Manta ignífuga
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Una manta ignífuga o manta antiincendios es un dispositivo de seguridad diseñado para extinguir incendios incipientes o pequeños. Consiste en una lámina de material ignífugo que se coloca sobre el fuego con el fin de sofocarlo, al impedir la llegada de oxígeno.[1]

Las mantas ignífugas pequeñas, tales como las usadas en cocinas y entornos domésticos, se hacen generalmente de fibra de vidrio, y vienen plegadas dentro de una funda o bolsa de liberación rápida, para facilitar su almacenamiento. Las mantas de Nomex poseen una apariencia y textura similar a una manta convencional, pero están fabricadas con fibras ignífugas, y son inocuas para la piel, los ojos y el aparato respiratorio.[2]
Las mantas ignífugas de mayor tamaño, para su uso en situaciones de laboratorio e industriales, a menudo están hechas de lana (a veces tratada con un líquido retardante de la llama). Estas mantas se montan generalmente en cabinas verticales de liberación rápida para que puedan ser fácilmente retiradas y poder envolverlas alrededor de una persona cuya ropa está en llamas.[3]
Hay mantas especiales para ser usadas por soldadores profesionales que soportan hasta 1600 °C. (Norma ANSI FM-4950)[4]
Un nuevo campo de aplicación de las mantas ignífugas es la extinción de incendios de baterías de litio, como los que pueden producirse en coches eléctricos, scooters eléctricos o bicicletas eléctricas, así como en carretillas elevadoras, ya que son muy difíciles de extinguir de forma permanente con agua de extinción. Ofrecen una solución eficaz para detener el fuego y evitar que se propague aún más.[5]
