Marca de Ancona

subdivisión administrativa de los Estados Pontificios (1210-1798) From Wikipedia, the free encyclopedia

La Marca de Ancona (en italiano: Marca Anconitana o Anconetana) fue una marca del Reino de Italia, entidad constituyente del Sacro Imperio Romano Germánico, y posterior provincia de los Estados Pontificios. Su actividad estuvo centralizada en la ciudad de Ancona en un comienzo, para pasar más tarde a ceder protagonismo a la ciudad de Fermo y, a partir del siglo XV a Macerata.[1] Como legado de sus cerca de 700 años de historia, su nombre es conservado hoy por la región italiana de Marcas, cuya territorio abarca casi la totalidad de la extensión que en su momento cubrió la Marca Anconitana.

Datos rápidos Marca de Ancona, Capital ...
Marca de Ancona
Marca Anconitana
Marca del Reino de Italia
Provincia de los Estados Pontificios
1100-1798

Bandera


La marca en un mapa de 1564 confeccionado por Vincenzo Luchino

La Marca de Ancona dentro de los Estados Pontificios.
Capital Ancona (hasta 1210)
Fermo (1210-s. XV)
Macerata (s. XV-1798)
Entidad Marca del Reino de Italia
Provincia de los Estados Pontificios
 País Reino de Italia
(1100-1198)
Estados Pontificios
(1198-1798)
Idioma oficial Latín, italiano
Religión Catolicismo
Historia  
 • 1100 Establecido
 • 1798 Disuelto
Precedido por
Sucedido por
Ducado de Spoleto
República de Ancona
República Anconitana
República Romana (1798-1799)
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Historia

La marca se constituyó cerca del año 1100 a partir de la marca de Fermo (Marchia Firmana) y de un sector meridional del ducado de la Pentápolis bizantino, formando parte originalmente de la Italia imperial.[2] La nueva marca tomó inicialmente el nombre de su primer gobernante (Werner II de Spoleto), siendo conocida así como marca Guarnerii o «marca de Werner».[3] Posterior a su constitución surgieron disputas entre el Imperio y la Iglesia relativos a los derechos y la jurisdicción sobre la marca. En 1173, un ejército imperial liderado por el arzobispo Cristián de Mainz invadió el territorio de la marca, pese a la resistencia de los sectores más cercanos a la posición del papa, liderados por la condesa Boltruda Frangipani. En 1177, el papa Alejandro III se refirió a ella como «parcialmente perteneciente al Imperio, pero en gran parte perteneciente a la Iglesia».[4]

La marca fue anexada de forma definitiva a los Estados Pontificios en el año 1198, durante el papado de Inocencio III. En un comienzo estuvo gobernada por un delegado papal llamado rector. El rector de Ancona, al igual que los rectores de otras provincias papales, se encontraba bajo la autoridad de un rector general que dependía directamente del papa. Durante el período en que perteneció al papado, la Marca Anconitana llegó a tener tres ciudades de más de 10 000 habitantes: Ancona, Ascoli Piceno y Fermo.[5]

Las fronteras de la provincia fueron modificadas con la reorganización de los Estados Pontificios que supuso la dictación en 1357 de las Constitutiones Sanctæ Matris Ecclesiæ (también conocidas como las Constitutiones Aegidianae). La frontera de la marca siguió la costa del Mar Adriático hacia el norte hasta Urbino y contenía las ciudades de Loreto, Camerino, Fermo, Macerata, Osimo, San Severino y Tolentino.

Según El camino a Asís, la biografía de san Francisco de Asís escrita por Paul Sabatier, la Marca de Ancona habría adquirido una importancia excepcional para el movimiento franciscano tras la muerte del santo. La región, que ya había mostrado un notable entusiasmo ante la predicación de Francisco y sus primeros compañeros, se convirtió durante los siglos xiii y xiv en uno de los principales focos de la espiritualidad franciscana. En ella proliferaron eremitorios y comunidades de frailes vinculados a una interpretación especialmente rigurosa del ideal de pobreza, entre ellos los llamados franciscanos espirituales, que defendían una observancia estricta de las enseñanzas y del ejemplo de Francisco frente a las tendencias más institucionalizadas de la Orden. La Marca fue asimismo el origen o lugar de actividad de destacados representantes de esta corriente, como Angelo Clareno, Jacopone da Todi o Corrado da Offida, y albergó numerosos eremitorios en localidades como Offida, San Severino, Macerata, Fermo y Massa. Así, la región llegó a adquirir una reputación particular dentro de la historia de la Orden, hasta el punto de que Sabatier la consideró la provincia franciscana por excelencia y uno de los principales escenarios de la defensa medieval del ideal de pobreza.[6]

Tras la paz de Cateau-Cambrésis (1559), que puso fin a las Guerras italianas, se consolidó un sistema de gobierno patricio de carácter republicano y colegiado, en el que el papa, «príncipe natural», se apoyaba en élites dirigentes locales en su mayoría de origen comunal, que sustituyeron a las antiguas señorías y a los últimos vestigios de feudalidad en el control del territorio, marginados por los Estados Pontificios durante el siglo anterior.[7]

Referencias

Bibliografía

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