El movimiento obrero de Pascual Boing o «movimiento de Los patos»[1] fue un movimiento obrero y sindical entre las y los trabajadores de la entonces empresa refresquera Pascual, S.A. y el dueño Rafael Víctor Jiménez Zamudio que tomó de 1982 a 1985.
El resultado fue favorable a los trabajadores resultando en la constitución de una cooperativa, Cooperativa Pascual Boing, resultando en una figura de organización laboral singular en el país y que inspiró otros grupos laborales a constituirse bajo esa figura.[2] En el proceso social el Gobierno de México y la Confederación de Trabajadores de México (CTM) tomaron partido y apoyaron al dueño de la empresa («charrismo»),[3] resultando en episodios de asesinatos, represión, persecución y criminalización del movimiento y sus integrantes.[1]
Desde 1979 trabajadores de Pascual pertenecientes al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) editaban y repartían en secreto el periódico El pato rebelde, donde denunciaban las violaciones a los derechos laborales. El grupo detrás de esta publicación —a la postre parte del núcleo de dirigencia—[1] eran trabajadores de Pascual jóvenes que a la par estudiaban en el Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Vallejo de la Universidad Nacional Autónoma de México (CCH Vallejo).[1] Hacia 1981 obreros de Pascual organizados repartieron volantes a la población sobre los salarios bajos y las condiciones laborales dentro de la planta de Pascual Boing. Fueron detenidos por la policía de la Ciudad de México y golpeados, para ser despedidos meses después por la empresa.[1] Durante 1982 se vivieron distintos episodios de amagos de paros y huelgos entre los trabajadores de la Plaza Norte y el patrón Jiménez, mismas que fueron contenidos.
Al inicio del movimiento en 1982 la empresa contaba con 1 800 personas trabajadoras divididos en dos plantas: la Planta Norte, situada en Avenida de los Insurgentes Norte, colonia Magdalena de las Salinas, y la Planta Sur, en la calle Clavijero en la colonia Tránsito. Ambas plantas vivían dinámicas de trabajo que violaban derechos laborales tales como jornadas laborales prolongadas, falta de pago de horas extra, falta de vacaciones, falta de prestaciones de ley, todo en un entorno que era controlado discrecionalmente por el dueño Rafael Jiménez dependiendo el comportamiento de los trabajadores a su arbitrio. Jiménez y su familia mantenían buenas relaciones con los gobiernos en turno y una postura nacionalista al fortalecerse por ser la segunda refresquera mexicana exitosa en el país, y los tratos del patrón hacia los empleados eran despóticos compensados con un trato paternalista y condescendiente.[4] Al momento del movimiento Pascual tenía el cuarto lugar en el mercado mexicano luego de Coca-Cola, Pepsi y Sidral Mundet.[2]
Asimismo Jiménez contaba con espías dentro de las instalaciones.[1] Todos los intentos previos de organización laboral y de sindical fueron frustrados por el contubernio entre Jiménez, el sindicato «charro» de Pascual que a su vez estaba controlado por la CTM y un líder que llevaba 20 años en el cargo, Edmundo Estrada, y la avenencia tácita del gobierno de México.[1] El primer intento de una huelga fue intervenido por la Confederación de Trabajadores y Campesinos (CTC), otra organización sindical charra dedicada a la extorsión tanto de patrones como de trabajadores en la negociación de los contratos de trabajo.[1]
Calle Clavijero en la Colonia Tránsito en donde se ubicó la "Planta Sur" de Pascual Boing.
El movimiento obrero de Pascual Boing estalló luego del anuncio de un paro general de labores en las áreas de mantenimiento de la Planta Norte el 18 de marzo de 1982. Fue provocado por el incumplimiento del dueño Rafael Jiménez en dar los aumentos económicos de emergencia a los salarios y de otorgar el reparto de utilidades. Asimismo se rumoraba al interior de la Planta Norte sobre un recorte de hasta el 75% del personal. El grupo de trabajadores simpatizantes del PMT recibieron la asesoría del líder histórico Demetrio Vallejo previo al estallido del movimiento. En la madrugada del 18 de marzo arribaron a la planta convenciendo a la mayoría de los trabajadores, exceptuando el llamado «personal de confianza» y el equipo administrativo de la empresa, estos últimos con mayores ingresos y prestaciones. La Planta Norte fue cerrada.
