Los Mallophaga se desarrollan a través de una metamorfosis gradual. Las hembras normalmente ponen entre 150 y 300 huevos en un intervalo de entre dos y tres semanas. Los huevos, también conocidos como liendres, son alargados y miden 1mm de largo aproximadamente. Estos son adheridos al pelo o las plumas del huésped por una secreción de las glándulas accesorias de las hembras. Normalmente se abren a los pocos días o hasta tres semanas después del momento en el que son puestos. Las ninfas que salen de los huevos se parecen a los adultos excepto porque son más pequeñas y de color más claro. Estas ninfas pasan por tres estadios ninfales durante un periodo de entre dos y tres semanas; finalizados dichos estadios ya se las considera adultos. La mayoría de especies adultas son entre color canela y marrón y miden normalmente entre 1 y 4 mm de largo, aunque algunas especies ganaderas pueden crecer hasta los 5 o 7 mm y otras de aves salvajes pueden incluso llegar a los 10mm.[1]
Con frecuencia, este suborden de piojo está adaptado para vivir en una zona específica del huésped, y pasa toda su vida en el mismo. Solo puede sobrevivir tres días tras la muerte de este y recurre comúnmente a la foresis, que consiste en engancharse a una mosca en pleno vuelo como intento de encontrar un nuevo portador. También puede usar la foresis para cambiar de huésped incluso si el actual sigue vivo.[4]