Margarita Báez Romero
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| Margarita Báez Romero | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento |
10 de junio de 1948 Carapeguá (Paraguay) | |
| Nacionalidad | Paraguaya | |
| Información profesional | ||
| Ocupación |
Activista política | |
Margarita Báez Romero es una militante política paraguaya vinculada al Partido Comunista Paraguayo.[1][2] Durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954–1989), fue detenida en 1976 y nuevamente en 1982, permaneciendo en prisión por más de tres años en esta última ocasión. De acuerdo con el Informe Final de la Comisión de Verdad y Justicia (2008), fue sometida a tortura y otras violaciones de derechos humanos mientras estuvo bajo custodia estatal[2]
Militancia PCP pro-chino
Durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954–1989), el Informe Final de la Comisión de Verdad y Justicia (CVJ) documentó operativos policiales contra una célula vinculada al Partido Comunista Paraguayo, con detenciones y traslados al Departamento de Investigaciones de la Policía.[2] En el marco de estos operativos, la CVJ menciona la detención de Margarita Báez Romero junto con otras personas identificadas por la policía como integrantes del partido[2]
Báez militó en el sector del Partido Comunista Paraguayo (PCP) identificado como “pro-chino”, liderado por Oscar Creydt, surgido tras la división interna del partido.[1] En esos años, el régimen de Stroessner intensificó la represión contra organizaciones políticas y sociales opositoras, incluyendo diversas agrupaciones de izquierda y movimientos campesinos.[3]
En ese mismo período, Báez Romero mantenía una relación con el dirigente campesino Gumercindo Brítez, también miembro del Partido Comunista Paraguayo, con quien compartía militancia orgánica.[4]
Primera detención (1976)
Según el estudio Mujeres, dictadura y resistencia, Margarita Báez fue detenida por primera vez en 1976, permaneciendo privada de libertad durante varios meses. La obra señala que, al igual que en su segunda detención en 1982, fue sometida a formas graves de violencia y crueldad en el marco de la represión contra militantes comunistas.[1]
Segunda detención (1982)
El 19 de febrero de 1982, Margarita Báez Romero fue detenida en el marco de un operativo contra estructuras vinculadas al Partido Comunista Paraguayo.[2] De acuerdo con el Informe Final de la Comisión de Verdad y Justicia, fue trasladada al Departamento de Investigaciones de la Policía, donde permaneció bajo custodia estatal antes de ser procesada por infracción a la Ley 209/70.[5] La privación de libertad se extendió hasta el 13 de abril de 1985, superando los tres años de encarcelamiento[5]
Diversos testimonios y estudios posteriores señalan que durante esta segunda detención fue sometida a tortura y a múltiples formas de violencia física y psicológica, en el contexto de la represión dirigida contra militantes comunistas[1]
Tortura
La detención de Margarita Báez Romero se produjo en el marco de un patrón sistemático de represión política caracterizado por detenciones arbitrarias y tortura. El Informe Final de la Comisión de Verdad y Justicia documenta que la tortura constituyó una práctica extendida y estructural del régimen stronista, utilizada como mecanismo de castigo, obtención de información y generación de terror social.[6]
La Comisión señala que nueve de cada diez víctimas reportaron secuelas psicológicas relevantes derivadas de las violaciones sufridas, y que la tortura fue la forma de violación más extendida en el periodo analizado (CVJ, 2008, Tomo V, pp. 44–45).[6] En este contexto, el sometimiento de Báez Romero a tortura se inscribe, no como un hecho aislado, sino como parte de una política represiva orientada a desarticular organizaciones opositoras y a producir terror ejemplificante.
Represión y violencia de género
La Comisión de Verdad y Justicia documentó que las mujeres detenidas durante la dictadura de Alfredo Stroessner fueron sometidas no solo a tortura física, sino también a formas específicas de violencia vinculadas a su condición de género, incluyendo amenazas contra familiares, humillaciones sexualizadas y afectaciones a la salud reproductiva.[6] El caso de Báez Romero, documentado por la Comisión de Verdad y Justicia como víctima de tortura prolongada, se inscribe en ese patrón más amplio de violencia estatal ejercida sobre mujeres militantes[1][6]
Báez Romero integra el conjunto de víctimas de prisión política y tortura reconocidas por la Comisión de Verdad y Justicia en el marco del análisis de las violaciones sistemáticas de derechos humanos cometidas durante el régimen stronista.
