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Movimiento hippie en Ibiza y Formentera

fenómeno social y turístico From Wikipedia, the free encyclopedia

El movimiento hippie en Ibiza y Formentera —también conocido como movimiento hippy—se originó a mediados de la década de 1960 como consecuencia del turismo internacional. Su apogeo comenzó en el verano de 1968, en el contexto de mayo del 68 y las protestas contra la guerra de Vietnam, y duró hasta mediados de los años 1970. No obstante, la presencia hippy en las islas continúa, tanto con personas residentes y como con turistas. El fenómeno fue esencial para desarrollar la industria turística de las Islas Pitiusas y publicitarla a nivel internacional, además de constituir un atractivo turístico en sí mismo como elemento diferencial frente a otros destinos. También supuso el primer movimiento de oposición al franquismo que tuvo lugar en las islas.[1][2][3]

País España
Localidad Islas Pitiusas
Tipo Fenómeno turístico y social
Datos rápidos Localización, País ...
Movimiento hippie en Ibiza y Formentera

Monumento a los hippies en el puerto de Ibiza
Localización
País España
Localidad Islas Pitiusas
Lugar Ibiza y Formentera
Datos generales
Tipo Fenómeno turístico y social
Histórico
Fecha de inicio Mediados de los años 1960
Fecha de fin Segunda mitad de los años 1970
Desenlace
Resultado Ayudó a popularizar el turismo en las Islas Pitiusas. Terminó formando parte de la identidad de las islas
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Fue un movimiento nacido en Estados Unidos que recogía la oposición de una parte considerable de la juventud norteamericana y europea de clase media y acomodada hacia el conservadurismo social y el consumismo. Buscaba la felicidad a través del hedonismo, tanto por medio de la experimentación con las drogas, como con el amor, incluyendo el amor libre. Aunque no poseían una ideología definida, abrazaban el pacifismo, especialmente respecto a la guerra de Vietnam. Algunos hippies también sentían afinidad por la espiritualidad budista, la conexión con la naturaleza, el vegetarianismo y la convivencia en comunas.[1]

El establecimiento de los hippies en Ibiza tuvo su primer precedente durante la II República, cuando se instaló una comunidad internacional de artistas e intelectuales, algunos de ellos alemanes que huían del nazismo. Esta comunidad abandonó la isla al comenzar la guerra civil. Otra oleada de artistas e intelectuales comenzó a llegar a mediados de los años 1950, en su mayoría influidos por el movimiento beat o vinculados el arte contemporáneo. En esta época la colonia más numerosa era la estadounidense, que se centraba en el modo de vida del jazz. Los beatniks, predecesores de los hippies, contribuyeron a construir el clima bohemio y cosmopolita por el que serían conocidas internacionalmente las Islas Pitiusas.[3][4]

A finales de 1960, llegarían los hippies y la transformación de la economía de la isla, que pasó de ser fundamentalmente agrícola a basarse en el sector turístico. Las mejoras en la calidad de vida de los isleños provocaron su complicidad y tolerancia con los jóvenes extranjeros y su forma de vida. Sin embargo, el franquismo detuvo y expulsó a miles de ellos debido a que consideraba las actitudes hippies contrarias a su concepto de la moral.[1][5]

Las primeras discotecas de Ibiza, como Pachá o Amnesia, en sus comienzos se fundaron para un público hippie y posteriormente fueron las responsables de posicionar a la isla como uno de los principales centros de la música electrónica.[6][7] Los hippies dotaron a las Islas Pitiusas de unas señas de identidad que fueron empleadas por el sector turístico para su promoción, como los mercadillos de artesanía, la moda Adlib o la búsqueda de la libertad y la espiritualidad.[3]

Historia

Precedentes

A principios del siglo XX, Ibiza era una isla rural, aislada y atrasada, unas características que atrajeron a artistas e intelectuales extranjeros. En los años 1930, durante la segunda República, se instalaron grupos de intelectuales y artistas, muchos de ellos representantes de las vanguardias culturales alemanas que huían del nazismo. En esa época, había una mirada orientalizante respecto a las sociedades mediterráneas, asociadas con culturas arcaicas en comparación con las ciudades modernas del centro y norte de Europa. Los artistas e intelectuales que residían en esa época en Ibiza y los que vendrían en un futuro, vivían en su propia comunidad que ignoraba la realidad social y económica de la isla. Estos residentes abandonarían la isla tras el inicio de la guerra civil y su representante más célebre fue el filósofo alemán Walter Benjamin. También pasaron alguna temporada en la isla Albert Camus, Raoul Hausmann, María Teresa León, Rafael Alberti o Gisèle Freund. A partir de mediados de la década de 1950, otros grupos de artistas e intelectuales se asentaron buscando el clima mediterráneo, la luz, el sol y un coste de la vida menor que en sus países de origen. Muchos de ellos estaban relacionados con el arte contemporáneo, lo que creó un ambiente cosmopolita en la isla formado por 30 o 40 nacionalidades diferentes que atrajo paulatinamente a grupos contraculturales como los beatniks y los hippies. En 1957 en la ciudad de Ibiza, ya era habitual la presencia de escritores franceses y holandeses, algunos pertenecientes al grupo COBRA. También existían grupos de creación artística como «Ibiza 59», formado por extranjeros, y «Puget», integrado por españoles. San Antoni, en cambio, contaba con menos artistas, pero era un destino más snob y orientado al turismo y a la diversión nocturna.[1][3][5][8]

