Motín del penal del Topo Chico
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| Motín del Penal del Topo Chico | |||||
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| Guerra contra el narcotráfico en México | |||||
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| Fecha | 10-11 de febrero de 2016 | ||||
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| Resultado | 49 reclusos muertos | ||||
| Beligerantes | |||||
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| Fuerzas en combate | |||||
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El 10 de febrero de 2016, se desató un motín del Penal del Topo Chico,[1] cerca de Monterrey, México.[2] Un total de cuarenta y nueve reclusos murieron durante el motín y el incendio que siguió. El motín fue el más mortífero en la historia penitenciaria mexicana, superando la cifra de muertos del motín de 2012 ocurrido en Apodaca.[3]
Tras el incidente, las autoridades descubrieron celdas de lujo que tenían los líderes de la prisión. Entre los artículos confiscados se encontraban televisores, minineveras, acuarios y saunas.[4][5]
Los hechos
Motín
El motín comenzó a las 23:30 h, provocado por una disputa interna entre miembros de la organización criminal Los Zetas. Una facción rival de la banda, liderada por Juan Pedro Saldívar Farías (conocido como «El Z-27»), se enfrentó a una facción liderada por Jorge Iván Hernández Cantú (alias «El Credo»). Inicialmente, se informó que Hernández tenía conexiones con el Cártel del Golfo, un feroz rival de Los Zetas, pero posteriormente se confirmó que la pelea se desató entre miembros de la misma organización criminal. El enfrentamiento supuestamente se desencadenó por una disputa entre Saldívar y Hernández por el control de la prisión.[8][9]
El motín comenzó cuando Saldívar movilizó a un grupo de presos para atacar al líder rival Hernández, pero no lograron llegar a su celda.[10] El motín tuvo lugar en dos unidades separadas del complejo penitenciario, y los reclusos utilizaron una combinación de armas como bates de madera, palos, hojas de afeitar, botellas y sillas durante la pelea.[11] Se prendió fuego a un almacén de alimentos y el incendio se extendió a una sección que albergaba celdas.[6]
Los combates continuaron hasta la 1:30 am, cuando el Ejército Mexicano junto con la policía federal y local sofocaron los disturbios.[12][7]
Muertes
Cuarenta de las víctimas han sido identificadas, mientras que cinco quedaron irreconocibles, carbonizadas por el fuego.[6] Todas las víctimas mortales eran reclusos y 40 de ellos murieron por golpes y porrazos con martillos, garrotes y cuchillos. En total, se utilizaron 60 martillos, 86 cuchillos y 120 navajas.[11]
La única víctima mortal por herida de bala fue un recluso que fue asesinado por un guardia que protegía a un grupo de mujeres.[7] El guardia, José Reyes Hernández, fue posteriormente acusado de asesinato.[13]
Arrestos
Un fiscal estatal acusó a la directora del penal, Gregoria Salazar Robles, y al superintendente, Jesús Fernando Domínguez Jaramillo, de no mantener las medidas de seguridad necesarias dentro del penal. Los investigadores determinaron que los reclusos tenían bates y barras de metal que se utilizaron en el motín. Algunas celdas no tenían cerraduras y los reclusos andaban por la calle en momentos indebidos.[13]