En la Edad Media Avilés fue un notable puerto comercial. Los productos de su puerto llegaban a Oviedo y de ahí se repartían a otras ciudades de Castilla. En 1085 le fue otorgado el fuero por parte de Alfonso VI, rey de León. El fuero de Avilés le daba categoría de villa de realengo y a lo largo de la Edad Media apoyará siempre a la Corona, a quien pagará los impuestos. La muralla ratificaba la independencia de Avilés con respecto a la nobleza asturiana. El fuero fue posteriormente confirmado por el nieto de Alfonso VI, Alfonso VII de León, en 1155, significando el nacimiento de la ciudad de Avilés en calidad de villa.[2][3]
La muralla fue levantada en el siglo XI (aunque algunas fuentes retrasan su construcción al siglo IX, más improbable), tenía 800 metros de longitud y cercaba un espacio de unos 45.600 m². Contaba con cinco puertas, la llamada del Alcázar (La Ferrería), la Puerta de Cima de Villa (La Fruta), la Puerta de la fuente de La Cámara (San Bernardo), la Puerta de La Mar y la Puerta del Puente. En su fachada exterior se disponían hasta 19 torres de planta cuadrada y semicircular, mientras que la cara interior estaba recorrida por un camino de ronda. Sabugo, el pueblo de pescadores y hoy barrio histórico, estaba situado fuera de la muralla.[4]
Tras el decreto promulgado en 1813 por las Cortes de Cádiz por el que se mandaba eliminar todos los signos de vasallaje, y por el apoyo de la burguesía local a la expansión de la ciudad, la muralla fue derribada, proceso llevado a cabo entre 1818 y 1820. La piedra fue reutilizaba para la construcción de la cárcel (actual Oficina de Turismo), como relleno del muelle y para una carretera.