios.[104]
Impacto y legado

La imagen de la Malinche se ha convertido en un arquetipo mítico que ha sido representado en diversas manifestaciones artísticas. Su figura ha permeado las dimensiones histórica, cultural y social de México.[105] También perdura en la toponimia del país: el volcán La Malinche o Matlalcuéyatl, la quinta montaña más alta de México, lleva su nombre y forma parte del Parque Nacional homónimo, ubicado entre los estados de Tlaxcala y Puebla.[106] Asimismo, algunas versiones de la tradición popular identifican a la propia Malinche con la Llorona o incorporan elementos de su historia al origen de la leyenda, una interpretación que diversos medios de divulgación, como El Universal, consideran parte del ámbito legendario y sin sustento histórico documentado.[107]
En el feminismo y resignificación
En los estudios culturales, la historiografía y el pensamiento feminista, ha sido objeto de distintas reinterpretaciones. Rita Cano Alcalá señala que la Malinche y la Llorona forman parte de un conjunto de mitos surgidos y transformados durante el periodo virreinal, en los que personajes femeninos fueron utilizados para transmitir valores morales y regular el comportamiento de las mujeres dentro de una sociedad patriarcal.[108] En los estudios culturales y literarios, suele analizarse en contraposición con la Virgen de Guadalupe. Cano Alcalá explica que esta oposición retoma la dicotomía cristiana entre la mujer pura y la mujer pecadora, heredada de las figuras de la Virgen María y Eva. En el contexto mexicano, la Virgen de Guadalupe pasó a representar el ideal de maternidad y virtud, mientras que la Malinche fue convertida en el símbolo opuesto, asociado con la sexualidad, la transgresión y la Conquista.[108]
Esta interpretación alcanzó una amplia difusión en el siglo XX con la publicación de El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz. En el ensayo «Los hijos de la Malinche», el escritor la identificó con «la Chingada», a la que describió como la representación simbólica de la madre violada durante la Conquista y el origen metafórico del sentimiento de desarraigo de los mexicanos.[109][98] Estudios posteriores, como los de Julee Tate y Cano Alcalá, consideran que esta lectura contribuyó a consolidar la asociación de la Malinche con la traición y la culpa dentro del imaginario nacional.[97][108] Su consideración como traidora también ha sido objeto de revisión por parte de la historiografía contemporánea. Tradicionalmente se le atribuyó haber revelado a Cortés la supuesta conspiración de Cholula, episodio que reforzó su representación como responsable de la derrota mexica. Sin embargo, investigaciones recientes cuestionan esa interpretación. En una entrevista con BBC Mundo, el historiador José Antonio Flores Farfán sostuvo que las fuentes disponibles no permiten responsabilizarla de esos acontecimientos y afirmó que la historiografía hispana construyó la imagen de una mujer que actuaba movida por una supuesta fidelidad absoluta hacia Cortés, trasladándole responsabilidades que correspondían a los conquistadores.[98]
«Fue una víctima de las circunstancias, y con mucha inteligencia, destacada agudeza intelectual, interpretó dos mundos con una cosmovisión distinta. Lo único que hizo fue sobrevivir. Lo de la traición es una imputación muy machista, porque ahora resulta que de todo ese daño la única culpable es una mujer». |
A partir de la década de 1960, comenzó a ser reinterpretada desde perspectivas feministas y chicanas. Rosario Castellanos fue una de las primeras escritoras mexicanas en cuestionar su caracterización como traidora y presentarla como una mujer condicionada por las circunstancias de la Conquista.[110][111] Posteriormente, autoras como Gloria Anzaldúa, Cherríe Moraga, Ana Castillo y Adaljiza Sosa-Riddell la resignificaron como un símbolo de supervivencia, mestizaje e identidad fronteriza, en oposición a las representaciones tradicionales que la reducían a un emblema de deslealtad.[109] En general, las feministas mexicanas la defendieron viéndola como una mujer atrapada entre dos culturas, forzada a hacer decisiones complejas, y que, en última instancia sirvió como madre de una nueva raza.[112] Esta reevaluación también alcanzó el ámbito político. En el marco de la conmemoración de los 500 años de la caída de Tenochtitlan, las senadoras Ana Lilia Rivera y Jesusa Rodríguez promovieron en 2021 un punto de acuerdo para exhortar a superar su estigmatización histórica y la de los pueblos originarios aliados de los españoles durante la Conquista.[113]
Monumentos


