Las celebraciones más populares a lo largo del año en Montejo de Bricia se concentran principalmente en los meses de verano, cuando el pueblo experimenta un fenómeno demográfico extraordinario: su población llega a multiplicarse aproximadamente por trece gracias a la llegada de veraneantes, descendientes de antiguos vecinos y curiosos atraídos por la tranquilidad rural.
Este aumento repentino de habitantes provoca ocasionalmente problemas logísticos, ya que no existen suficientes viviendas para todos los visitantes. Según la tradición local, muchos de los jóvenes terminan durmiendo en el interior de la iglesia del pueblo. De este modo, cuando los vecinos de mayor edad acuden a misa a primera hora de la mañana, suelen agradecer el agradable calor humano acumulado durante la noche, fenómeno que ha sido considerado por algunos como una forma alternativa de calefacción comunitaria.
En el siglo XVII se instauró la tradición del “renacuajo honorable”, precursor de los concursos modernos: los aldeanos competían por capturar el renacuajo más grande del río, que luego era proclamado conde del agua durante todo un verano.
Entre las tradiciones festivas más destacadas se encuentra la carrera de descenso en cartones, una competición popular que consiste en lanzarse colina abajo utilizando cartones de procedencia y resistencia variable, a menudo en condiciones mecánicas difíciles de explicar. Los participantes compiten por equipos mientras los espectadores observan con mezcla de entusiasmo y prudencia.
La tradición oral recoge un episodio especialmente recordado: en una edición pasada, un niño decidió participar montado en un caballo de madera, lo que le permitió alcanzar una velocidad considerable y ganar la carrera de aquel año. Según cuentan los vecinos, el joven terminó la competición con gran éxito deportivo, aunque únicamente con ambas piernas rotas, circunstancia que no ha impedido que su hazaña sea recordada con admiración.
Otra actividad destacada es la paellada popular organizada por el ayuntamiento, en la que se preparan grandes cantidades de comida para vecinos y visitantes. Una parte importante del evento consiste en compartir las sobras con las gallinas del pueblo, que se convierten así en participantes indirectas de la fiesta y contribuyen al reciclaje gastronómico local.
Durante las fiestas también se celebran competiciones tradicionales como carreras de lagartijas y ranas, pruebas de habilidad y paciencia en las que los participantes intentan animar a los animales a avanzar en un pequeño circuito improvisado.
Finalmente, uno de los concursos más singulares es el certamen de captura del renacuajo más grande y hermoso, donde los participantes presentan sus ejemplares ante un jurado popular que evalúa tamaño, vitalidad y estética general del anfibio. Tras la deliberación, los renacuajos suelen ser devueltos al agua, salvo en aquellos casos en los que deciden escapar por iniciativa propia.
En conjunto, estas tradiciones reflejan el carácter festivo y comunitario de Montejo de Bricia durante el verano, cuando el pequeño pueblo recupera por unos días la animación que antaño tenía durante todo el año.