Etapa beatnik

La cantante Nico residió en Ibiza a comienzos de la década de 1960

El ambiente bohemio de finales de los años 1950 y comienzos de los años 1960 estuvo marcado por el jazz, que era omnipresente en esos círculos, donde la colonia foránea más numerosa era la estadounidense. En esta etapa fue clave el círculo formado por ciudadanos de esta nacionalidad en torno al club de jazz Jamboree de Barcelona, ya que algunos de ellos pasaban temporadas en Ibiza y se crearon grupos de extranjeros a su alrededor. El Domino Club era el único de Ibiza que pinchaba música y los foráneos acudían para escuchar jazz. En ese momento, los escritores y artistas de Ibiza se mezclaban con marineros, traficantes, ladrones y fugitivos que se refugiaban en la isla.[4] El propietario del Domino definió a su clientela como una mezcla de personalidades «extravagantes» de Greenwich Village, Saint-Germain-des-Près y la taberna londinense de Fitzroy antes de la Segunda Guerra Mundial.[9]

A los auténticos miembros de la generación beat, se les unieron beatniks estadounidenses y europeos que solían proceder de familias burguesas y tener inquietudes artísticas. Buscaban un destino bohemio en el que llevar a cabo su forma de vida influida por el existencialismo y desobedecer la cultura occidental dominante, el sueño americano y el materialismo, aunque su rebeldía era más individualista que política. Muchos de estos jóvenes llegaban después de leer reportajes sobre la isla en revistas estadounidenses, uno de ellos la describía como «un pequeño paraíso español donde una habitación cuesta dos dólares al mes y las mujeres son gratis» y acompañaba el texto con fotografías de mujeres desnudas en la isla.[9] El puerto de la Marina era un punto de encuentro para los beatniks, y sus bares también estaban regentados por integrantes de esa misma comunidad. Normalmente contaban con poco dinero y se lo prestaban unos a otros, pero en la isla encontraron un clima de libertad para consumir marihuana y otras drogas y practicar el amor libre sin tener problemas. [2][9]

Uno de los habitantes de la isla en esos momentos fue Elmyr de Hory, un pintor que hizo fortuna falsificando arte. Otra residente era la cantante alemana Nico antes de ser musa de Andy Warhol y vocalista con The Velvet Underground.[10]

Los hippies en las Islas Pitiusas

Grupo de jóvenes hippies europeos

Los hippies llegaron a las islas cuando los colectivos de beatniks, con los que compartían su rechazo al modo de vida burgués occidental, llevaban varios años en la zona. Los beatniks eran más individualistas y cuando contravenían la moralidad del franquismo lo hacían en privado, por lo que no solían tener problemas con las autoridades, a diferencia de los hippies.[1]

Los medios de comunicación internacionales de la época promocionaron el turismo hippie en Ibiza y Formentera al igual que hicieron con Ámsterdam, Mikonos o Goa, como paradas en la «ruta hippie» desde California hacia India y Nepal. Durante los años 1960 y 1970, los medios europeos y norteamericanos también resaltaron profusamente el auge de la creación artística que vivió Ibiza durante esa época. Se describía la vida en la isla como paradisíaca para los artistas extranjeros, sin tener en cuenta el atraso en el que vivía la población local.[3]

