Modelo bancario de educación

concepto del filósofo brasileño Paulo Freire From Wikipedia, the free encyclopedia

Educación bancaria o Modelo bancario de educación (en portugués: modelo bancário de educação) es un concepto propio de la Pedagogía crítica,una corriente pedagógica que desarrolló y aplicó conceptos provenientes de la Teoría Crítica de la Escuela de Fráncfort y el marxismo, hacia el campo de la educación y el estudio de la cultura, fundada en la obra del filósofo y pedagogo brasileño Paulo Freire.[1][2] El término aparece por primera vez en la obra Pedagogía del oprimido[3] de Paulo Freire, para referirse en forma crítica al el sistema educativo tradicional.[4][5] El nombre hace referencia a la metáfora de los estudiantes como contenedores en los que los educadores deben poner conocimientos.[6] Freire argumentó que este modelo refuerza la falta de pensamiento crítico y propiedad del conocimiento en los estudiantes, lo que a su vez refuerza la opresión, en contraste con la comprensión de Freire del conocimiento como resultado de un proceso creativo humano.[4]

Freire critica a este modelo diciendo que contempla al educando como un sujeto pasivo e ignorante, que ha de aprender por medio de la memorización y repetición de los contenidos que se le inculcan.[7] Bajo esta lógica, el educador selecciona la información de forma a priori, para luego instruirlas, viéndose a sí mismo como un poseedor de verdades únicas e inamovibles. Esta crítica alcanza su máxima expresión con la obra de Freire, pero la idea en sí encuentra un paralelismo con las ideas del pedagogo suizo Johann Heinrich Pestalozzi, que ya había criticado dichas técnicas en el siglo XVII.[8][9][10] Estas críticas consideran que se trata de un modelo de educación "paternalista", cuyas premisas sobre cómo educar atribuyen a la instrucción planteada por Agustín de Hipona. Una de esas premisas es que enseñar consiste en narrar, es decir que la narración cobra un papel no sólo muy importante, sino preponderante en la educación. La dificultad que se crea con ese pensamiento es que se percibe la realidad como algo que no cambia, que permanece en el tiempo y que, además, es divisible y totalmente ajeno a la propia experiencia de los maestros.

Una segunda premisa que los críticos creen reconocer en la educación "bancaria" es que el estudiante es un ser vacío de conocimiento, mientras que el maestro se considera a sí mismo como un agente indiscutible. Es decir, que su palabra es la única que cuenta en el contrato social que crea con el agente pasivo que sería el estudiante. Además, al tener en cuenta que el estudiante sería un ser vacío, el maestro debe llenarlo de saber. Es ese el motivo por el que lo denominan "Educación bancaria", pues el maestro se convierte en el depositante, el estudiante, en el depositario, y el conocimiento es el depósito. En esta lógica, según sus críticos, la calidad de la educación se mediría en cuestión de cantidad. Entre más sea la cantidad de conocimiento (depósito) que el maestro (depositante) logre insertar en la cabeza del estudiante (depositario), mejor maestro será. Mientras que entre más información tenga el estudiante, memorice y repita, mejor estudiante será.[11] [12]

Por lo anterior, entienden los pedagogos críticos que en el modelo tradicional, los alumnos sólo tienen una cosa que hacer: recibir pasivamente la información y archivarla. Luego, saldrá de su boca, en forma de palabras, en el momento en que el maestro necesite comprobar que está llenando bien sus recipientes. De acuerdo a esta interpretación, el saber se lograría siendo paciente, pasivo y memorístico. Asimismo, la formación se haría posible únicamente si el maestro tiene una suma mayor de información y reconoce sus saberes como absolutos. Es decir, que el estudiante jamás tendrá la oportunidad de crear nuevas ideas, pues ya todo ha sido dicho y debe ser conservado a través de la memorización.

Finalmente, Freire inserta esta teoría dentro del marco teórico del marxismo tradicional y del neomarxismo de la Escuela de Frankfurt, afirmando que este tipo de educación se ha vuelto predominante sólo por los intereses privados de los grupos sociales poderosos, que logran percibir en el debate, el pensamiento inventivo y crítico, una amenaza a sus estilos de vida. De este modo, la opción por uno u otro modelo educativo, forma parte del concepto más amplio de lucha de clases. Para Freire en este sistema educativo, el educando es -sólo por ocupar ese lugar en la relación- un oprimido, al que es necesario dar una concientización (concepto vinculado al de conciencia social) a través de la educación. Para ello, entiende que es necesario darle un carácter político al problema educativo. Freire dio significativa importancia a la alfabetización, pero no en forma aislada y memorística, sino con una aproximación crítica a la realidad, y especialmente a la realidad social y política. Se debe dar más importancia a la educación dialógica o conversacional, que a la curricular; asimismo, debe dar importancia a la praxis en la actividad educativa[13]

Otros autores ven una posible alternativa al modelo "bancario" en el modelo de aprendizaje basado en problemas (similar a lo que Freire llamó educación para plantear problemas), en el que se anima a los estudiantes a pensar y resolver activamente los problemas que les presenta el profesor.[14][15] Según sus proponentes, este modelo ve al estudiante como una persona con conocimientos previos que pueden capitalizarse para alcanzar mayores resultados que el modelo "bancario" que no permitiría aprovechar este "capital".

“El problema radica en que pensar auténticamente es peligroso. El extraño humanismo de esta concepción bancaria se reduce a la tentativa de hacer de los hombres su contrario- un autómata, que es la negación de su vocación ontológica de ser más” Freire (1970)

Véase también

Referencias

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