Movimiento neocarismático
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El movimiento carismático o neopentecostalismo representa a las iglesias evangélicas que tienen un énfasis en los dones del Espíritu. La “tercera ola” (el apodo del movimiento) comenzó en Estados Unidos a principios de la década de 1980. Como resultado, se formaron muchas iglesias en todo el mundo. El bautismo del Espíritu Santo y los nueve dones del Espíritu Santo son elementos centrales de la corriente. Los principios del movimiento carismático son retomados por el movimiento neo-carismático con más amplitud y con algunos aspectos teológicos adicionales, como guerra espiritual, palabra de fe y estructural renovación.
El movimiento neocarismático, apodado la "tercera ola", data de principios de la década de 1980.[1] La mayoría de los actores actuales son estadounidenses.[2] Peter Wagner, teórico del "Movimiento de Crecimiento de la Iglesia", misionero en Bolivia, trajo el principio de la guerra espiritual contra los demonios, en particular a través de su libro "Poder espiritual y crecimiento de la iglesia".[3] John Wimber, el fundador de la Association of Vineyard Churches en 1982, propuso el principio de curación milagrosa como parte de la vida cristiana.[4]
Características
El movimiento retoma los principios del movimiento carismático evangélico, a saber, la importancia del bautismo del Espíritu Santo y el lugar de dones del Espíritu Santo.[5][6]
Hay tres elementos distintivos principales que pueden ser excluidos o combinados, a través de posiciones radicales o moderadas:[7]
- Guerra espiritual. La lucha contra demonios ocupa un lugar importante en las enseñanzas y la oración. Los exorcismos se organizan a veces para expulsar a los demonios territoriales o históricos (de un linaje ancestral).
- La palabra de fe ("evangelización de poder"). Los elementos de la unción y la confesión positiva deben traer "señales y prodigios". Sanidad divina y prosperidad son ejemplos.
- Renovación estructural. Incluye varias teologías que son bastante heterogéneas pero todas ellas apuntan a renovar las estructuras de la iglesia, incluyendo el redespliegue y redefinición de ministerios ("Nueva reforma apostólica"). Otros insisten en el principio de manta espiritual ("Disciplina").
En algunas iglesias, se presta especial atención a las manifestaciones físicas, como caídas al suelo, gemidos y llantos, durante los servicios.[8]