Mitín del Jardín Florida

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El mitín del Jardín Florida fue una gran reunión política ocurrida en la ciudad de Buenos Aires, capital de la Argentina, el 1 de septiembre de 1889, que dio inicio a una crisis política que llevaría a la fundación de la Unión Cívica de la Juventud –que en parte sobrevive hasta nuestros días como la Unión Cívica Radical–, la Revolución del Parque y la renuncia del presidente Miguel Juárez Celman en 1890.

Jardín Florida

El Jardín Florida, inaugurado el 15 de febrero de 1879, era un amplio espacio de 2400 metros cuadrados de superficie cuya entrada estaba en Florida 838, entre avenida Córdoba y Paraguay.[1] Tenía 80 metros de frente en la calle Florida y 30 de fondo sobre la calle Paraguay. El establecimiento poseía un gran pabellón central con una fuente, asientos y un sector para orquestas. Contaba asimismo con un amplio restaurante rodeado de jardines. Fue demolido en 1910.[1]

Antecedentes

El presidente Juárez Celman

Hasta 1880, la principal preocupación de la Argentina habían sido las guerras civiles recurrentes y la lucha contra los indígenas de la Patagonia, la región pampeana y el Chaco. Tras la Conquista del Desierto, y del Chaco y la definitiva federalización de Buenos Aires, el gobierno del general Julio Argentino Roca, al frente del Partido Autonomista Nacional, fue un período de crecimiento poblacional y económico sin precedentes. No obstante, a la sombra de las inversiones y el avance de las inversiones se incubaba una creciente corrupción administrativa y una burbuja especulativa. El sucesor de Roca, Miguel Juárez Celman, gobernó sin mayores sobresaltos durante los dos primeros años de su mandato, pero gradualmente la situación económica del país se fue deteriorando, lo cual ya era evidente en 1889: la Argentina estaba convulsionada desde dos años atrás por una grave crisis económica-social con una acentuada caída de los salarios, desocupación obrera y un reguero de huelgas nunca antes visto.[2]

Por su parte, la situación política no era mejor: si bien la hegemonía del Partido Autonomista Nacional había mantenido la paz, la concentración del poder en muy pocas manos –Juárez Celman era cuñado de Roca y había sido nombrado candidato exclusivamente por él– se había profundizado en lo que sus opositores llamaron el Unicato, es decir la concentración de casi todas las decisiones en la persona del presidente, incluidas muchas decisiones legislativas y otras referentes a la administración provincial. La oposición que habrían podido hacer figuras como los expresidentes Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre estaba destinada al fracaso desde el inicio,[2] y unas pocas figuras que habían mostrado cierta oposición a la política dominante, como Leandro N. Alem, permanecían alejadas tanto de la acción política como de cualquier figuración en la prensa.[3]

Tu quoque, juventud

Francisco Barroetaveña, que convocó el mitín del Jardín Florida y fundó la Unión Cívica de la Juventud, de la que fue el primer presidente.

Francisco Barroetaveña, un joven abogado, observaba el avance de la crisis económica, política y moral, sumamente preocupado de que los jóvenes de las clases alta y media –de quienes esperaba cierto grado de rebeldía juvenil– en general se inclinaban a encontrar un lugar para acomodarse al sistema político y social imperante.[4] El 20 de agosto de 1889 apareció en el diario La Nación, firmado por Barroetaveña, un artículo titulado ¡Tu quoque juventud! En tropel al éxito, en que criticaba la situación económica, la decisión ya tomada por el presidente de imponer como su sucesor a Ramón J. Cárcano y la falta de reacción de los jóvenes, más interesados en progresar económicamente que en asegurar el futuro para el país. Denunciaba, además, la falta de libertad de sufragio, el avallasamiento de las autonomías provinciales y municipales, la manipulación de las concesiones de servicios públicos y la corrupción generalizada.[5]