El símbolo de la Malinche también ha sido conmemorado mediante monumentos públicos. En 1982 fue inaugurado el Monumento al Mestizaje, obra del escultor español Julián Martínez Soros, en el Parque Xicoténcatl de la Ciudad de México. El conjunto representa a Cortés y doña Marina y, originalmente, también a su hijo Martín, cuya escultura fue sustraída en 2013. Antes de ocupar su ubicación actual, el monumento fue propuesto para otros espacios de Coyoacán, donde generó el rechazo de vecinos que se opusieron a su instalación.[114] En contraste, en 2000 el municipio de Oluta, Veracruz, erigió una estatua en reconocimiento a su papel como una destacada mujer indígena; en comparación con la reacción suscitada por el monumento de 1982, la aceptación y el emplazamiento deliberado de esta escultura fueron interpretados como un reflejo del cambio en la percepción de su imagen.[115] Posteriormente, en Huamantla, Tlaxcala, se instaló una escultura de bronce, realizada como un vaciado de la obra original esculpida por Manuel Vilar y Roca en 1850.[116]
Como parte de este proceso de resignificación, en enero de 2026 fue inaugurada una escultura en el Paseo de las Heroínas de la Ciudad de México, junto con monumentos dedicados a otras cinco mujeres indígenas. Durante la ceremonia, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que su incorporación al conjunto monumental constituía un acto de justicia histórica y sostuvo que reconocer a Malintzin implicaba revisar una eminencia tradicionalmente asociada con la traición desde perspectivas marcadas por el racismo y el machismo, más que «abrir viejas heridas».[117]
En la literatura
Desde finales del siglo XIX, ha sido recreada en numerosas obras literarias que reflejan las cambiantes percepciones sobre su papel en la conquista de México. Una de las primeras fue en Montezuma's Daughter (1893), del escritor británico H. Rider Haggard, una novela histórica de aventuras. Marina aparece por primera vez en el capítulo XIII, donde salva al protagonista del sacrificio y de la tortura, y posteriormente es presentada como la mujer «sin cuya ayuda Cortés nunca habría conquistado México».[118] A lo largo de la obra desempeña un papel secundario y es retratada como una mujer que traiciona a su pueblo por amor a Cortés.[119] En las décadas siguientes continuó siendo encarnada en escritos como Malinche (1938), de Haniel Long;[120] El dios de la lluvia llora sobre México (1939), de László Passuth, que la presenta como una cristiana y protectora de los pueblos indígenas;[121] y The Golden Princess (1954), de Alexander Baron, donde ocupa el papel de protagonista.[122][123]
La simbolización del personaje se amplió durante la segunda mitad del siglo XX. En El laberinto de la soledad (1950), Octavio Paz la convirtió en un símbolo del mestizaje y de la identidad mexicana, al tiempo que la asoció con la idea de la traición.[124] Posteriormente apareció en Cortez y Marina (1963), de Edison Marshall,[125] mientras que Gary Jennings la retrató como una traidora en la novela Azteca (1980).[126] En La muerte del quinto sol (1987), de Robert Somerlott, la historia es relatada en primera persona y ficcionaliza su vida. Kirkus Reviews describió al personaje principal como una narradora «ambiciosa y poco arrepentida».[127] Anna Lanyon publicó La Conquista de La Malinche (1999), una reconstrucción biográfica en la que examina las fuentes históricas y la tradición oral para revisar las interpretaciones convencionales sobre Malintzin y explorar la manera en que su figura fue transformándose en mito dentro de la memoria cultural mexicana.[128] A partir del siglo XXI, distintas obras han ofrecido visiones más complejas, entre ellas Feathered Serpent: A Novel of the Mexican Conquest (2002), de Colin Falconer;[129][130] La india de Cortés (2002), de Carole Achache;[131][132] Malinche (2006), de Laura Esquivel, que la presenta como una mujer condicionada por las circunstancias históricas;[133][134] La verdadera historia de Malinche (2009), de Fanny del Río, narrada como un conjunto de cartas que una Marina moribunda dirige a su hijo Martín para explicar su versión de los acontecimientos y reivindicarse;[135]The Treasure of La Malinche (2008), de Jeffry S. Hepple, una novela de aventuras en la que unas supuestas memorias de Malintzin conducen a la búsqueda del tesoro perdido de Moctezuma;[136] Malinalli of the Fifth Sun (2011), de Helen Heightsman Gordon;[137] la serie de novelas War God (2013-2014), de Graham Hancock;[138][139] The Serpent and the Eagle (2019), de Edward Rickford;[140] y Tu sueño imperios han sido (2022), de Álvaro Enrigue,[141][142] que recrea de forma ficticia los primeros encuentros entre Cortés y Moctezuma II.[143]
En el cine y la televisión
En el cine fue representada por Stella Inda en El capitán de Castilla (1947), dirigida por Henry King,[144] y posteriormente apareció en la película mexicana Leyendas macabras de la colonia (1973) de Arturo Martínez.[145] En 2002, Universal Pictures adquirió el proyecto cinematográfico The Serpent and the Eagle, basado en un guion de Hans Beimler y Robert Hewitt Wolfe, centrado en Malintzin.[146] En 2005, Paramount Pictures retomó el proyecto con Ron Howard como director y Brian Helgeland encargado de reescribir el guion, aunque la película finalmente no llegó a realizarse.[147][148]
