Monstruo de Londres

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Monstruo de Londres

Ilustración del monstruo de Londres atacando a una mujer, por Isaac Cruikshanks (1790).

El monstruo de Londres (en inglés: London Monster) es el nombre dado a un supuesto agresor que presuntamente atacó a varias mujeres en Londres, Inglaterra, entre 1788 y 1790. El asaltante se caracterizaba por su piquerismo, una parafilia y forma de sadismo consistente en la obtención de placer sexual a través de la penetración de la carne (mediante punción o apuñalamiento), para lo cual empleaba cuchillos, agujas, alfileres y estiletes.

Los primeros ataques tuvieron lugar en 1788. De acuerdo con las víctimas (la mayoría mujeres pertenecientes a familias adineradas), un hombre alto las habría estado siguiendo para después abordarlas gritando obscenidades, apuñalándolas a continuación en las nalgas. Algunos informes mencionaron que el atacante llevaba cuchillos o estiletes atados a las rodillas y los pies, provocando heridas a las víctimas mediante patadas y rodillazos, mientras que otros sostuvieron que el agresor invitaba a las víctimas a oler un ramillete para después herirlas en el rostro con un pincho o varios alfileres ocultos entre las flores[1] (en todos los casos el supuesto atacante habría huido antes de la llegada de auxilio). Algunas mujeres fueron halladas con la ropa cortada y otras con heridas superficiales, ascendiendo el número de víctimas registradas a más de 50 en apenas dos años (debido al rumor de que el monstruo solo atacaba a mujeres hermosas, algunas londinenses, por vanidad, mentían acerca de haber sido asaltadas e incluso se autolesionaban para dar veracidad a su relato).[2] La prensa pronto llamó al agresor «El Monstruo» («The Monster»), con las descripciones del atacante variando considerablemente de unas a otras. El caso adquirió tanta notoriedad que algunos hombres procedieron a fundar un club conocido bajo el nombre Club Ningún Monstruo (No Monster Club), luciendo a su vez pines del club en las solapas para mostrar que ninguno de ellos era el monstruo.[2]

Los londinenses se sintieron ofendidos ante el fracaso de los Bow Street Runners en atrapar al agresor. El filántropo John Julius Angerstein prometió una recompensa de £100 por la captura del atacante,[3] empezando a su vez varios vigilantes armados a patrullar la ciudad (por su parte, varias mujeres optaron por llevar ocultas bajo las enaguas sartenes de cobre sobre las nalgas a modo de protección).[1] El pánico desatado condujo así mismo a falsas acusaciones y ataques contra gente sospechosa de ser el monstruo, situación de la que sacaron partido los carteristas y demás criminales de la zona; primero sustraían los objetos de valor de la víctima, después la señalaban al grito de «¡monstruo!», y a continuación salían huyendo aprovechando el caos resultante.[4]

Rhynwick Williams

Veracidad

Referencias

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