En el verano de 1968, entre otras nacionalidades, arribaron jóvenes franceses que poco antes habían protagonizado las revueltas de mayo del 68 en las calles de París y estadounidenses que habían desertado huyendo de la guerra de Vietnam o que escapaban del clima social de su país, en el que habían sido asesinados Martin Luther King o Malcom X.[5] Los hippies llegaban atraídos por la vida rural y por una sociedad basada en tradiciones, alejándose de la vida acelerada de las grandes ciudades, aunque con el tiempo fueron experimentando los cambios sociales y económicos derivados del turismo. En ese momento, el turismo hippie se masificó y la isla perdió la tranquilidad que la había caracterizado hasta entonces. Los artistas anteriores a la explosión hippie vinculados al arte y al movimiento beat desconfiaron de los nuevos visitantes. Carolyn Cassady, perteneciente al círculo de la generación beat, acusó al movimiento hippie de «estúpido» y de haber «vulgarizado» el movimiento beat con «más colorido y música» y atrayendo una mayor atención mediática.[3]

Sociológicamente, los hippies que recalaron en Ibiza y Formentera en un principio, tenían una edad media de entre 20 y 30 años, provenían de grandes ciudades europeas y norteamericanas, poseían un alto nivel educativo y una profesión anterior de nivel medio y alto en el campo artístico y cultural. Una parte de los hippies proseguían sus viajes tras su estancia en la isla y otros se quedaban permanentemente. Se asentaron principalmente en la ciudad de Ibiza, Santa Eulalia, San Antonio y en las áreas de San Carlos y San José.[3] Más tarde llegaría a las islas una segunda oleada de hippies con menor poder adquisitivo.[11] Ibiza también atraía a jóvenes españoles que emigraban huyendo de la represión franquista y buscando una libertad que no existía en el resto del país. Algunos jóvenes hippies alquilaban casas payesas baratas en zonas rurales que a menudo no contaban con electricidad y donde frecuentemente organizaban fiestas. Asimismo, practicaban el nudismo en playas como S’Aigua Blanca[12] y Es Figueral[13] y se reunían en la cala Benirrás para contemplar la puesta de sol mientras tocaban los tambores.[14]

Las comunas de hippies se asentaban en casas payesas y terrenos vírgenes, donde araban la tierra y cultivaban su propia comida.[15] Algunos de ellos se dedicaban a la artesanía —tela, madera, cuero, joyas, etc.—, que les permitía vivir conforme a sus valores y desarrollar su creatividad.[3] El primero de los grandes mercadillos de Ibiza fue el de Punta Arabí en Es Canar, Santa Eulalia, que se estableció en 1973 inspirándose en los mercados de Goa en India y que durante sus primeros años creció considerablemente. Este mercadillo, y los que se crearían después, pasaron a ser una atracción turística y facilitaron a los hippies la venta de su artesanía.[16]

A las mujeres hippies de Ibiza y Formentera les gustaba combinar elementos propios de la vestimenta campesina local, como las blusas, el ganchillo. los encajes, el algodón, el lino, los sombreros de paja, las alpargatas, las cestas y las prendas de color blanco, junto a influencias asiáticas y africanas con estampados batik y complementos artesanos, como joyas, cinturones, pañuelos, etc., añadiendo además flores para adornar su cabello. De esta forma se originó una moda propia de la contracultura de las Islas Pitiusas que inspiró a diseñadores locales que comenzaron a crear prendas bajo la marca Adlib, apócope de ad libitum («a placer» o «a voluntad» en latín). La moda Adlib se convirtió a partir de los años 1970 en una seña de identidad de Ibiza y Formentera reconocida internacionalmente.[3][17][18]

Ropa hippie

El cine también mostró y promocionó el estilo de vida ibicenco de la época. La película Hallucination Generation (1966), trata de un joven estadounidense que llega desertando del ejército y refleja el ambiente cosmopolita y bohemio de la isla, así como sus playas y paisajes.[19] La película francesa More de Barbet Schroeder (1969), presentaba una Ibiza de grandes acantilados, aguas azul turquesa y vida tranquila alejada del bullicio de las ciudades. Fue una de las películas más vistas ese año en Francia y según afirmó su director, conectó con jóvenes franceses, alemanes y holandeses que se trasladaron a la isla atraídos por la idea que transmite el film.[5]

Desde finales de los años 1960, se hospedaron en la isla varias estrellas del rock, como los miembros de Pink Floyd, Rolling Stones, Led Zeppelin y Queen.[12]

Declive

En pocos años, y debido al encarecimiento de la vida provocado por el turismo masivo, muchos hippies extranjeros no pudieron subsistir en la isla como hacían anteriormente y una mayoría optó por regresar a sus países o seguir viajando hacia el este. La llegada de hippies alcanzó su cénit en 1973 y 1974, momento a partir del cual disminuyeron las llegadas, se incrementaron los retornos y las comunidades aún existentes se integraron más en la sociedad y la economía locales. Muchos hippies artesanos comenzaron a vender productos fabricados en serie para adaptarse a un nuevo mercado con una capacidad de compra más limitada.[3]

