Moratoria psicosocial
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El concepto de moratoria psicosocial fue acuñado por el psicólogo estadounidense Erik Erikson durante finales de los años 1950 y principios de los 60, erigiéndose como uno de los aspectos centrales en sus teorías sobre el desarrollo de la identidad adolescente. Equivale a la idea de “tiempo muerto” en la búsqueda de la identidad, al constituir un momento de intensa interacción con el entorno, ya sean personas, objetos, sentimientos, etc. aplazando las posibles consecuencias, convirtiéndose así en una especie de “campo de pruebas”. Por ello, se trata de una especie de experimentación, que es comprendida y permitida externamente por quienes rodean al individuo. La moratoria facilitaría el desarrollo del yo y la percepción personal de lo que da sentido a la vida; en suma, se facilita el desarrollo de la identidad.
Algunos ejemplos de moratoria en nuestra cultura serían los siguientes:
- La propia adolescencia, durante la cual, en ciertas ocasiones se nos permite “probar cosas” como algunas drogas o prácticas sexuales, aplazando varias de sus consecuencias, al atribuir las acciones a la juventud y a la inexperiencia.
- La festividad de carnaval, durante la cual se nos permite adoptar otras identidades y desarrollar algunos de sus rasgos durante un tiempo limitado, obviando muchas de las consecuencias que ello acarrearía en cualquier otro momento.
- La estancia universitaria que, además de prepararnos para el mundo laboral, atenuando las posibles consecuencias, que son más leves en un contexto académico, constituye un periodo tradicionalmente reservado para la reflexión, el aprendizaje y la interacción con otras personas y puntos de vista.
Importancia de la moratoria en la formación de la identidad
La teoría de Erikson sobre la identidad se basa en la progresiva consecución de estadios de desarrollo. La consecución de los primeros estadios facilitaría el acceso a los estadios posteriores. Por ejemplo, “Erckison señaló que la intimidad satisfactoria al principio de la etapa adulta es difícil si llegamos a la misma sin saber quiénes somos”:,[1] es decir sin construir nuestra identidad durante la adolescencia. Sin embargo la secuencia de estadios no adopta una forma rígida, sino que contempla la posibilidad de que las personas se muevan en estadios todavía no resueltos, tratando de completar estos huecos con todos los recursos y herramientas a su alcance. La moratoria constituiría un espacio donde poder realizar esta búsqueda de forma más libre, y a través de la cual obtener las experiencias necesarias para avanzar en la construcción de nuestra identidad, pues la moratoria aplaza las consecuencias de nuestros actos, pero no los actos mismos ni el aprendizaje y experiencias que extraemos de su consecución. Además, la visión de Erikson sobre la identidad se basa en la construcción mediante la experiencia a través de todos los estadios de desarrollo, por lo que la moratoria conformaría un modelo de experiencia necesaria no sólo durante la adolescencia, sino también durante toda la edad adulta.