Testimonio
Se reproduce íntegramente el testimonio de María Margarita Báez Viuda de Britez, presentado ante un juez, en el que la prisionera política describe de manera escalofriante por lo que tuvo que pasar en manos de los agentes de la Policía Política del general Alfredo Stroessner:
El 16 de febrero de 1982 fui secuestrada en la vía pública por cuatro policías vestidos de civil, quienes me amordazaron, me encapucharon y esposaron, para conducirme al Departamento de Investigaciones en un vehículo particular, sin señas oficiales. Sin conocer las acusaciones que pesaban sobre mí he sido llevada directamente junto al jefe de esta repartición policial, quien luego de cerciorarse de mi identidad ordenó de esta manera:
-Háganle lo que quieran, descuartícenla.
(…) Luego me colocaron de cara a la pared y quince minutos después el comisario inspector y torturador Lucilo Benítez me vendó los ojos, y esposada los brazos hacia atrás me conduce a otro edificio, en una de las habitaciones de los Oficiales, donde actualmente funciona el Casino de los Policías. Una vez allí fui colgada por la reja de una ventana de hierro, en el sol...
Fui mantenida así durante seis días (esto pude comprobar escuchando las campanadas de la Catedral, que se oía desde allí) sin comida y despierta (para el efecto me derramaban constantemente agua helada). Una vez por día me bajaban para practicarme otras torturas, consistente en quemarme las manos y otras partes del cuerpo, posiblemente con brasero, golpes en la cara y en los senos.
En el sexto día me bajaron un piso abajo. Ahí fui atada y colocada en posición fetal. Percibí el funcionamiento de un aparato que despedía gas, que congelaba hasta mis huesos, dejándome en un estado de adormecimiento. En ese estado me inyectaron una sustancia en la columna vertebral, que por sus efectos posteriores, no podía tratarse de otra cosa que de una droga.
Durante mi permanencia en esa habitación (48 días en total) venía verme el Director de Política y Afines, el comisario general Alberto Cantero, quien me exigía que le firmara unos papeles que posteriormente serían mi supuesta declaración. Ante mi negativa a esto, continuaban los tormentos físicos y psicológicos.
Las torturas psicológicas consistían en traer y mostrarme una tabla, diciéndome:
-A esta tabla te vamos a atar más tarde para tirarte al río Paraguay.
Y que traerían también a mis hermanos para torturarlos…
Habiendo transcurrido doce días en aquella habitación llegaron ante mí nueve militares, cuyas identidades desconozco, quienes se burlaban del estado físico en que me encontraba.
El 3 de abril fui llevada esposada a un calabozo y mantenida allí hasta el 27 de mayo. Allí recibí continuamente amenazas de ser nuevamente torturada y que me dejarían en ese lugar por muchos años.
En esa situación de incertidumbre, sin comunicación, me he visto obligada a realizar una huelga de hambre que duró diez días, reclamando ser trasladada a otro sitio donde pudiera ejercer mi derecho a la defensa y a la réplica ante las acusaciones de la Policía.
El 28 de mayo fui trasladada a la Guardia de Seguridad, donde también permanecí incomunicada.
Las consecuencias de estas torturas físicas y psicológicas son innumerables. Lo más destacable han sido las alucinaciones visuales y auditivas, trastornos motores, fuertes dolores de cabeza y de la columna vertebral, adormecimiento del cuerpo, taquicardia, problemas de presión arterial, etc., como efecto de la sustancia que me ha sido inyectada en el Departamento de Investigaciones.
Su vivienda, que fue allanada seis días después de su secuestro, sin orden judicial, que se encuentra aún ocupada por la Policía y posiblemente saqueada, como se ha hecho en otras casas. Entonces dijo: Le solicito, señor Juez, el desalojo del Policía que ocupa mi vivienda para poder así disponer de ella.
Informes
En un informe del Departamento de Investigaciones, de setiembre de 1976, consta que se encontraba recluida María Margarita Báez, sospechada de pertenecer al Partido Comunista Paraguayo, PCP, pero “que no habla”.
En rigor, María Margarita hablaba fluidamente, pero en el lenguaje de la Policía Política se quería resaltar que no colaboraba, que no cooperaba, que no accedía a entregar informaciones. De hecho, tal como refieren varios testimonios del período, María Margarita había asumido el comportamiento de una heroína ante los que la interrogaban, con lo que preservó la vida y la integridad de todos sus compañeros. Así, el interrogatorio de la misma consistió en el siguiente diálogo:
Policía: ¿Dónde usted está viviendo?