En la serie animada Las misteriosas ciudades de oro (1982) aparece un personaje llamado Marinche (sic.) inspirado en ella,[149][150][151] mientras que en el universo ficticio de Star Trek una nave estelar recibió el nombre de USS Malinche, que apareció por primera vez en un episodio de Star Trek: Deep Space Nine (1997).[152][153] En producciones más recientes fue interpretada por María Mercedes Coroy en la serie mexicana Malinche (2018)[154][155] y por Ishbel Bautista en la serie Hernán (2019);[156] ese mismo año fue objeto del documental Malintzin, la historia de un enigma.[157][158][159] Asimismo, su identidad fue retomada en la serie de Disney+ National Treasure: Edge of History (2022), donde es presentada como una doble agente encargada de proteger los tesoros mexicas de Cortés.[160]
En las artes visuales y escénicas

En 1926, José Clemente Orozco realizó el mural Cortés y la Malinche en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.[161] La obra muestra a ambos desnudos y situados en el centro de la composición, con un cuerpo indígena muerto a sus pies.[161] Según Angelica Aboulhosn, en Humanities, Orozco representó a Cortés y La Malinche como una pareja semejante a Adán y Eva, con Cortés sujetándola mientras ella mantiene la mirada baja.[162] La escena ha sido analizada como una representación del encuentro entre las culturas indígena y española y de las tensiones asociadas a la conquista y al origen del mestizaje mexicano.[163]
En la danza, el coreógrafo José Limón estrenó en 1949 el trío coreográfico La Malinche, con música de Norman Lloyd, inspirado en sus recuerdos de las fiestas populares mexicanas.[164]La obra aborda la conquista de México a través de tres individuos: La Malinche, interpretada por Pauline Koner; Hernán Cortés, por Lucas Hoving; y El Indio, representado por el propio Limón.[165] La coreografía desarrolla el conflicto entre los tres mediante secuencias de grupo y duetos cargados de simbolismo; entre ellos destaca una escena en la que La Malinche clava la espada de Cortés en el suelo entre ambos personajes, gesto que ha sido percibido como la representación de la separación y el encuentro entre dos culturas. La obra concluye con La Malinche y El Indio unidos frente al conquistador, en un desenlace que alude a las complejas relaciones surgidas tras la conquista.[165]

Más adelante, el compositor italiano Lorenzo Ferrero la convirtió en uno de los personajes principales de la ópera La Conquista (2005).[166] En la producción estrenada ese mismo año, dirigida por Nicholas Muni, Marina fue acompañado por cinco dobles que repetían sus movimientos como un recurso escénico para enfatizar su presencia dentro de la representación.[167] Mientras que el productor español Nacho Cano produjo el musical Malinche, estrenado en Madrid en 2022.[168] Concebido tras más de doce años de trabajo, el espectáculo sitúa a Malinche como eje narrativo de la conquista de México y plantea una visión que enfatiza el mestizaje y el encuentro cultural entre indígenas y españoles. Cano señaló que la obra pretendía presentar a sus personajes sin una división entre «buenos» y «malos», sino desde una perspectiva centrada en la reconciliación y el legado común surgido de ese episodio histórico.[169]
En la música
Su influencia también se ha extendido a la música. La canción «Cortez the Killer», incluida en el álbum Zuma (1975) de Neil Young, constituye una de las referencias más conocidas en el mundo anglosajón a la conquista de México.[170] La composición refleja una visión crítica de Cortés, a quien presenta como el responsable de la destrucción de un mundo indígena idealizado.[170] En su desenlace, Young cambia la narración de la primera a la tercera persona para cantar And I know she's living there / And she loves me to this day (en español: «Y sé que ella vive allí, / y que aún me ama hasta el día de hoy»), un recurso que ha sido percibido como una alusión a Malinche y al Templo Mayor.[171]
En 1978, el cantautor Gabino Palomares, compuso «La maldición de Malinche», un tema que aborda las consecuencias históricas del colonialismo español sobre los pueblos indígenas.[172] En 1983, Palomares la interpretó junto con Amparo Ochoa durante el Concierto por la Paz en Centroamérica.[173] Por su parte, Los Folkloristas incorporaron la pieza a su repertorio y la describieron como parte del canto que habla «del México que nos duele por tanta desmesura entre millones de pobres y unos cuantos miles de poderosos».[174]Asimismo, Botellita de Jerez abordó el malinchismo en «Guaca Rock de la Malinche» de 1987,[175] donde trasladó esta crítica a situaciones cotidianas mediante un tono humorístico y popular, como la preferencia por rasgos asociados con lo extranjero frente a la apariencia propia.