El artículo tuvo una enorme difusión, y muchos jóvenes estudiantes y profesionales felicitaron a Barroetaveña; tres de ellos fueron a visitarlo personalmente, ofreciéndole un banquete en su honor, que era la forma habitual en que la clase alta hacía sus demostraciones políticas, sin incluir en las mismas a nadie que no perteneciera a ella. Barroetaveña propuso, en cambio, un mitín para reunir a una cantidad mucho mayor de simpatizantes con sus ideas. En una reunión posterior, celebrada el 22 de agosto en el despacho de abogado de Barroetaveña, se reunieron un conjunto de jóvenes, entre ellos algunos que tendría una carrera muy destacada, como el futuro presidente Marcelo T. de Alvear, Emilio Gouchón, el naturalista Ángel Gallardo, el futuro fundador del Partido Socialista Juan B. Justo, Tomás Le Bretón, Manuel Augusto Montes de Oca y otros. Allí discutieron la situación y las posibles acciones, y decidieron la fundación de un "club político", cuyo nombre y objetivos se discutieron largamente. El nombre elegido fue el de Unión Cívica de la Juventud. También se pusieron de acuerdo para el alquiler de algún lugar espacioso para realizar el mitín. El elegido resultó ser el Jardín Florida, un espacio dedicado a reuniones y fiestas ubicado sobre la calle Florida.[6]

Durante los días siguientes, se realizaron reuniones prácticamente diarias en el despacho del promotor del mitín, durante las cuales se sumaron otros personajes. Días antes del acto, fueron designados Barroetaveña, Montes de Oca y Damián Torino para ser los oradores del acto. El día anterior se cursó por la prensa una invitación «a la juventud independiente» para[7]

...proclamar con firmeza la resolución de los jóvenes de ejercitar los derechos políticos de los ciudadanos, animados de grandes ideales, con entera independencia de las autoridades constituidas y para provocar el despertamiento de la vida cívica nacional.

El análisis de los 25 firmantes que fueron publicados –la invitación afirmaba que había sido rubricada por más de mil firmas– se desprende que los organizadores pertenecían mayoritariamente a la clase alta urbana y universitaria, principalmente de Buenos Aires, más algunos estudiantes de la Universidad de Buenos Aires provenientes del interior. No había ninguna participación de los sectores obreros, de las clases dirigentes de las provincias interiores, ni tampoco de los empresarios cuya formación no hubiese sido universitaria. Las preocupaciones por la industrialización, los derechos laborales y la calidad de vida de las clases bajas estaban completamente ausentes en la convocatoria.[7]

El mitín

Mitín del Jardín Florida, el 1 de septiembre de 1889.

A la una y media de la tarde del 1 de septiembre, una multitud colmaba el Jardín Florida: dependiendo de las fuentes, eran entre 3000 y 4000 personas. Además de Montes de Oca, Barroetaveña y Torino, tomaron también la palabra Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle, Pedro Goyena, Vicente Fidel López, Torcuato de Alvear y Delfín Gallo. Los discursos versaron, en general, en torno a las mismas preocupaciones que se mencionaron en el artículo de Barroetaveña y en la necesidad de la fundación y expansión de la Unión Cívica de la Juventud: sostener las libertades públicas, el derecho universal al sufragio, la pureza administrativa, la propaganda política para impulsar a la juventud a actuar en política y el derecho de las provincias a administrarse sin interferencias del gobierno nacional. La participación de nuevos oradores dio la máxima importancia, entre todos los temas señalados, a la limpieza y libertad electoral. Alem, en particular, concentró su discurso en invitar a la juventud a reaccionar contra la situación moral y reclamó el sufragio universal.[8]

La situación social de la clase trabajadora estuvo, en cambio, completamente ausente en los discursos. De hecho, la situación económica en general también fue mencionada apenas de soslayo por una parte de los oradores como consecuencia de los problemas políticos y morales. No se propuso ningún cambio en la política económica y financiera, ya que se suponía que una vez solucionados los problemas morales y políticos, aquélla se encauzaría sola. De hecho, elogiando los discursos de los oradores del mitín, el diario El Nacional criticaba que «esta generación nos parece más preocupada de los intereses materiales que de los grandes ideales». Años más tarde, una de las críticas más habituales a los gobiernos de la Unión Cívica Radical –desde el de Yrigoyen al de Alfonsín, siendo especialmente notable en el caso de la presidencia de Arturo Illia– sería la falta de decisión y dinamismo para imprimir un mayor ritmo al desarrollo del país.[9]

