A partir de la toma de Jerusalén en 586 a. C, los babilonios conformaron la provincia de Yehud, que tenía como límites a Bethel al norte, Jericó al este, Bet Zur en el oeste y En-Gedi al sur, y su capital era la ciudad de Mitzpá, no Jerusalén, la cual estaba habitada pero parcialmente en ruinas. Mitzpá probablemente continuó como capital de Yehud Medinata durante más de un siglo, hasta la refortificación de Jerusalén por Nehemías.[2]
Los persas parecen haber experimentado gobernar Yehud como un reino cliente, bajo descendientes de Joaquín. Sheshbazzar, designado por Ciro para gobernar Yehud Medinata en 538, era de origen davídico, al igual que su sucesor Zorobabel, quien a su vez fue sucedido por su segundo hijo y luego por su yerno, todos ellos gobernantes davídicos hereditarios, un estado de cosas que terminó solo alrededor del 500 a. C.[3] Después del año 500 a. C. Yehud se convirtió en la práctica en una teocracia, con el predominio por una línea de sumos sacerdotes hereditarios.[4] Yehud pasó a ser parte de la satrapía de Abar Nahara.[2] El gran rey persa nombraba un gobernador de Yehud Medinata que tenía como funciones mantener el orden y velar por el pago de los tributos al imperio.[5] La evidencia de sellos y monedas sugiere que la mayoría, si no todos, de los gobernadores de Yehud persa eran judíos, una situación que se ajusta a la práctica general persa de gobernar a través de líderes locales.[6]
A partir del 445 a. C. Jerusalén fue la ciudad principal de Yehud, con muros, con el Segundo Templo y otras instalaciones necesarias para funcionar como capital provincial.[7]