El Monasterio de San Jerónimo el Real fue un antiguo cenobio de la orden homónima situado en Madrid, conocido por su vinculación a la monarquía española durante los siglos XV-XIX.[1][2]
El origen de la fundación se remonta a 1460 cuando Enrique IV celebró una justa o paso en Madrid, a orillas del río Manzanares[Nota 1] en honor del embajador del duque de Bretaña. Este paso de armas fue organizado por Beltrán de la Cueva, favorito de Enrique IV.
El monarca compró los terrenos en que se había celebrado el paso de armas a Diego Arias Dávila y decidió fundar en ese lugar un monasterio jerónimo de su patronazgo bajo el nombre de Santa María del Paso en conmemoración de la festividad en el lugar en que se había celebrado la justa.
El año siguiente (1464) se fundó el monasterio dedicándose el templo a la Natividad de la Virgen.[3] Estando la construcción del monasterio finalizado en 1465. En el monasterio recibiría Enrique IV a Rodrigo Borja, legado de Sixto IV en 1472. El monasterio fue dotado por Enrique IV y otros donantes como Pedro Fernández de Lorca que fundó la capilla de Santa Catalina. El templo de la localización original del monasterio albergó provisionalmente los restos de Enrique IV en 1474, antes de su traslado al monasterio jerónimo de Guadalupe.
Con el paso del tiempo se comprobó la insalubridad de esta ubicación, lo que generó que en 1503 los Reyes Católicos ordenaran su traslado al oeste de la villa de Madrid. Desde el sigloXVI y por su vinculación con la monarquía se convirtió en escenario de diversas juras de reyes y príncipes, cortes y capítulos generales de órdenes militares. El monasterio contaba con un cuarto real construido al noreste de la iglesia que permitía a los reyes retirarse por períodos cortos en el monasterio y sería el núcleo del palacio del Buen Retiro, construido en el segundo cuarto del sigloXVII.
El monasterio se consolidó como lugar de retiro de distintos monarcas, así sirvió para alojar al flamante Felipe IV tras la muerte de su padre Felipe III en 1621. Además el cuarto real (y después el palacio) sirvió como residencia de visitantes de alto rango con carácter previo a su entrada en la villa de Madrid. Por ejemplo a Wolfgang Guillermo, duque de Neoburgo, que regaló al monasterio una nueva sillería del coro (actualmente en la catedral de Murcia) en agradecimiento por su estancia.[Nota 2]
Jura del príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, en 1789 celebrada en la iglesia del monasterio. (óleo de Luis Paret)
Entre 1734 y 1764 en que el palacio del Buen Retiro pasó a servir de residencia principal a la familia real tras el incendio del Alcázar de Madrid, la iglesia del monasterio hizo las veces de iglesia de corte.
Durante la Guerra de la Independencia el monasterio sufrió graves daños. La comunidad jerónima recuperó el cenobio en 1815. Ocho años después pasó a albergar el regimiento n. º 2 suizo parte del ejército francés conocido como los Cien Mil hijos de San Luis.
Uno de los grandes actos celebrados por última vez fue la jura de la princesa Isabel (futura Isabel II) el 20 de junio de 1833.
En la ubicación que tuvo desde los inicios del sigloXVI, el convento se componía de una iglesia gótica, conservada en la actualidad, dispuesta en un eje este-oeste con la cabecera en el este. Al sur de la iglesia se extendía un importante claustro renacentista, conservado hoy como un anexo del Museo del Prado.[4] Al oeste de este claustro se situaba otro, dedicado a hospedería y conocido como claustro de la hospedería, y de estilo gótico.
La iglesia del monasterio sirvió de enterramiento a distintos personajes de alto rango como, por ejemplo en el lado de la Epístola:
San Sebastián entre San Bernardo y San Francisco, pintura de Sánchez Coello que presidía la capilla de San Sebastián en la iglesia del monasterio.Clemente Gaitán de Vargas, secretario del consejo de Italia que fue durante el reinado de Felipe II, en la capilla de San Sebastián.
Torello Costigliolio de Aste, genovés, y su hermano Nicolás de Aste, en la capilla de Santa Marta.[5] La capilla contaba con una importante reja realizada por el rejero Cristóbal de la Plaza.[6]
Y, por su parte, en el lado del Evangelio:
Diego de Luján, canónigo de la catedral de Toledo, en la capilla de Santiago Apóstol.
Juan de Ledesma y su esposa, Juana Solier, en la capilla de Santa Ana.
Juan Bautista Gentili, hijo de Constatino Gentili, en la capilla de San Juan, alabada por Ponz por su arquitectura.
En una capilla de uno de los claustros, asimismo, se encontraba el sepulcro de Hans Khevenhüller, embajador del Sacro Imperio en Madrid durante el reinado del Felipe II. Su restos mortales, así como la estatua orante de alabastro que presidía el sepulcro, se hallan actualmente en la iglesia, en la capilla de la Virgen del Pilar.[7]
La iglesia es de una sola nave, bien construida, y espaciosa, y lo parecería más si el coro, que está sobre la puerta no asombrase la entrada y las capillas que están debaxo de él. Los altares son arreglados, y sin los enormes desatinos que han practicado muchos de los modernos. El mayor se compone de varios cuerpos de arquitectura con asuntos pintados de la Vida de Cristo, y según Quintana, lo mandó hacer Felipe II, en Flandes, pero modernamente lo han afeado con la talla puesta en el medio para adorno de la estatua de San Gerónimo.
Nota
↑En la conocida entonces como "heredad, molino y huerta de María Aldínez", cerca del lugar que ocuparían sucesivamente, el Puente Verde y en la actualidad el Puente de la Reina Victoria.
↑En conmemoración el coro contenía la siguiente inscripción: Wolfangus Guilielmus Comes Palatinus, Bavariae Dux, Bavensteinique Dominuns, in hospitii gratificationem, sedilium fabricam donavit, anno Domini 1627.