A partir del año 1978, se obligó a los ciudadanos extranjeros a regularizar su situación legal. Algunos hippies residentes en la isla, ya adultos y con hijos a su cargo, trabajaban en empleos convencionales o en los mercados de artesanía. Los que provenían de un origen más acomodado invertían en negocios, mientras los más humildes se conformaban con trabajos con salarios más bajos.[3]

Creación de las primeras discotecas

En 1973, el empresario Ricardo Urgell creó una sucursal de la discoteca Pachá, originaria de Sitges, en la zona de la Marina, en la que ya existían locales donde se escuchaba soul y rock psicodélico. Durante los primeros años frecuentaban la sala principalmente hippies extranjeros y poca población local. La música que ofrecían era principalmente rock, en muchas ocasiones censurado por el franquismo, sin embargo, Urgell compraba los discos «de contrabando» directamente en París, Londres y Nueva York, burlando los estrictos controles de las aduanas que impedían su introducción en el país. A partir de 1975, comenzaron a celebrarse fiestas temáticas que obtuvieron relevancia en la isla, como la fiesta flower power, donde las drogas circulaban con libertad.[6]

El filósofo Antonio Escohotado, residente en esos momentos en Ibiza, fundó en 1976 junto a otros socios la discoteca Amnesia en una vieja casa payesa rehabilitada. La pista de baile estaba descubierta y no cerraba hasta pasado el mediodía. Fue famosa por su ecléctica selección musical y durante los años 1980 hizo la transición hacia la música electrónica de baile.[7]

La discoteca Ku se instaló en Ibiza en el año 1978 ubicada también en una casa payesa, de la mano de los mismos fundadores de la sala homónima en San Sebastián. En esta ocasión, se reformó con jardines, terrazas y una piscina. Tiempo más tarde se transformaría en la discoteca Privilege, la más grande del mundo durante varios años.[20] Estas salas convirtieron a Ibiza en una potencia internacional en el ámbito de la diversión nocturna y la música electrónica a partir de los años 1980.[20][7]

Impacto en la población local

Puerto de Ibiza

Los habitantes de Ibiza y Formentera no solían interaccionar mucho con los hippies, que tenían una forma de vida diferente,[3] y se referían a ellos como «peluts» («peludos» en catalán).[21] En esa época, la economía agrícola caracterizada por las carencias materiales se transformó dando paso al turismo como actividad económica hegemónica. Los jóvenes comenzaron a trabajar en hoteles y en restauración, a diferencia de sus padres, que seguían dedicándose a las labores agrícolas. Los isleños querían imitar a los habitantes de los países más desarrollados para identificarse con su prosperidad y su modernidad.[3]

A pesar de los esfuerzos de las autoridades franquistas por estigmatizar a los jóvenes foráneos, la población autóctona era testigo de la nueva prosperidad de la isla gracias al dinero que gastaban. Algunos de ellos alquilaban casas payesas de su propiedad sin agua ni electricidad a precios para ellos altos y para los turistas bajos, por lo que se estableció una complicidad entre los jóvenes foráneos y los habitantes de Ibiza y Formentera.[5] Por lo general, la población autóctona no interfería en el comportamiento de los turistas y primaba la tolerancia y la permisividad.[4]

Reacción de las autoridades franquistas

A diferencia de los extranjeros que se establecieron en la zona anteriormente y a pesar de su carácter pacifista, los hippies no buscaban la aprobación del franquismo. Según Joan Cerdà Subirats, autor de varios libros sobre la historia de las Islas Pitiusas,[22] las autoridades franquistas percibieron la afluencia multitudinaria de jóvenes hippies en el verano de 1968 como el mayor peligro para el régimen desde el final de la guerra. Cerdâ afirma que el franquismo expulsó a alrededor de 5000 hippies de 30 países diferentes, amplió la presencia policial y presionó a fiscales y jueces para que aplicaran las leyes duramente con el objeto de castigar a los jóvenes que, desde su punto de vista, degradaban la moral franquista.[23] Los motivos más habituales que las autoridades alegaban para la detención de los jóvenes eran la posesión de drogas y los comportamientos «incívicos».[5]