Tras la reunión, los participantes recorrieron la calle Florida hasta la Plaza de Mayo, donde depositaron una ofrenda floral al pie del monumento ecuestre a Manuel Belgrano.[10]

Un hecho que llamó la atención por lo vistoso y por sus vergonzosas consecuencias fue la participación en el acto de cinco cadetes del Colegio Militar de la Nación vestidos con sus trajes de gala. Pocos días después, éstos fueron expulsados y dados de baja del Ejército: algunos jóvenes pagaron a los expulsados el comienzo de carreras universitarias. El hecho causó una pésima impresión y confirmó sin lugar a dudas la actitud autoritaria del presidente y sus ministros, que castigaban hasta el hecho de oír críticas al gobierno.[10]

Exceptuando a los periódicos oficialistas, los medios independientes y opositores se hicieron eco del mitín y criticaron acerbamente al gobierno y a sus partidarios, haciendo suyos los conceptos de los oradores. Tales fueron los casos de los diarios La Unión, La Nación y El Nacional.[11]

Revolución del Parque

Una barricada durante la Revolución.

Los discursos llevaron a la Unión Cívica de la Juventud a organizarse como un partido político, con sus autoridades, estatutos y personería jurídica. Su primer presidente fue Berroetaveña, con Tomás Santa Coloma en la vicepresidencia.[12] A medida que pasaba el tiempo, se acercaron otros políticos opositores destacados, entre ellos Bernardo de Irigoyen y Bartolomé Mitre. Por esa razón, y por la expansión –ciertamente lenta, pero real– del partido por el interior del país, en abril de 1890 el partido fue reorganizado y renombrado como Unión Cívica.[13]

La situación económica empeoraba rápidamente: las obligaciones a término no pudieron ser pagadas y se produjo una corrida bancaria, que se conoce como el pánico de 1890; esto llevó a los comerciantes a subir los precios de los artículos de primera necesidad.[14] Según el diputado Juan Balestra, «una revolución anda por las calles buscando quien la dirija».[15] El 2 de febrero se realizaron elecciones locales en la ciudad de Buenos Aires, con una participación mínima de votantes.[16] En abril renunció en pleno el gabinete de ministros de Juárez Celman, que sólo con muchas dificultades logró formar uno nuevo, en el que ni siquiera fue cubierto el ministerio de Relaciones Exteriores; en junio habría otra renovación del gabinete, que incorporó algunos conservadores talentosos como Roque Sáenz Peña y Salustiano J. Zavalía, pero el ministro de Hacienda, Juan Agustín García no alcanzó a hacer realmente nada útil. De hecho, hubo denuncias de que se estaba imprimiendo dinero sin respaldo alguno.[17]

El 13 de abril de 1890 se realizó un gigantesco mitín para fundar la Unión Cívica, convocado por todos los sectores opositores, como Mitre, José Manuel Estrada, Pedro Goyena, Juan B. Justo, el general Juan Andrés Gelly y Obes, el empresario Mariano Billinghurst. Para la presidencia fue elegido Leandro N. Alem, el cual impulsó junto a Mitre el inicio de una conspiración armada.[18]

El resultado fue la Revolución del Parque, que estalló el 26 de julio, dirigida en lo militar por el general Manuel J. Campos y en lo político por Alem. La misma fracasó por la resistencia de la policía, por su mala organización e indecisión, y por la negativa de Campos de marchar sobre la Casa de Gobierno; el día 29, los revolucionarios abandonaron el intento. No obstante, el gobierno ya estaba vencido: falto del apoyo hasta de su mentor y cuñado, el general Roca, presentó su renuncia el 6 de agosto y fue reeemplazado por Carlos Pellegrini.[19]

Consecuencias

Referencias

Bibliografía

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