Al siguiente día, 19 de marzo, una comisión de Planta Norte realizó la labor de convencimiento en Planta Sur, la más grande de Pascual, en donde pararon 800 de sus 1500 trabajadores. Representantes de STPS acudieron a intentar negociar con los paristas, no encontrando resultados.[1] Inicialmente tanto la STPS como la CTM se mantienen al margen del conflicto. El Sindicato Nacional de la Industria Refresquera —afiliado a la CTM— manifestó su apoyo inicial al paro.[6] De manera simultánea el patrón comenzó una campaña en medios de comunicación para denostar y difamar al movimiento. Jiménez Zamudio afirmó que la huelga está provocada por «agitadores profesionales» de Cuba y Guatemala y aseguró que detrás del paro está la empresa estadounidense Coca-Cola para destruir la principal refresquera mexicana.[1] Trabajadores acudieron a otras empresas refresqueras de Jiménez Zamudio en el estado de Veracruz a llamarlos a unirse al paro, sin éxito. Jiménez Zamudio publicó en medios de comunicación un llamado a presentarse a trabajar al personal de Pascual el 31 de mayo. Ante rumores de posibles rupturas del paro los trabajadores reforzaron la vigilancia en ambas plantas.[1]
Un episodio cambiaría el curso de los hechos. El 31 de mayo de 1982 un grupo de golpeadores, porros y personas armadas con palos, varillas y armas de fuego atacó el plantón de la Planta Sur. Al frente del grupo de choque iban el propio dueño de la empresa, Rafael V. Jiménez, sus pistoleros Francisco y Pomposo Barragán y el líder charro Edmundo Estrada. El dueño era una persona «chapada a la antigua» y pensó podría romper una huelga cómo se hacía históricamente en México.[4] Testimonios recogidos por Paco Ignacio Taibo II coinciden en que Jiménez al lanzar el ataque con un megáfono gritaba «mátenlos a todos».
Las y los trabajadores, unos 800, enfrentaron el ataque encabezado por un camión que fue conducido para romper la puerta de la planta y abrirla. En el choque el trabajador Álvaro Hernández García falleció al ser impactado contra la puerta, siendo rematado por uno de los pistoleros de Jiménez. El grupo de choque y el dueño se refugiaron dentro de la fábrica enmedio de los disparos hacia los trabajadores que resistieron, hecho en el que murió el trabajador Concepción Jacobo García, con un disparo por la espalda. Otros 17 paristas fueron heridos gravemente. La policía de la Ciudad de México y el Cuerpo de Granaderos evacuaron a los golpistas de la fábrica, quedando en resguardo de seguridad privada. Los paristas encabezan marchas a la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México y a la Procuraduría General de la República.[1]
Ante los hechos fueron detenidos 8 golpistas incluidos los pistoleros Francisco y Pomposo Barragán. Rafael V. Jiménez no fue detenido, pese a que en un cateo en su casa se encontraron pruebas de la planificación del choque.[1]
Referencias
12345678910111213Bautista Páez, D. E. (2016). Los patos rebeldes. La Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual: experiencia y conciencia de clase (1982-1985) Tesis de maestría, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Obtenido de https://bindani.izt.uam.mx/concern/tesiuams/sj1391935
↑Arroyo, J. (1992). La política salarial en el modelo neoliberal: 1976-1992. Polis: Investigación y Análisis Sociopolítico y Psicosocial, (92), 31-48. https://revistas-colaboracion.juridicas.unam.mx/index.php/polis/article/view/16600/14862