En 1966, en plena transición entre la era de los beatniks y la de los hippies, las autoridades ya ordenaron a la Delegación del Gobierno identificar y deportar a los jóvenes foráneos aduciendo que los «beatniks (melenudos) llamaban la atención del público en general, con su aspecto repulsivo, desaseo en sus atuendos, conducta anti-social e irresponsabilidad económica».[5] En septiembre de 1969, tras una serie de artículos alarmistas publicados en el diario ABC en los que se ofrecía una representación negativa de los hippies de Ibiza, las autoridades, como lavado de imagen, expulsaron a unos 150 jóvenes procedentes de una docena de países. Este suceso fue cubierto ampliamente por los medios de comunicación internacionales y se conoció como «la gran expulsión».[24] Según Cerdà, los documentos oficiales indican que solamente en 1970 se deportaron a más de 3000 jóvenes de las Islas Pitiusas.[5] En julio de 1971, la Guardia Civil clausuró unos gallineros en una comuna hippie en Santa Eulalia, lo que desembocó en enfrentamientos violentos con 300 jóvenes. Estos sucesos marcaron un punto de inflexión para los residentes extranjeros en la isla.[23]

Las autoridades también se percataron del potencial turístico derivado de la exposición mediática internacional y apoyaron a las vanguardias culturales y algunas actividades que en un principio fueron originadas por los hippies, como los mercados de artesanía o la moda Adlib. La autoridad central inauguró en 1964 la Bienal de Arte y en 1968 el Museo de Arte Contemporáneo. Más tarde, en 1971, el Ministerio de Informaciòn y Turismo financió la primera Semana Internacional de la Moda de Ibiza para promocionar la moda Adlib.[3]

Reacción de la prensa española de la época

Durante el periodo de la presencia hippie en las islas, la prensa publicó artículos sensacionalistas en los que ofrecía una imagen negativa de los jóvenes, a quienes trataban como depravados.[23] Era común que se les vinculase con tumultuosas orgías, suicidios por consumo de drogas, violencia y tráfico de drogas desmedido.[25]

Como ejemplo, el diario ABC publicó en 1969: «Seis años atrás, aproximadamente, arribaron los primeros “hippies”. Y con ellos la suciedad, el abandono y la amoralidad más absoluta... Ya no era lo mismo. Hasta el punto de que tanto en Formentera como en Ibiza se han formado grupos de jóvenes y viejos isleños que tratan de contrarrestar los efectos del “pacífico” e impasible “modus vivendi” de quienes atentan continuamente contra aquella moral que fue siempre patrimonio de la mujer y la familia isleña. No exageramos. Sobre la existencia de estos grupos de represión que actúan en la clandestinidad de la noche hemos tenido confirmación, sino oficial, sí oficiosa... [...]. Proceden de los más diversos rincones del mundo, aunque en su mayoría, y según se nos afirma, se trata de jóvenes desertores norteamericanos, hijos de familias adineradas, que huyen del Vietnam».[25]

La revista Triunfo publicó en 1964 un artículo sobre los jóvenes foráneos en el que se podía leer: «Melenas, barbas, tipos ambiguos e indefinibles... Todo un sector de la población flotante de Ibiza está compuesto por ejemplares humanos que hasta hace muy poco debían resultar tremendamente insólitos para los habitantes de la isla, acostumbrados a la modorra de la vida cotidiana...».[25]

Legado

Puesta de sol en San Antonio

Varias décadas después de la eclosión del movimiento, el sector turístico sigue ofreciendo los vestigios de la época hippie como factor diferencial de las islas frente a otros destinos. Clubes de playa como Café del Mar se basan en la costumbre hippie de contemplar en grupo la puesta de sol sobre el mar. Los mercados de artesanía diseminados por las islas, como Las Dalias, son también herencia de la presencia de los hippies, así como el nudismo y las fiestas que reviven el ambiente de los años 1960. Igualmente, la efervescencia en el ámbito del arte vivida entre las décadas de 1950 y 1970 ha generado a lo largo del tiempo variadas exposiciones y galerías de arte reconocidas internacionalmente.[3][23][26]

El sector textil ibicenco también experimentó una dinamización impulsada por el éxito de la moda Adlib de inspiración hippie, y se ha convertido en una de las principales industrias de la isla.[17] Asimismo, el ocio nocturno que atrae a miles de turistas de todo el mundo proviene de la creación de las primeras discotecas destinadas al público hippie, como Pachá y Amnesia, que son referentes en la música electrónica a nivel internacional.[6][7]

El «Monumento a los hippies» en el puerto de Ibiza se inauguró en agosto de 2016 a modo de homenaje al movimiento.[27] Fue realizado en bronce por la escultora catalana Ció Abellí a partir de una fotografía de Toni Riera tomada en Ámsterdam a principios de los años 1970, en la que puede observarse a un joven padre hippie caminar junto a su hija. El monumento fue cedido por Ricardo Urgell, fundador de la discoteca Pachá.[28]

Véase también

Referencias

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