María Margarita: Vivo en la calle, no tengo casa.
P: ¿Pero dónde duerme?
M M: Duermo donde me toma la noche, en los corredores, en las veredas.
No hace falta realizar esfuerzo alguno para imaginar la bronca que despertaba en los interrogadores este tipo de respuestas. Y la bronca llevaba al castigo sin freno, a torturas inenarrables, que no conseguían doblar, quebrar la voluntad de la militante de alma, dispuesta a dar la vida, si fuera necesario, antes que “entregar informaciones al enemigo”.
María Margarita fue brutalmente torturada. Pero lo que mayor ira desencadenó en los agentes policiales fueron sus respuestas con respecto al embarazo. Ella había sido detenida con meses de embarazo; un embarazo visible, que ella cultivaba en silencio, soñando con lo que vendría a ser su criatura.
Policía: ¿De quién estás embarazada?
María Margarita: De un soldadito, un marinero, al que conocí en las cercanías del Puerto, me gustó y me acosté con él, sin suponer que podía quedar embarazada.
P: ¿Cómo se llama el marinero, cómo lo encontramos?
M M: No tengo la menor idea. Yo apenas lo vi. y me gustó; no le pregunté su nombre, ni dónde vivía… No tengo la más mínima idea sobre cómo se lo podría encontrar…
Nunca antes la Policía Política del general Alfredo Stroessner se había enfrentado a tan poderoso adversario, a tan temible mujer. Nada dolía ni podía doler más a un torturador que la negativa del prisionero o prisionera a cooperar. Para más, se sumaron dos hechos altamente negativos para los torturadores, por lo general excesivamente machistas. La que marcaba el paso del proceso de investigación policial.
Los represores montaron en cólera y se ensañaron con María Margarita, quien en el contexto de las interminables torturas perdió a su hijo. Nada le dolió tanto como eso; ni el látigo, ni la picana, ni la pileta,…, la pérdida del ser más querido representó algo mucho más doloroso que una simple mutilación. Fue mutilada de hecho, pero de modo múltiple y miserable: le arrancaron la vida que portaba dentro de su propio vientre, la de la persona que aún antes de nacer ya había aprendido a amar.
El 28 de setiembre María Margarita fue trasladada al Campo de Concentración de Emboscada, de donde poco después saldría en libertad, en el marco del acto de despedida más emotivo que hasta entonces se viviera en la prisión. Una sonrisa nerviosa y lágrimas irrefrenables acompañaron a María Margarita, mientras que decenas de prisioneros cantaban para ella, acompañados por Arnaldo Llorenz, quien ejecutaba la guitarra.
Fue un tributo muy simple, por cierto, pero una demostración de cariño sincero y de profundo respeto, por haber señalado a sus contemporáneos y a las generaciones futuras de militantes cómo se comportó una mujer valiente ante los criminales.
Referencias
- 1 2 3 4 5 Bilbija, Ksenija, ed. (2017). Poner el cuerpo: rescatar y visibilizar las marcas sexuales y de género de los archivos dictatoriales del Cono Sur. Ensayo Género. Editorial Cuarto Propio. ISBN 978-956-260-944-9.
|fechaacceso=requiere|url=(ayuda) - 1 2 3 4 5 Paraguay (2008). Informe final: anive haguã oiko. T. 2: Las principales violaciones de los derechos humanos (1. ed edición). ISBN 978-99953-883-1-7.
|fechaacceso=requiere|url=(ayuda) - ↑ Paraguay (2008). Informe final: anive haguã oiko. T. 3: Las violaciones de derechos de algunos grupos en situación de vulnerabilidad y riesgo (1. ed edición). ISBN 978-99953-883-2-4.
|fechaacceso=requiere|url=(ayuda) - ↑ «BRÍTEZ, Gumercindo».
- 1 2 Paraguay (2008). Informe final: anive haguã oiko. T. 7: Algunos casos paradigmáticos (1. ed edición). ISBN 978-99953-883-6-2.
|fechaacceso=requiere|url=(ayuda) - 1 2 3 4 Paraguay (2008). Informe final: anive haguã oiko. T. 5: Las secuelas de las violaciones de derechos humanos: la experiencia de las víctimas (1. ed edición). ISBN 978-99953-883-4-8.
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