[170] También reivindica elementos de la identidad indígena y la cultura mexicana.[176][177] Igualmente es mencionada en el tercer verso de «Arrasando», canción de Thalía incluida en el álbum homónimo (2000). Su nombre aparece junto al de personajes históricos como Albert Einstein, Leonardo da Vinci, Napoleón, Cleopatra, Mahatma Gandhi y Martin Luther King Jr., así como a los aztecas, toltecas y zapotecas, dentro de una enumeración que alude al legado de distintas personalidades y civilizaciones a lo largo de la historia.[178] La banda francesa Feu! Chatterton le dedicó «La Malinche», incluida en su álbum Ici le jour (a tout enseveli) (2015).[179] El sencillo, construido sobre una base de rock psicodélico con influencias krautrock, fue descrita por la crítica como uno de los momentos más destacados del disco y la presenta como una figura femenina enigmática y seductora mediante una letra de carácter poético.[180][181] Llegó a figurar en la posición 121 en la lista francesa de ventas de la Syndicat National de l'Édition Phonographique en 2016.[182]
Malinchismo
Su nombre dio origen al término «malinchismo», empleado en México para describir la preferencia por lo extranjero en detrimento de lo nacional. La palabra se desarrolló a partir de la construcción de la Malinche como símbolo de la traición, una idea que comenzó a consolidarse tras la independencia de México y que adquirió mayor fuerza durante los siglos XIX y XX.[183][184] De acuerdo con Rosa María Spinoso Arcocha y Andrea Prado Becerra, no existen registros del vocablo «malinchismo» antes del XX. Su primera aparición documentada corresponde a 1938, cuando comenzó a utilizarse en la prensa mexicana para censurar a quienes mostraban preferencia por productos, costumbres o expresiones culturales extranjeras sobre las nacionales. Con el tiempo, el término amplió su significado y pasó a formar parte del discurso político, social y cultural del país.[183]
La Academia Mexicana de la Lengua define este término como la «actitud de quien muestra apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio», mientras que «malinchista» designa a la persona que manifiesta esa actitud.[185][g] Diversos historiadores han señalado que la evolución del concepto refleja principalmente la construcción simbólica de la Malinche dentro del nacionalismo mexicano, más que la actuación histórica de la propia intérprete durante la conquista.[184] El filósofo Alejandro Tomasini Bassols, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, lo ha descrito como una «enfermedad social», al considerar que refleja un complejo de inferioridad frente a lo extranjero que ha persistido desde la época de la conquista y continúa influyendo en determinados comportamientos culturales y sociales. En su opinión, el concepto constituye una herramienta para comprender diversos aspectos de la identidad mexicana, hasta el punto de afirmar que «no entender el malinchismo es no entender a México y a los mexicanos».[187]
Véase también
Portal:México. Contenido relacionado con México.- Isabel (cacica).
- Pocahontas.
- Conquista de México
Notas
- La forma vocativa se emplea para dirigirse directamente a una persona, por lo que «Malintzine» y «Malintze» equivalen aproximadamente a «¡Oh, Marina!». Aunque la forma abreviada «Malintze» es poco frecuente, aparece repetidamente en los Anales de Tlatelolco, junto con «Malintzine».[10]
- La región de origen de la Malinche nunca formó parte del Imperio mexica.[26][27] Hacia la época de la conquista, probablemente estaba integrada por «pequeñas ciudades-estado débilmente aliadas»,[26] que, si bien recibían cierta influencia de los mexicas y de diversos estados mayas, en su mayoría eran relativamente autónomas y no rendían tributo a ninguna entidad política.[28]
- El chontal está estrechamente emparentado con el maya yucateco, aunque ambas lenguas son lo suficientemente distintas como para dificultar la comprensión mutua.[48][49] Por esa época, comerciantes procedentes de la península de Yucatán —hablantes de maya yucateco— solían frecuentar esta región,[28] por lo que la Malinche pudo haber aprendido esa lengua de ellos.[48] Otra posibilidad es que adaptara parcialmente su forma de hablar para poder comunicarse con hablantes de otras variedades mayas, aunque ello habría sido inusual.[37]
- Díaz explicó este fenómeno al proponer que «Malinche», aplicado a Cortés, era una forma abreviada de «el capitán de Marina», ya que ella lo acompañaba constantemente.[65] Sin embargo, Townsend señaló que la construcción posesiva en náhuatl no puede abreviarse de ese modo. Además, la hipótesis de Díaz no explica por qué «Malinche» también se aplicaba a Juan Pérez de Arteaga,[64] otro español que aprendió náhuatl con ella.[66]
- Este mismo significado es el que recoge el Diccionario de la Lengua Española.[186]