Memorial de Tlatelolco

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Estela conmemorativa en la Plaza de las Tres Culturas con la tercera estrofa (dedicada el 2 de octubre de 1993)

Memorial de Tlatelolco es un poema de la escritora mexicana Rosario Castellanos (1925–1974). Se considera una de las respuestas literarias más impactantes a la Masacre de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, ocurrida en el barrio de Tlatelolco de la Ciudad de México durante el movimiento estudiantil de ese año.

Castellanos escribió el poema como respuesta a la matanza ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas. El poema denuncia la represión violenta llevada a cabo por las fuerzas gubernamentales contra estudiantes y otros manifestantes, y al mismo tiempo aborda el silencio posterior a los hechos. Forma parte del conjunto más amplio de manifestaciones artísticas y literarias surgidas a raíz del movimiento de 1968 en México. Posteriormente fue incluido en el libro La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska, que recoge testimonios y relatos sobre la masacre.[1]

La tercera estrofa del poema fue grabada posteriormente en un monumento conmemorativo del 25.º aniversario de los acontecimientos en el lugar.

Contenido

La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
Para que nadie viera la mano que empuñaba
El arma, sino sólo su efecto de relámpago.

¿Y a esa luz, breve y lívida, quién? ¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?

¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.
La plaza amaneció barrida; los periódicos
dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en el radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete).

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos.

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.

Recuerdo, recordamos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordamos
hasta que la justicia se siente entre nosotros.

Véase también

Bibliografía

Referencias

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